miércoles, 7 de junio de 2017

EL TRAUMA DE TENERIFE

Tal día como hoy de hace veinticinco años el Real Madrid perdía la Liga 1991-92

Para mí ha sido el peor momento que he vivido como seguidor del Real Madrid en toda mi vida. El peor, sin ninguna duda. Lo que sucedió tal día como hoy de hace veinticinco años en Tenerife me marcó como aficionado al fútbol. Para mí es una fecha negra que no voy a olvidar nunca. El domingo 7 de junio de 1992.

Aquel día se puso fin a la temporada 1991-92. Todo un año de trabajo para conocer al nuevo Campeón de Liga. Y el Real Madrid partía como líder. El equipo de Leo Beenhakker visitaba en aquella última jornada liguera al Tenerife en el Heliodoro Rodríguez-López. El equipo contaba con 54 puntos. Uno menos, 53, tenía el Barcelona, que jugaba en casa frente al Athletic Club de Bilbao. ¿Cuántas jornadas llevábamos siendo líderes? Pues daba igual. Tocaba jugársela. Había que ganar para asegurar la Liga. Para ser Campeones. Y perdimos... Perdimos. Fue nadar para ahogarse en la orilla. Echar por tierra el trabajo de todos los meses anteriores...

Una mala tarde...

Lo más curioso de este partido, en mi caso, es que... no lo vi en directo. La verdad es que hasta yo mismo me sorprendo ahora recordándolo. Pero no, no lo vi en directo. El partido se emitió por Canal Plus. Real Madrid y Barcelona jugaban a la misma hora, a las 19.00 horas, y el canal de pago ofreció una retransmisión en la que prestaban atención a los dos partidos. En mi casa no había descodificador. 

Aquella tarde de domingo de primeros de junio de 1992 la pasé en la calle, jugando con los amigos del barrio. Pero a la hora de empezar el partido subí a mi casa para merendar y para seguir el encuentro por la radio. Recuerdo que viví aquella jornada sin el menor temor y estando totalmente seguro de que seríamos campeones. Agarré el bocadillo y me senté en una pequeña silla de madera que teníamos a la izquierda de la cocina. Curiosamente, la misma silla en la que me senté siendo un pequeñajo para ver el primer partido de fútbol del que conservo recuerdos, el España-Malta de 1983. Y allí sentado me puse a merendar y a escuchar la radio.

La retransmisión no podía ir dejando mejores noticias... Tardamos sólo ocho minutos en ver portería. ¡Gol del Real Madrid! ¡Gol de Hierro! Y yo, todo contento... Ahora sí que sí, ya éramos Campeones. ¡Campeones de Liga 1991-92! Ya daba igual lo que pasara en Barcelona. El Real Madrid dependía de sí mismo y si ganaba el partido era Campeón. Y ya estábamos 0-1. Pero es que encima volvimos a marcar. Justo antes de alcanzarse la media hora Gica Hagi realizaba un lanzamiento directo de falta y anotaba gol. ¡Gol del Real Madrid! ¡Gol de Hagi! 0-2. Pfffff... Aquello ya no se escapaba. Eran dos goles de diferencia... Aunque marcase el Tenerife, seguiríamos ganando el partido y nos valía. Y, efectivamente, marcó el Tenerife, que redujo distancias algunos minutos después...

Aun así, llegamos al descanso ganando 1-2. El triunfo nos valía para ser Campeones. Y aquí, en este punto, llega lo más alucinante de esta particular Historia de cómo viví aquella jornada de 'lo de Tenerife'. Estábamos ganando 1-2 y ya me había ventilado el bocadillo, claro... Así que como había terminado la merienda y estábamos ganando 1-2, es decir, ya éramos Campeones de Liga 1991-92... ¡apagué la radio y me bajé a la calle de nuevo para jugar! 

Sí, sí... Lo juro. No vi y no escuché en directo la segunda parte del Tenerife-Real Madrid. Con mis santos huevos me bajé a la calle dando por hecho que el Real Madrid era Campeón de Liga... Increíble. Cosas de críos. Por mi cabeza no pasaba la posibilidad de que pasara lo que pasó. Pero es que ni remotamente...

Así que bajé a la calle con algunos de los amigos que pasaban de lo que estaba sucediendo en la Liga y no supe nada de lo que estaba pasando en Tenerife... El gol en propia puerta de Rocha, la estrambótica cesión de Sanchís a Buyo, el gol de Pier, la expulsión de Villarroya... Perdimos el partido 3-2. En Barcelona no hubo sorpresas. Los azulgranas ganaron 2-0 al Athletic Club... 

En cierta forma, he de reconocer que me ahorré el disgusto de vivir aquella 'película de terror' en directo. Pero claro, me iba a enterar de golpe y sopetón, así que... Pocos minutos después de aquella debacle en las islas, bajó a la calle otro de mis amigos, también madridista. Éste sí que había seguido en directo la segunda parte. Y fue él quien me comunicó lo que había pasado. No se me olvidará en la puta vida aquel momento. Fue delante del portal, a la misma puerta. Salió, me miró a la cara y...

-¿Quién ha ganado la Liga? -me preguntó irónicamente, medio riéndose por no llorar.
-El Real Madrid... -contesté... con la mosca detrás de la oreja por la forma en la que me lo había preguntado... Había percibido un incómodo tono...
-¡El Barcelona!

De verdad... Es que sé que va a sonar exagerado. Pero juro que recuerdo aquel momento como un mazazo brutal. ¡Brutal! Yo había sido desde niño un aficionado del Real Madrid. Y desde aquel preciso instante, en el portal de mi casa, me convertí en otro aficionado distinto. El fútbol cambió para mí en aquel instante. En aquel preciso instante. Antes vivía el fútbol de una manera. Después de aquello lo viví de otra forma totalmente diferente.

No me lo podía creer. Es que no me lo podía creer. No me lo podía creer. ¡Pero si ganábamos 1-2 al descanso! ¿Pero qué había pasado? ¿Cómo que habíamos perdido? ¿Cómo que habíamos perdido la Liga? Pues sí. Pasó lo que pasó. Que en el fútbol los partidos duran noventa minutos, no cuarenta y cinco. Y que hasta el rabo todo es toro. Y yo qué sé la cantidad de tópicos y refranes a los que podía ahora aludir... Pues sí. Mi vecino empezó a contarme lo que había pasado... Pues eso... El gol en propia puerta, lo de Sanchís y Buyo... Todo. Todo lo que había pasado. Es que me vine abajo. No podía hablar. Me quedé muerto...

Recuerdo que pocos minutos después, una vez que nos juntamos otra vez todos los de la cuadrilla, nos dirigimos a jugar unas partidas a la máquina recreativa. Sí, al mismo bar en el que había visto el Real Madrid-Atlético tres semanas antes. En el mismo bar en el que había terminado tan feliz tres jornadas antes con el triunfo en el derbi... Ahora la situación era totalmente opuesta. Yo estaba destrozado. En el mismo televisor en el que había visto los goles de Luis Enrique, Butragueño y Maqueda me tocó ver las imágenes postpartido de Canal Plus... Las celebraciones del Barcelona, las entrevistas, los goles del Nou Camp y del Heliodoro Rodríguez-López, las caras desencajadas de los jugadores del Madrid, los gestos del banquillo de Leo Beenhakker mientras veían que todo se derrumbaba y se venía abajo... Yo trataba de asimilar lo que estaba viendo, pero no podía. No podía creer que hubiésemos perdido la Liga...

Llegó la hora de volver a casa. Yo seguía con una decepción terrible encima... Pocos minutos después de entrar llegó mi padre, que había ido al bar a ver el partido. Él, claro, estaba al revés que yo. Eufórico. Habían ganado la Liga. Y empezó el cachondeo... Conociendo a mi padre, sé que no había ninguna mala fe. Pero claro, entre el disgusto que tenía encima y las burlas... pues ya me terminé de venir abajo del todo. Recuerdo que cogí, me fui al cuarto de baño, me encerré y me puse a llorar. Era la primera vez en mi vida que lloraba por un partido de fútbol. La primera y la única. No me volvió a pasar. Pero el disgusto que me llevé aquel 7 de junio de 1992 fue gordísimo.

Era un crío todavía... Y aquello fue un palo muy gordo. Sobre todo porque habíamos sido líderes desde hacía meses. Nos pusimos en cabeza en la quinta jornada. En la sexta caímos a la segunda posición. Pero en la séptima nos volvimos a encaramar a lo más alto de la tabla... Y allí estuvimos hasta el último partido. Líderes desde octubre... Octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo, abril, mayo... Y todo el trabajo y esfuerzo de toda la temporada se fue al traste en el último partido... Qué decepción más gorda...

Aquello me cambió como aficionado al fútbol. Aquel día descubrí lo cruda que es la realidad del deporte cuando se pierde. Desde aquel día empecé a ser consciente de lo duro que era perder... Empecé a entender lo de Eindhoven, lo de las derrotas con el Milán, la frustración de los 'mayores' cuando hablaban de la Copa de Europa... En el fútbol no todo eran satisfacciones. El equipo me tenía mal acostumbrado con aquellas cinco Ligas que habían caído del tirón en la segunda mitad de los ochenta. 

Ya no volví a ver el fútbol igual. Por eso insistía hace tres semanas en que aquel Real Madrid-Atlético de la temporada 1991-92 fue el último gran partido de mi infancia. Porque, después, las cosas ya no volvieron a ser iguales. Hasta tal punto fue tan trascendental aquel tropiezo en Tenerife que al día siguiente, lunes 8 de junio de 1992, me compré el diario Marca por primera vez. Fue el primer periódico que compré en mi vida, con dinero de mi propio bolsillo, de la paga. Fue como dar un gran paso... Ya era como los 'mayores'. Me compraba el periódico... No sé por qué lo hice... No sé qué trataba de buscar... Quizás tenía la absurda esperanza de que todo hubiese sido un mal sueño y en aquel periódico me contaran que el Real Madrid había sido Campeón. Pero no. La realidad era la realidad. ¡Bravo Barça! Titulaba en grande la primera página del Marca sobre un escudo del Barcelona.

Aquel 8 de junio de 1992 yo ya era otro aficionado diferente. Nada que ver con el crío que disfrutaba con el Real Madrid, que se alegraba con los triunfos pero que no le daba importancia a las derrotas. Allí estaba yo leyendo la crónica y los comentarios del Marca. Me parecía hasta cruel leer ciertas cosas... "El Real Madrid se hundió en su mediocridad y demostró, una vez más, que le falta carácter para ser campeón". Tenía la sensación de que se echaba por los suelos a los jugadores del equipo blanco. A muchos de mis ídolos de infancia. "Este Real Madrid es una auténtica ruina". Por la noche, con El Día Después de Canal Plus, llegaron aquellas imágenes que tanto me impactaron de Ricardo Rocha llorando en el aeropuerto mientras Leo Beenhakker trataba de consolarle... Rocha había llorado igual que yo lo había hecho encerrado en el cuarto de baño.

No he vuelto a llorar nunca por el fútbol. Sólo lo hice aquel día. Y no fue porque no me llevara más disgustos... Sólo un año más tarde, en la última jornada de la temporada 1992-93, volvimos a perder la Liga en Tenerife. Increíble. ¡Increíble! Otra vez... Otra vez... Dos veces seguidas. Los años noventa fueron durísimos para los aficionados del Real Madrid. Eliminaciones en Copa del Rey, eliminaciones europeas... El PSG, la eliminación con el Odense, la temporada 1995-96... Me volví muy negativo con el fútbol. Desarrollé una teoría que ya expuse en su día aquí en 'Historias del Real Madrid', la del Síndrome del Transworld Sport, según la cual casi todos los equipos, sobre todo los extranjeros, eran mejores que el Real Madrid.

Toda aquella visión negativa sobre el fútbol tenía su origen en lo que había pasado el 7 de junio de 1992 en TenerifeAquel disgusto tan grande me hizo ser muy cauto y pesimista con este deporte. Pero también me hizo madurar y entender lo difícil que es el triunfo y la victoria. Y eso me ha permitido, a lo largo de este cuarto de siglo, valorar, sí, VALORAR de verdad los logros y los triunfos. Ser consciente de lo complicado que es alcanzar el triunfo y recrearme más en las victorias. Los buenos momentos se disfrutan mucho más cuando has vivido los malos. Y aquel tropiezo en Tenerife, tal día como hoy de hace veinticinco años, fue sin duda el más duro que he vivido como aficionado del Real Madrid.

4 comentarios:

  1. Yo no llore ese año, pero si el siguiente. Igual que tu me encerré en el baño a llorar y fue mi padre a consolarle. Siempre pensé que hay dos clases de madridistas, los que vivimos tenerife en la infancia y adolescencia y los demás, aquello marco muchísimo mientras que los mas mayores y los que han nacido después crecieron viendo al Madrid ganando finales europeas.

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    1. Estoy de acuerdo. Los que vivimos Tenerife siendo niños o adolescentes lo pasamos muy mal con todo aquello. Creo que, de alguna manera, nos dejó marcados. En mi caso, desde luego, lo tengo clarísimo.

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  2. Lo peor de las Ligas de Tenerife fue que no llegaron solas. El Madrid ha perdido tan solo 4 Ligas en la última jornada en toda su historia, y tres de ellas fueron en la misma década. Pocos recuerdan aquella en Mestalla en el 83, la primera "final" perdida de aquel equipo de Di Stefano.

    Para la segunda de Tenerife yo recuerdo una sensación de impotencia monumental con las Ligas. Había podido vivir las 5 de la Quinta, claro, y aún recordaba algo de aquella del 80 el año que se ganó también la final de Copa al Castilla, pero en el camino, además de haber perdido tres Ligas en la última jornada cuando el equipo dependía de sí mismo, tenía también en el recuerdo otras tres Ligas (las dos de la Real Sociedad y la segunda del Athletic) en las que el Madrid llegó con toda la esperanza del mundo de que el lider pinchara y el Madrid le arrebatara el título, y nunca ocurrió.

    Cada vez que mi Madrid llegaba a la última jornada dependiendo de sí mismo, la perdía, y cada vez que era otro el que lo hacía no había suerte para nosotros. Fuera el Barcelona, Athletic, Real...no había suerte para nosotros.

    A todo ello también había perdido la esperanza con la Copa de Europa (aquella con los García fue una puñalada en el alma), y también estaba seguro de que no lograríamos otro título europeo a único partido (la UEFA a doble encuentro era "extraña" de cara a la final, y la Recopa la teníamos maldita. De echo llegó la Septima, pero nunca la Recopa).

    Además se sumaron las tres finales de Copa y Copa de la Liga perdidas frente a Barcelona, la de Copa en el Bernabeu frente al Atlético..

    Mucha gente recuerda con cariño esos años ochenta-principios de los 90, pero para mi fueron un dolor constante. La Quinta fue un gran lustro sí, pero 5 de 15 años no arreglan todo.

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    1. La verdad es que te comprendo. En mi caso, por razones de edad, no conservo ningún recuerdo de la temporada 1982-83, la de las cinco finales perdidas con Di Stéfano de entrenador. Para mí el fútbol 'empezó' en la siguiente campaña, 1983-84.

      Viví de lleno la época de las cinco ligas de la Quinta del Buitre. Pero sí que recuerdo como un martirio todo lo que vino después. Sobre todo la década de los noventa y, concretamente, aquellos primeros años noventa.

      Las dos ligas de Tenerife, desde mi punto de vista, marcaron una tendencia negativa en el Club, sobre todo a nivel de títulos nacionales. Después de 1990, en los últimos 27 años sólo hemos ganado 8 Ligas y 3 Copas del Rey, lo cual creo que es un balance pobre. Y para mí, todo arranca con aquellas dos ligas perdidas en Tenerife.

      Afortunadamente, en Europa la cosa nos ha ido mucho mejor.

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