domingo, 24 de mayo de 2015

QUINCE AÑOS DE LA OCTAVA

El 24 de mayo de 2000 el Real Madrid se impuso 3-0 al Valencia en la Final de París

Qué barbaridad cómo pasa el tiempo. Recordaba hace dos días los treinta años que se cumplían de la consecución de la primera Copa de la UEFA y sí que se hacía obvio que ha pasado ya mucho tiempo de aquello. La infancia ha quedado ya muy atrás. Sin embargo, me parece increíble que hayan pasado ya quince años desde aquel 24 de mayo de 2000 en el que ganamos La Octava. Tengo los recuerdos de aquel día tan frescos en la cabeza que asusta pensar que han transcurrido ya tres lustros.

La Octava Copa de Europa. 32 años habían tenido que transcurrir desde 1966 para que el Real Madrid ganara una Copa de Europa. La Séptima se había hecho esperar más de tres décadas. Y ahí estábamos en el año 2000. Dos temporadas después del 1-0 a la Juventus en Amsterdam volvíamos a plantarnos en la Final. Esta vez, el escenario sería París y el rival el Valencia. La primera Final de la Copa de Europa entre dos equipos del mismo país.

Recuerdo perfectamente que el viernes anterior a la Final, el día 19 de mayo, se jugó la última jornada de Liga. El Deportivo se hizo con el campeonato. ¿Y el Madrid? Pues pusimos la 'guinda' a un mal año liguero perdiendo nuestro último encuentro frente al Valladolid. 0-1 en el Santiago Bernabéu con un 'ex' de la casa, Víctor, ajusticiando al cuadro blanco. Así pues, nos la jugábamos a una carta en París

El sábado día 20 por la noche recuerdo que tuve que tomar un taxi y durante el trayecto pasamos al lado de La Cibeles. "Espero que esto se llene de gente el miércoles", le dije al taxista. "Pues yo espero que no", me soltó de sopetón. Sí. Era del Atleti. 

Los días previos al partido los viví con nervios. Lógico en mí. Pero tengo que confesar que fue algo diferente... La consecución de La Séptima cambió muchas cosas. Sobre todo, nos quitó un peso terrible a los madridistas. La presión no era la misma. Me atrevería a decir que incluso no había presión. 

A ver... Quiero decir... la obligación del Real Madrid es siempre la de salir a ganar. Por supuesto que había presión. Sí. Pero después de 32 años de espera y de tantos tropiezos, el éxito de La Séptima había sido balsámico. Había desaparecido el 'Síndrome del Transworld Sport' del que tanto he hablado aquí en 'Historias del Real Madrid'. Yo, que había llegado a concienciarme a principios de los noventa de que no vería nunca al Real Madrid levantar una Copa de Europa, ya me había quitado esa losa de encima. Sí. Yo ya tenía 'mi' Champions League. Mi padre, a lo largo de toda su vida, sólo le había visto ganar al Barcelona una Copa de Europa. En mayo del año 2000, yo ya había visto a los míos ganar la preciada 'orejona'. Y estaba a punto de ver la segunda...

24 de mayo de 2000

El seguimiento que hicieron los medios de comunicación a la Final de París  evidenciaba el calibre de la cita. Era la fiesta del fútbol español. Dos de nuestros equipos jugándose el trofeo de la máxima competición continental. Las dos aficiones se trasladaron en masa a París para asistir al partido.

Recuerdo que vi el partido solo. Mejor. Así podía gritar, berrear, insultar o celebrar a mi aire. Me tumbé en el sofá delante del televisor. El partido se retransmitía por La Primera, con la narración de José Ángel de la Casa y los comentarios de Míchel. Por aquella época, en los partidos importantes, tenía la costumbre de llevar los auriculares de la radio también puestos, con un volumen más o menos bajo, de tal manera que alternaba las dos narraciones, la de la televisión y la de la radio. A ratos aquello era un lío, pero bueno.

Del partido guardo un grandísimo recuerdo sobre todo porque fue en la que menos sufrí. Había mucho respeto hacia el Valencia de Héctor Cúper, que se había deshecho del Barcelona goleándole 4-1 en la ida de las semifinales e imponiéndose 1-2 en el Nou Camp. En Liga los valencianos habían acabado por delante nuestro. Sin embargo, aquello era la Champions League. Y el Madrid se había crecido en Europa. Tenía cierta esperanza de que podíamos conseguir un nuevo título europeo. Y cuando Fernando Morientes abrió el marcador en la recta final del primer tiempo, las esperanzas aumentaron todavía más.

Vicente Del Bosque había reforzado la zaga jugando con tres hombres en el eje de la defensa. Karanka, Iván Campo y Helguera se encargaron de cubrir la retaguardia de un equipo que había sufrido demasiado y que nos dio muchos disgustos aquel año, llevándose incluso por delante a John Toshack allá por el mes de noviembre. La cosa le salió bien. Al equipo se le vio seguro durante todo el partido. En el centro del campo, Redondo estuvo inconmensurable, como siempre.

Al descanso ganábamos 1-0. Quedaban 45 minutos por delante. Y no se me olvidará nunca el salto que di cuando Steve McManaman enganchó aquel balón para rematar de primeras con una volea que superó a Cañizares. Me encantó aquel gol por su plasticidad, por lo bien que me caía el inglés, por lo bien que estaba jugando... y porque dejaba el triunfo encarrilado. Era el 2-0 en el minuto 67.

El fútbol me había enseñado, a lo largo de los años, a ser cauto y no celebrar los triunfos antes de tiempo. Tras el 2-0 de McManaman quedaban unos 25 minutos para el final del choque y, por supuesto, aún nos podíamos llevar un susto. Pero, con un colchón de dos goles, he de reconocer que aquel final de partido lo disfruté. Sí. Era una Final de la Champions League. Y estábamos ganando. La felicidad que sentía era inmensa. No me lo podía creer. El Madrid había tardado 32 años en volver a ganar una Copa de Europa y, en aquellos momentos, dos años y cuatro días después de La Séptima... ¡podíamos conseguir otra más!

El tercer gol ya sí que fue la leche... El Valencia estaba volcado. No podía hacer otra cosa. Desde dentro del área del Real Madrid, el brasileño Savio despejó el balón con un pase a Raúl, que era el jugador más adelantado pero que estaba aún en campo propio. Raúl no había llegado al círculo central cuando controló el balón y no había ya ningún defensa valencianista delante para frenarle. Sólo Cañizares en la portería. 

Vivir aquella carrera de Raúl, en directo, mientras avanzaba él solo con el balón, fue un momento de tensión increíble. Podía llegar la sentencia. Djukic corría detrás de Raúl. Cañizares le esperó en la portería y a la altura del punto de penalti, más o menos, se lanza al suelo para tratar de arrebatarle el esférico. Pero Raúl le regatea hacia fuera mientras Djukic alcanza la portería. El siete, al haber regateado hacia fuera, se había quedado sin mucho ángulo para disparar. Pero, aún así, encontró el hueco para colar el balón a las redes. El 3-0 y la sentencia... Ya no se nos podía escapar. Era el minuto 75 y, salvo catástrofe, volvíamos a ser Campeones de Europa.

En la recta final, entraron a jugar dos de los veteranos de la plantilla. Manolo Sanchís saltaba al campo para disputar los últimos minutos y Fernando Hierro también se incorporó al terreno de juego.

Aquel día jugamos con la segunda equipación. Con la camiseta negra. Para recoger la Copa, todos los jugadores de la plantilla se colocaron la camiseta blanca encima.

Qué alegría tan inmensa. Qué buen recuerdo de aquel 24 de mayo del 2000. Tal día como hoy de hace quince años, el Real Madrid volvía a escribir una gran página de su historia y nos hacía muy felices a sus aficionados. Imposible olvidarse de aquella noche.

REAL MADRID CF, 3: Iker Casillas, Salgado (Hierro, 84′), Karanka, Heleguera, Iván Campo,  Roberto Carlos, Mcmanaman, Redondo, Raúl, Morientes (Savio, 71′)  y Anelka (Sanchis, 79′).
Entrenador: Vicente del Bosque
VALENCIA CF, 0: Cañizares, Angloma, Djukic, Pellegrino, Gerardo (Ilie, 68′), Mendieta,  Gerard, Farinós, Kily González, Claudio López y Angulo.
Entrenador: Héctor Cuper

GOLES
1-0 min. 39 Morientes
2-0 min. 66 Mc Manaman
3-0 min. 74 Raúl

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