
El jueves 19 de junio de 1986, tal día como hoy de hace treinta años, mi madre me despertó por la mañana para llevarme al colegio y fue entonces cuando me informó de lo que había pasado aquella pasada noche en Querétaro, México. Yo, que todavía era muy pequeño como para que me dejaran quedarme a ver un partido de fútbol a las doce de la noche, me enteré unas cuantas horas después de cómo había quedado la Selección española. No se me olvidará nunca la alegría con la que me contaba lo que había hecho Emilio Butragueño allí al otro lado del Atlántico...

Esos goles de Butragueño fueron celebrados, en plena madrugada, por todos los seguidores españoles que se quedaron a trasnochar en sus casas delante de los televisores. Al menos los adultos. Supongo que también habría muchos críos a los que, como en mi caso, no les perdonaron el tener que marcharse pronto a la cama.
Pese a que el partido se celebró en día laboral, entre semana, y en plena madrugada, un grupo de aficionados no se privó de salir a la calle en Madrid para dirigirse a la fuente de Cibeles y celebrar con la Diosa la victoria de la Selección española. Sí. Efectivamente, aquella madrugada del 18 al 19 de junio de 1986 nació la tradición que acabaría adoptando el Real Madrid de celebrar sus triunfos en la famosa fuente.
Los presentes allí en Cibeles hicieron célebre el cántico "Oa, oa, oa, Butragueño a la Moncloa". La explicación es sencilla. Ese mismo fin de semana, en concreto el domingo 22 de junio 1986, se celebraron elecciones generales en España. De ahí que los aficionados llegaran a pedir la presidencia para el ariete de la Selección. No sé si será cierto o fue una leyenda, pero en algún sitio llegué a leer que algunos lo solicitaron literalmente y que el domingo electoral hubo que anular papeletas en las que se había escrito el nombre de Emilio Butragueño como candidato a la presidencia del Gobierno.

Todas estas simpáticas anécdotas sirven para ilustrar la dimensión que adquirió la figura de Emilio Butragueño a raíz de su partido frente a Dinamarca. Desde que debutara con el primer equipo del Real Madrid el 5 de febrero de 1984 su carrera futbolística había ido cuesta arriba a una velocidad vertiginosa, coincidiendo con la eclosión de la Quinta del Buitre a la que él mismo daba nombre. Los éxitos del Real Madrid en la Copa de la UEFA durante las temporadas 1984-85 y 1985-86 le habían colocado en el escaparate internacional. En Italia suspiraban por su fútbol y la revista Guerin Sportivo le otorgó el prestigioso Trofeo Bravo al mejor jugador europeo menor de 23 años en 1985 y 1986.
El Mundial de 1986 no hizo más que confirmar y certificar el estatus de figura internacional del joven ariete madridista, que llegó a México como flamante Campeón de Liga y Copa de la UEFA con el Real Madrid. Como recordaba ayer, 1986 fue un año magnífico para Butragueño. Además de conseguir su segundo Trofeo Bravo y el Balón de Bronce de France Football, tuvo el privilegio de ser elegido en el once ideal del Mundial y también formó parte de casi todos los onces ideales que publicaciones y organismos deportivos realizaron durante aquel 1986.
La trascendencia que tuvo el partido frente a Dinamarca en la carrera de Butragueño fue brutal. Los cuatro goles fueron cruciales para llevarse la Bota de Plata del Mundial y su papel en México catapultó la fama del delantero del Real Madrid hasta cotas inimaginables. Butragueño se convirtió en todo un auténtico fenómeno social de aquella España de mediados de los ochenta.
Además de buen futbolista, el 'Buitre', como se le apodaba de manera cariñosa, era un jugador carismático y querido. Y también respetado. Supongo que su estilo y, sobre todo, sus formas, le ayudaron mucho. En toda su carrera deportiva no recibió nunca una tarjeta roja. Nunca fue expulsado de un terreno de juego. Nunca un mal gesto, ninguna polémica con nadie... Era todo un caballero dentro del terreno de juego. ¡Era educado hasta celebrando los goles!
Prensa especializada, revistas de fútbol, prensa generalista, periódicos, revistas del corazón… Sin ninguna duda, Emilio Butragueño fue uno de los personajes más populares en España durante la década de los ochenta y principios de los noventa. Guardo muchísimos ejemplares y recortes de toda su trayectoria deportiva y puedo asegurar que el material que se publicó en torno a la figura del Buitre es enorme. El futbolista ocupó muchísimas portadas y muchísimas páginas incluso en la prensa rosa, a pesar de que siempre fue muy reservado con su vida privada.
Los humoristas también se rindieron a su encanto convirtiéndolo en blanco ideal para las imitaciones. Algunos, como Martes y Trece, parodiaban con mucha gracia al jugador incidiendo en sus gestos y en su peculiar tono de hablar, siempre muy pausado y de frases cortas. Sus exquisitos modales y su cara de niño rubio que no había roto un plato le convirtieron en el yerno ideal de aquella época.

La popularidad de Emilio Butragueño fue abrumadora. La publicidad se hizo eco y aprovechó el tirón mediático del futbolista para realizar todo tipo de promociones. El delantero del Real Madrid se convirtió en un icono publicitario de la época. Protagonizó anuncios y campañas para diversos productos y empresas. Le recuerdo, por ejemplo, en anuncios de ropa deportiva Hummel. Butragueño también llegó a dar nombre a juegos de ordenador de la época. ¡Incluso se comercializó un futbolín de juguete con su nombre!
Por supuesto, la imagen de Butragueño también sirvió para promocionar, cómo no, al negocio de su familia. El padre de Butragueño regentaba un comercio de perfumería y editó varias tiradas de postales publicitarias en las que aparecía su hijo como jugador del Real Madrid. Cuando en 1986 la compañía danesa Hummel se convirtió en el proveedor oficial del Real Madrid, las postales siguieron llevando en el reverso la publicidad del negocio de Emilio Butragueño (padre), pero en la fotografía frontal se incluyó también el logotipo de la marca Hummel.

El 'destape'
No me resisto a pasar por alto en esta entrada un capítulo que vivió Butragueño en ese año 1986 en el que se convirtió en una celebridad absoluta de nuestro país. En cierto modo, anécdotas como la siguiente ayudaron lo suyo a que el Buitre estuviera en lo más alto del candelero...

Podría terminar recordando todos sus logros deportivos durante sus doce campañas en el Real Madrid entre las temporadas 1983-84 y 1994-95. Que disputó 463 partidos oficiales con el Madrid y anotó 171 goles. Que ganó 6 Ligas, 2 Copas, 4 Supercopas, 1 Copa de la Liga y 2 Copas de la UEFA. Que fue Pichichi de Primera División en la temporada 1990-91...
Pero no. Hoy me interesaba más recordar el perfil popular y social que adquirió Butragueño y que subió como la espuma a raíz del Mundial de México del que ahora se están cumpliendo treinta años. Admirado, querido y respetado, Butragueño fue el futbolista español más mediático de la década de los ochenta y principios de los noventa. Todo el mundo hablaba de Butragueño. Los niños, en la calle, queríamos jugar como Butragueño... Sin duda, un ídolo perfecto para una época que, tres décadas después, sigo recordando con tanto cariño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario