miércoles, 1 de abril de 2015

ENTRENADORES DE LAS TREINTA ÚLTIMAS TEMPORADAS

Los técnicos que han pasado por el Real Madrid

A continuación, recojo el listado de técnicos que ha tenido el conjunto blanco durante las tres últimas décadas.

TEMPORADA 1985-86

Luis Molowny.

TEMPORADA 1986-87

Leo Beenhakker.

TEMPORADA 1987-88

Leo Beenhakker.

TEMPORADA 1988-89

Leo Beenhakker.

TEMPORADA 1989-90

John Benjamin Toshack.

TEMPORADA 1990-91

John Benjamin Toshack.

Alfredo Di Stefano.

Radomir Antic.

TEMPORADA 1991-92

Radomir Antic.

Leo Beenhakker.

TEMPORADA 1992-93

Benito Floro.

TEMPORADA 1993-94

Benito Floro.

Vicente Del Bosque.

TEMPORADA 1994-95

Jorge Valdano.

TEMPORADA 1995-96

Jorge Valdano.

Vicente Del Bosque.

Arsenio Iglesias.

TEMPORADA 1996-97

Fabio Capello.

TEMPORADA 1997-98

Jupp Heynckes.

TEMPORADA 1998-99

Guus Hiddink .

John Benjamin Toshack.

TEMPORADA 1999-00

John Benjamin Toshack.

Vicente Del Bosque.

TEMPORADA 2000-01

Vicente Del Bosque.

TEMPORADA 2001-02

Vicente Del Bosque.

TEMPORADA 2002-03

Vicente Del Bosque.

TEMPORADA 2003-04

Carlos Queiroz.

TEMPORADA 2004-05

José Antonio Camacho.

Mariano García Remón.

Vanderlei Luxemburgo.

TEMPORADA 2005-06

Vanderlei Luxemburgo.

Juan Ramón López Caro.

TEMPORADA 2006-07

Fabio Capello.

TEMPORADA 2007-08

Bernd Schuster.

TEMPORADA 2008-09

Bernd Schuster.

Juande Ramos.

TEMPORADA 2009-10

Manuel Pellegrini.

TEMPORADA 2010-11

Jose Mourinho.

TEMPORADA 2011-12

Jose Mourinho.

TEMPORADA 2012-13

Jose Mourinho.

TEMPORADA 2013-14

Carlo Ancelotti.

TEMPORADA 2014-15

Carlo Ancelotti.

domingo, 29 de marzo de 2015

CESES DEL REAL MADRID EN EL ÚLTIMO CUARTO DE SIGLO

Entrenadores destituidos a mitad de campaña desde 1990

A continuación, recojo el listado de los entrenadores que han sido cesados de su cargo durante una temporada en curso a lo largo de los últimos veinticinco años. Como se puede comprobar, en contadas ocasiones sirvió para algo.

TEMPORADA 1990-91

John Benjamin Toshack

Le sustituye: Alfredo Di Stefano.

Resultado: Se gana la Supercopa al Barcelona, pero en Liga el equipo sigue sin carburar y el técnico pone su cargo a disposición del club sin acabar la temporada.

Alfredo Di Stefano

Le sustituye: Radomir Antic.

Resultado: Antic termina bien la temporada y el equipo remonta de la séptima posición a la tercera clasificándose para la Copa de la UEFA.

TEMPORADA 1991-92

Radomir Antic

Le sustituye: Leo Beenhakker.

Resultado: Pésima segunda vuelta del equipo, que cae en todas las competiciones. Ningún título a las vitrinas.

TEMPORADA 1993-94

Benito Floro

Le sustituye: Vicente Del Bosque.

Resultado: Cuarto clasificado en Liga. Mala temporada. El equipo sólo se adjudica la Supercopa y lo hizo con Benito Floro todavía en el banquillo.

TEMPORADA 1995-96

Jorge Valdano

Le sustituye: Arsenio Iglesias.

Resultado: El equipo concluye en la sexta posición liguera y queda fuera de Europa por segunda vez en la historia. Ningún título.

TEMPORADA 1998-99

Guus Hiddink

Le sustituye: John Benjamin Toshack.

Resultado: Hiddink ganó la Copa Intercontinental pero en Liga las cosas no marcharon lo bien que se esperaba. Con Toshack el equipo acaba segundo en Liga. Ningún título con el galés en el banquillo.

TEMPORADA 1999-00

John Benjamin Toshack

Le sustituye: Vicente Del Bosque.

Resultado: Vicente Del Bosque gana la Champions League. Es la excepción a la regla y el único relevo en el banquillo cuyo desenlace puede considerarse positivo. No obstante, en Liga el equipo acaba en quinta posición. Los resultados fueron muy irregulares. 

TEMPORADA 2004-05

José Antonio Camacho - (Presentó su dimisión)

Le sustituye: Mariano García Remón.

Resultado: Camacho presenta su dimisión tras sólo tres partidos en el banquillo. No puede hacerse valoración. Le sustituye Mariano García Remón desde la cuarta jornada de Liga. Pero tampoco acaba la temporada.

Mariano García Remón

 Le sustituye: Vanderlei Luxemburgo.

Resultado: Con el brasileño, el Real Madrid acaba segundo en Liga. No hay títulos esa temporada.

TEMPORADA 2005-06

Vanderlei Luxemburgo

Le sustituye: Juan Ramón López Caro.

Resultado: Segundos en Liga. Tampoco hay títulos esa temporada.

TEMPORADA 2008-09

Bernd Schuster

Le sustituye: Juande Ramos.

Resultado: Aunque el equipo encadenó diez triunfos consecutivos en Liga, pesaron mucho las derrotas frente al Barcelona y frente al Liverpool en Champions League. El equipo acaba segundo en Liga y el único título de aquella temporada, la Supercopa, se ganó con Bernd Schuster en el banquillo.

Conclusión

Como ya he manifestado en las anteriores dos entradas de 'Historias del Real Madrid', rara vez los cambios en el banquillo mediada la temporada sirven para algo. Los que juegan al fútbol son los jugadores. Generalmente, hay una relación muy directa entre la calidad y el rendimiento de los jugadores y los resultados deportivos.

Por supuesto, el rendimiento de los jugadores, su preparación, su motivación y su predisposición dependen de una buena dirección técnica desde el banquillo y en los entrenamientos. El buen trabajo de un entrenador es fundamental.

Sin embargo, salvo casos extremos y flagrantes, está visto que lo mejor es dejar trabajar a un técnico hasta final de temporada. Después, si se quieren tomar medidas y adoptar cambios, el club debe decidir lo que considere pertinente.

Pero los relevos mediada una campaña, no suelen servir para mucho. A las pruebas me remito.

sábado, 28 de marzo de 2015

EL CESE DE RADOMIR ANTIC

En la temporada 1991-92, el Real Madrid destituyó a su técnico con el equipo líder

Ramón Mendoza, QEPD, hizo muchas cosas buenas en el Real Madrid. Pero también protagonizó la metedura de pata más grande a nivel deportivo que yo le recuerdo a un dirigente del Real Madrid. El lunes 27 de enero de 1992 fue cesado Radomir Antic como entrenador cuando el equipo era líder y se acababa de proclamar Campeón de Invierno de aquella Liga 1991-92.

Yo, que entonces todavía seguía siendo un crío que daba sus primeros pasos por la adolescencia, no entendía mucho aquello. Pero, con el tiempo, me llegué a convencer de que fue un error histórico que, en cierta medida, seguimos arrastrando más de dos décadas después.

Radomir Antic nació el 22 de noviembre de 1948 en Zitiste, Serbia. Jugó como defensa en Yugoslavia y Turquía antes de recalar en el fútbol español dos temporadas en las filas del Zaragoza. Con los maños disputó dos campañas, 1978-79 y 1979-80. En 1980 cambió de aires y fichó por el Luton Town inglés. Con el cuadro británico disputó cuatro campañas antes de retirarse en el año 1984.

Inició su carrera como entrenador muy poco después. En la temporada 1985-86 se puso a los mandos del Partizan de Belgrado, club en el que había militado como jugador. Estuvo tres ejercicios en el banquillo de la escuadra de la capital yugoslava. En 1988 regresó a España para dirigir al equipo en el que también había militado como jugador. En el Real Zaragoza estuvo dos años sentado en el banquillo junto a su segundo, un jovencísimo Víctor Fernández. En su primera campaña al frente del equipo maño consiguió la clasificación para disputar la Copa de la UEFA. Al término de la campaña 1989-90 dejó el cargo.

El banquillo blanco

La temporada 1990-91, como ya he apuntado muchas veces, significó el fin de la brillante etapa de las cinco Ligas consecutivas de la Quinta del Buitre. En el mes de noviembre de 1990, John Benjamin Toshack fue destituido como entrenador del Real Madrid. Le sustituyó el tándem formado por Alfredo Di Stéfano y José Antonio Camacho. Con Di Stéfano, el Real Madrid le ganó la Supercopa al Barcelona, y en un principio parecía que el equipo remontaría el vuelo. Pero no fue así. A principios del año 1991 ya se veía que las cosas seguían mal. Don Alfredo puso su cargo a disposición del club y el 22 de marzo del 91 se oficializó el relevo con la llegada de Radomir Antic.

Antic, que llevaba unos meses sin equipo desde su salida del Zaragoza al término de la campaña 1989-90, llegó al Real Madrid de manera provisional y, en principio, sólo hasta finalizarse aquella temporada 1990-91. El objetivo era el de clasificar al equipo para Europa, cosa que no parecía fácil en aquellos momentos. El equipo era séptimo en la tabla.

Pero lo consiguió. Radomir Antic logró enderezar el rumbo de la nave y completó un más que digno final de campaña llevando al Real Madrid hasta la tercera posición y clasificando al equipo para la UEFA.

Entrenador 1991-92

En medio de aquella convulsa temporada 1990-91, mientras el Real Madrid trataba de solucionar sus muchos problemas sobre el terreno de juego, en el Club se vivió un proceso electoral en el que Ramón Mendoza volvió a ser reelegido como presidente. Durante aquella etapa, Mendoza había sondeado el fichaje del italiano Arrigo Sacchi y había llegado a un acuerdo con el ex seleccionador colombiano Pacho Maturana, que en aquellos días entrenaba al Valladolid.

Tras vencer en las elecciones y renovar su mandato, Ramón Mendoza se encontró con la difícil papeleta de la elección del entrenador para la campaña 1991-92. Radomir Antic lo había hecho muy bien los meses en los que estuvo al frente del equipo. Al técnico yugoslavo se le ofreció un cargo técnico en el organigrama del Club, pero Antic quería entrenar. Los jugadores hablaban maravillas del técnico... 

Reuniones, informes técnicos, juntas directivas... El caso es que en junio de 1991 se ratificó a Radomir Antic como entrenador del primer equipo del Real Madrid. "Me he ganado la continuidad", señalaba Antic en una entrevista al semanal As Color. El yugoslavo tenía un año más de contrato para empezar la temporada con el contador a cero.

La temporada 1991-92 empezó francamente bien. Los resultados eran excelentes y recuerdo que, después de una campaña tumultuosa, volví a disfrutar con los triunfos del equipo. Otra vez, volvíamos a ser la apisonadora a la que el Real Madrid me había acostumbrado durante aquellos felices años de mi infancia. Llegamos a tener ocho puntos de ventaja sobre el Barcelona. En aquellos tiempos, la victoria otorgaba dos puntos en la clasificación, no tres como ahora. Todo marchaba bien.

O al menos, eso creía...

Recuerdo perfectamente que fue aquella maldita temporada 1991-92 la primera de mi vida en la que empecé a escuchar una cantinela que, en cierto modo, he acabado detestando. No basta ganar. Hay que jugar bien. Hay que jugar bien. ¿Jugar bien? ¿Qué querían decir los mayores con aquello de que había que jugar bien? Mejor dicho... ¿a qué se referían en los medios de comunicación con aquello de que había que jugar bien?

Yo, la verdad, veía bien al Madrid. Me sentaba delante de la televisión y veía a Buyo detener los balones, a Rocha quitándole el balón a los contrarios con una contundencia y eficacia que pocas veces había visto en un defensa central, a Hierro metiendo goles como churros en la nueva posición adelantada en la que le había colocado Antic, a Michel centrando balones como siempre, a Butragueño haciendo de las suyas en el área, a Hagi aportando goles y golazos... Yo les veía enchufadísimos a todos...

Pero resulta que no. En la televisión y en la radio, los entendidos decían que jugábamos muy mal. Que aburríamos... ¡Que aburríamos! Yo, la verdad es que no me aburría. Mi padre, para echar más leña al fuego, insistía en que no jugábamos nada bien. Que ganábamos, pero que nuestro juego era un muermo en comparación con su Barcelona. "¿Sí?. Pues vais ocho puntos por detrás nuestro", le contestaba yo. La verdad, no entendía nada. O quizás estaba empezando a entender algunas cosas...

Presión mediática

Por aquellos tiempos, la radio nocturna tenía un nombre. José María García. Desde la desaparecida Antena 3 Radio, el periodista radiofónico era líder absoluto de su franja horaria congregando a cientos y cientos de miles de oyentes cada noche. Precisamente aquella temporada 1991-92, por mediación de un amigo de infancia, descubrí el programa de cine 'Polvo de Estrellas', que presentaba Carlos Pumares. El programa de Pumares empezaba después del de García. Pero García no tenía un horario fijo. Su programa terminaba cuando a él le daba la gana. Así que, para escuchar a Pumares, tenía que escuchar a García. 

Bueno. Resulta que José María García no podía ver ni en pintura a Radomir Antic. Le machacaba noche tras noche. ¿El motivo? Ni idea. Pero soltaba de todo por su boca sobre el entonces técnico del Real Madrid. García, además, estaba enfrentado con las 'trillizas', como él llamaba a Butragueño, Míchel y Sanchís. El núcleo de la Quinta del Buitre, además, siempre tuvo palabras de cariño y apoyo hacia Antic. Quizás una cosa llevaba a la otra...

Sólo podía escuchar aquellos programas los viernes o cuando no tenía clase al día siguiente. Pero era suficiente para empezar a ver cómo se las gastaba aquel periodista con quienes no se llevaba bien o no le 'bailaban el agua'. No tengo ninguna intención de reproducir aquí ninguno de los calificativos que recibían los madridistas en aquel programa. Noche tras noche, eran machacados por el periodista, que se ensañaba también con Ramón Mendoza.

Supongo que si a la gente le empiezas a decir todos los días que el equipo juega mal y que Antic no era un entrenador para el Real Madrid, pues al final te acabas contagiando. O quizás era cierto que el equipo no practicaba un juego brillante y yo, debido a mi corta edad, no lo percibía. 

El ambiente se fue enrareciendo y, pese a completar una primera vuelta casi de sobresaliente, el 26 de enero de 1992 se escucharon pitos en el Bernabéu en un encuentro en el que ganamos 2-1 al Tenerife. Precisamente al Tenerife... Los pitos de la gente también fueron contra el palco. Y al día siguiente...

Antic, cesado

No lo entendí. Yo era un crío y no lo entendí. Pero, 23 años después, sigo sin entenderlo. El Real Madrid era líder con tres puntos de diferencia sobre el Barcelona, segundo. Catorce victorias, tres empates y sólo dos derrotas. Campeones de Invierno. El equipo vivo en las tres competiciones que disputaba. Líder en Liga, cuartofinalista en Copa y cuartofinalista en Copa de la UEFA. Estábamos a mitad de temporada, en el mes de enero. Justo en el ecuador de la Liga... Y Ramón Mendoza y su junta directiva tomaron la decisión de cesar al entrenador.

Se mire como se mire, aquello fue un disparate. Un auténtico disparate. 

En el entorno futbolístico, los profesionales no daban crédito a lo que hacía el Real Madrid. Los futbolistas blancos se mostraron dolidos. Todos tenían buenas palabras hacia Antic y se mostraron críticos con una decisión que consideraban "injusta". 

38 encuentros oficiales dirigió Radomir Antic como entrenador del Madrid en los diez meses que permaneció en la entidad, entre marzo de 1991 y enero de 1992. El balance fue de 27 triunfos, 5 empates y 6 derrotas. Si contamos sólo los partidos de Liga, fueron 22 victorias, 4 tablas y 4 derrotas. Y si nos ceñimos a la temporada en curso del momento de su destitución, los datos son demoledores: 14 triunfos, 3 empates y sólo 2 derrotas en 19 partidos.

El sustituto del yugoslavo sería el holandés Leo Beenhakker, que había entrenado al Madrid entre 1986-87 y 1988-89 y que había regresado al Santiago Bernabéu a principios de octubre de 1991 en calidad de director técnico. Sí. En octubre de 1991. Es decir, aquella misma temporada 1991-92, y con la Liga ya empezada, en una maniobra que muchos interpretaron, seguramente con acierto, como una 'espada de Damocles' pendiendo sobre el cuello de Antic. Se cambiaron los papeles. Radomir Antic aceptó seguir en el Club hasta final de campaña como manager general y Leo Beenhakker se hacía cargo del equipo desde el banquillo.

¿Por qué?

El cese de Radomir Antic se justificó esgrimiendo la poca brillantez del juego desplegado por el equipo. No bastaba con ganar. Había que dar espectáculo. El propio Beenhakker, en su rueda de prensa como nuevo entrenador, respaldó que llegaba para practicar un fútbol más ofensivo. La palabra "espectáculo" se escuchó mucho en aquella comparecencia ante los medios del martes 28 de enero de 1992.

Y, desde luego, dimos espectáculo. Mucho espectáculo. Pero no del esperado...

El primer partido de la segunda etapa de Beenhakker como entrenador blanco fue un Real Madrid-Cádiz en el Santiago Bernabéu... en el que llegó el primer tropiezo. Empate 1-1. Pero ahora, como José María García decía desde la radio, en el banquillo del Real Madrid había "un entrenador de verdad".

Recuerdo con cariño a Leo Beenhakker por su extraordinaria primera etapa en el Real Madrid. En tres años encadenó tres Ligas consecutivas con la Quinta del Buitre en todo su esplendor y en la campaña 1988-89 logró ganar Liga, Copa y Supercopa. Sin embargo, la segunda etapa fue un suplicio. Aquel empate con el Cádiz sólo fue un anticipo de lo que nos esperaba... 

En aquella segunda vuelta de la Liga 1991-92, recuerdo que, por primera vez en mi vida, empecé a sufrir con el fútbol. Las derrotas, que fueron varias, empezaron a ser cada vez más dolorosas. Fue entonces cuando empecé a sufrir el Síndrome del Transworld Sport. Ganar era lo de menos. Había que jugar bien. Había que dar espectáculo. Y el espectáculo del bueno siempre lo daban otros. Nosotros, dábamos espectáculo... de otro tipo.  

Final horrible

Al empate con el Cádiz le siguió... una derrota en el campo del Valladolid. Goleamos al Athletic de Bilbao... Pero después volvimos a perder. Esta vez con el Sevilla. Aquello no me convencía nada. ¿Espectáculo? ¿Jugar bien? ¡Yo lo que quería era que mi equipo ganara! Y tras el cese de Antic, el equipo, según los entendidos, seguía sin jugar bien... y encima perdíamos. Un cambio cojonudo, con perdón.

Aquello fue un desastre. La ventaja en Liga se fue dilapidando. El equipo unos días ganaba con muchos goles y al siguiente volvía a tropezar. En abril caímos en semifinales de la Copa de la UEFA con el Torino de Martín Vázquez. Y en Liga... 

La Liga la perdimos en la última jornada. Después de haber llegado a disponer de ocho puntos de ventaja con el Barcelona en los primeros meses de la competición nos plantamos en el mes de junio con un solo punto de margen. Nos tocaba jugárnosla en el Heliodoro Rodríguez López con el Tenerife de Jorge Valdano. El Barcelona jugaba en su casa con el Athletic de Bilbao. Necesitaban nuestro tropiezo para llevarse la Liga.

Bueno. No quiero recordar aquel partido. Pero sí que tengo que reconocer que aquel 7 de junio de 1992 lloré. No pude soportar las burlas de mi padre. Sé que no lo hacía con mala intención. Pero aquello fue muy duro. Me encerré en el baño y lloré como lo que era. Un niño. Nunca había llorado por el fútbol. Yo disfrutaba viendo el fútbol y siguiendo al Real Madrid. Ni siquiera sufrí cuando el Milan nos eliminaba de la Copa de Europa. Ni el día que caímos con el PSV en 1988. Como ya he contado aquí, fue años después cuando fui consciente de lo que se nos había escapado aquel día en Holanda. 

Y empecé a ser consciente de lo difícil que es ganar en el fútbol aquella temporada 1991-92. La campaña 1990-91 había sido mala, pero todavía estaban muy recientes los éxitos anteriores. Pero lo de la 91-92 fue muy duro. Lo peor había sido haber tenido la Liga encarrilada y perderla el último día de competición. Ver cómo el barco se hundía poco a poco y sin que nadie lo remediara. Para rematar la faena, el sábado 27 de junio de 1992, para cerrar la campaña, perdimos la Final de la Copa del Rey con el Atlético de Madrid.

¿Aquel era el espectáculo prometido? ¿De qué había servido cesar al entrenador a media temporada? 

Epílogo

Nunca se sabrá qué hubiera pasado si Radomir Antic hubiera finalizado la temporada en su puesto. Es tontería romperse la cabeza. Es ciencia ficción. ¿Quién sabe? Es posible que el equipo se hubiera venido abajo también con el técnico yugoslavo en el banquillo. O no. Es imposible saberlo. Pero yo estoy casi convencido de que, por lo menos, la Liga no se nos habría escapado. Y quizás la historia reciente del Real Madrid hubiera sido diferente. Quizás los títulos nos hubieran dado mayor tranquilidad y estabilidad para afrontar las siguientes campañas con más sensatez y coherencia. Quizás. En lugar de eso, hemos atravesado dos décadas en las que los cambios de entrenador han sido constantes. Los proyectos deportivos siempre han sido cortoplacistas y se han quemado a las primeras de cambio. 

Soy el primero a la hora de exigir a mi equipo. Es normal. El Real Madrid siempre debe aspirar a todo. Pero siendo conscientes de la dificultad que suponen los triunfos en el fútbol y aceptando que la derrota en el juego es una posibilidad. 

La paciencia, por desgracia, no es una de nuestras virtudes. Pero yo tengo clarísimo, rotundamente claro que, salvo casos extremos, un entrenador siempre debe acabar como mínimo la temporada en curso.

viernes, 27 de marzo de 2015

AHORA QUE LAS COSAS VAN MAL...

Reflexiones sobre los cambios de entrenador

2014 fue un gran año para el madridismo. Desde luego, 2015 no lo está siendo. Atrás se ha quedado la Supercopa de Europa, el récord de victorias consecutivas, el Mundial de Clubes... Hace sólo unos meses, todo era de color rosa.

Muchos daban la Liga por ganada en diciembre y resulta que ahora, en la recta final de marzo, estamos a cuatro puntos del líder. El bajón físico y de juego del equipo está pasando factura... Y de qué manera. Así las cosas, ya tenemos con nosotros los rumores que ponen en entredicho la continuidad del entrenador.

En el fútbol todo es efímero. Hoy eres un héroe y mañana un villano. Por desgracia, en el Real Madrid esta máxima siempre parece presente.

Francamente, no sé si Carlo Ancelotti continuará en el Real Madrid el año que viene. De lo que no tengo ninguna duda es de que, por lo menos, tiene que acabar la presente campaña 2014-15 en el banquillo. Después, ya se verá.

Si algo he sacado en claro a lo largo de las tres décadas que llevo siguiendo al Real Madrid es que los ceses y cambios en el banquillo rara vez han servido para algo. Y mira que hemos tenido ejemplos... Desde aquel terrorífico suicidio colectivo que cometimos en la temporada 1991-92 cesando a Radomir Antic... ¡yendo primeros en Liga! han pasado entrenadores de todas las nacionalidades, escuelas, ideologías futbolísticas...

Casi siempre azuzados por una presión mediática brutal, los presidentes y dirigentes del Real Madrid han optado por tratar de atajar los momentos de vacas flacas rompiendo por el eslabón más débil. El del banquillo. Toda una incongruencia, puesto que debería ser el más fuerte. Estamos hablando del profesional que lleva las riendas del equipo, quien dirige los entrenamientos, el que decide las alineaciones...

¿De qué sirvió cesar a Radomir Antic? Pues para nada. Para desquiciar al equipo a mitad de temporada y acabar regalando una Liga a nuestro eterno rival.

¿De qué sirvió cesar a Benito Floro? De nada, tampoco. Vicente Del Bosque no logró enderezar el rumbo del equipo y finalizó la campaña 1993-94 con el equipo cayéndose incluso del pódium de la Liga.

¿De qué sirvió cesar a Jorge Valdano mediada la temporada 1995-96? De nada. El pobre Arsenio Iglesias volvió de su retiro para vivir unos meses de calvario que finalizaron con el Real Madrid rematando una campaña pésima...

¿De qué sirvió cesar a Guus Hiddink semanas después de que el holandés ganara la Copa Intercontinental de 1998? De nada. John B. Toshack tampoco logró mejorar la trayectoria del equipo en Liga...

Y así hasta nuestros días. Demasiados entrenadores. Demasiados proyectos truncados al más mínimo traspiés y en el momento en el que las cosas se tuercen un poco.

Por supuesto, el Real Madrid siempre tiene que salir al campo a ganar. Siempre debe tener la obligación de pelear por todas las competiciones. Siempre debe tener el propósito de alcanzar el máximo número posible de títulos.

Pero, parece que a veces nos olvidamos de que los rivales también juegan. Y que ganar es muy difícil. Y que los equipos de fútbol no siempre pueden estar al máximo nivel.

Lo que no es de recibo es que, al mínimo problema, al primer contratiempo, la solución sea la de echar al entrenador. Los aficionados deben... perdón, debemos tener paciencia y, sobre todo, asumir que, en el fútbol, también se puede perder. No lo queremos. Nadie lo quiere. Nosotros, exigentes siempre con nuestro equipo, no queremos perder nunca. Yo soy el primero que sigo agarrando unos cabreos de espanto cuando el equipo pierde. Pero es que esto es un juego e, insisto, los rivales también juegan.

A la impaciencia de los aficionados también contribuyen, y en gran parte, además, los medios de comunicación. Los ceses y cambios en los banquillos siempre han sido muy golosos para una prensa a la que le gusta devorar entrenadores y fichajes. Los medios nunca han dudado en echar leña al fuego cuando las cosas se tuercen. 'Vete ya', 'Fuera' o 'Estás despedido, Manolo', fueron portadas habituales del diario Marca durante el año en el que Manuel Pellegrini dirigió al Real Madrid, en la temporada 2009-10.

Si quien está en el banquillo, además, es persona 'non grata' para la prensa, como sucedió con José Mourinho, la cosa empeora. Los ataques son persistentes con el fin de generar un clima de animadversión hacia el técnico de turno para que, si la pelota no entra, el público dicte sentencia con sus pitos y abucheos. Es lo que hay.

El pasado 12 de marzo, Florentino Pérez compareció en rueda de prensa para desmentir lo publicado por Marca en primera página afirmando que el presidente destituiría a Ancelotti si había debacle en el Camp Nou.

Lo que me preocupa de este asunto es que, con el tramo final de campaña a la vista, ya esté sobrevolando sobre el ambiente la idea de que hay que echar al entrenador... Una vez más. Como si no hubiésemos aprendido nada durante estas últimas décadas, en lugar de esperar a finalizar la campaña para hacer balance y tomar decisiones, lo que sigue imperando es la mentalidad de que hay que quitar y poner entrenadores a medio camino.

Flaco favor se le hace a los profesionales y al Club.

sábado, 28 de febrero de 2015

RECORDANDO A MIKEL LASA

El lateral vasco defendió la camiseta del Real Madrid durante seis temporadas

Rememoraba en mi última entrada de 'Historias del Real Madrid' el vigésimo aniversario del golazo de Mikel Lasa al Sevilla. El guipuzcoano era uno de esos jugadores que no levantaba pasiones pero que siempre cumplía. Uno de esos futbolistas que cualquier entrenador desea tener a su disposición. Quizás por ese motivo, fue un jugador al que tuve mucho cariño durante su etapa como madridista. Una etapa que, además, no fue corta. Por esa razón, me parece justo recordar su paso por el Santiago Bernabeu.

Mikel Lasa Goikoetxea nació en la localidad guipuzcoana de Legorreta el 9 de septiembre de 1971. Empejó a jugar al fútbol en las categorías inferiores de la Real Sociedad y debutó con 17 años en el primer equipo de los de San Sebastián. Era la temporada 1988-89.

En poco tiempo, Mikel Lasa se convirtió en uno de los futbolistas con más proyección de la Liga. Jugaba como defensa. De lateral, en concreto, por la banda izquierda. En la campaña 1989-90 disputa 32 partidos de Liga, 21 de ellos como titular, y en la siguiente, 1990-91, vuelve a jugar otros 32 encuentros del campeonato de la regularidad, 29 de ellos saliendo al campo de inicio. No había llegado todavía a los veinte años.

Sus buenas actuaciones y su juventud le convirtieron en una buena apuesta de futuro. Y el Real Madrid se cruzó en su camino de cara a la campaña 1991-92.

Su etapa blanca

Mikel Lasa llegó al Santiago Bernabéu para reforzar la banda izquierda. El gran Rafael Gordillo iba a cumplir su séptima campaña vistiendo de blanco, pero contaba con 34 años. Los mejores días de este extraordinario futbolista, por desgracia, ya habían pasado. Al de Almendralejo aún le quedaba cuerda, pero estaba claro que el Club tenía que ir pensando en un relevo.

La temporada 1990-91 había marcado el final de la gloriosa etapa de las cinco Ligas consecutivas. Francisco Javier Pérez Villarroya, que había llegado aquella temporada procedente del Zaragoza y que había disputado el Mundial de Italia con la Selección, no había ofrecido quizás el rendimiento esperado. En cualquier caso, la llegada de Mikel Lasa abría el abanico de combinaciones en una defensa en la que tampoco había cuajado otro mundialista que también había recalado en el club en el verano de 1990. Me refiero a Spasic.

Esa sensación de no haber acertado de pleno con los fichajes de la campaña anterior fue la que quizás propició la llegada de nuevos futbolistas de cara al ejercicio 1991-92. Sabia nueva. Junto a Mikel Lasa llegó otro joven futbolista que también venía de dar un gran rendimiento en el Sporting de Gijón. De nombre, Luis Enrique Martínez. Junto a ellos, el fichaje estrella de aquel verano de 1991, Robert Prosinecki, al que ya dediqué en su día una entrada aquí en 'Historias del Real Madrid' relatando lo azaroso que llegó a ser su fichaje por asuntos burocráticos. Y otro refuerzo para la zaga blanca, el brasileño Ricardo Rocha.

Los inicios de su etapa en el conjunto blanco fueron difíciles. Nada más llegar, Lasa sufrió una lesión de pubis que impidió al defensa realizar una pretemporada como la del resto de sus compañeros. Se recuperó, pero Antic ya tenía su once perfilado y el equipo cuajó un sensacional inicio de Liga. Villarroya era titular y el primer recambio era Gordillo. Lasa se quedó sin sitio. Debutó en partido oficial con el Real Madrid frente al Albacete de Benito Floro. Era la novena jornada de Liga, el domingo 10 de noviembre de 1991.

No volvió a jugar en Liga hasta la jornada 20, el 2 de febrero de 1992. Dirigía el equipo Leo Beenhakker, que había sustituido a Radomir Antic. Con el holandés, Mikel Lasa empezó a entrar en el equipo como titular. Incluso marcó su primer gol con la camiseta blanca. No se me olvidará jamás. Fue el domingo posterior a la muerte de Juanito. Y el rival era el Burgos, equipo del que había llegado el malogrado siete blanco. Ni que decir tiene que aquel partido estuvo cargado de emociones y homenajes al recién fallecido. Ganó 2-0 el Real Madrid y el primer tanto del encuentro lo anotó Mikel Lasa.

El final de campaña fue bastante frustrante a nivel colectivo. Otro día me extenderé más en el tema. Sin embargo, una de las notas positivas fue constatar que aquel joven defensa de 20 años que habíamos fichado tenía sitio en el equipo. En aquel verano de 1992, Mikel Lasa formó parte como titular de la Selección Olímpica que ganó el Oro en los Juegos Olímpicos de 1992. Lasa se colgó la medalla junto a otros dos madridistas, Alfonso y Luis Enrique, y otros dos jugadores con los que coincidiría dos años después en el Real Madrid: Amavisca y Cañizares.

Recuerdo con mucho cariño aquellas Olimpiadas, aquellos partidos de la Selección de Vicente Miera... Y sí. Le terminé de coger un gran cariño a Mikel Lasa. Siempre me gustó ver en el Real Madrid a jugadores que, por unas razones u otras, lo pasaban mal pero no se venían abajo y terminaban triunfando. Lasa lo pasó mal al principio. Pero la recompensa llegó. Terminó jugando con el Madrid y se llevó una medalla de Oro en Barcelona.

Las cosas siguieron viento en popa durante la temporada 1992-93. Con Benito Floro, Mikel Lasa fue dueño y señor del lateral izquierdo. 34 partidos de Liga. 34 como titular y 31 de ellos completos. 6 encuentros de Copa de la UEFA y tres de Copa del Rey. 43 partidos oficiales en total.

El Madrid se volvió a dejar la Liga en el último partido, pero se impuso en la Copa del Rey al Zaragoza. Ganó 2-0 el Madrid y Mikel Lasa anotó el segundo gol del encuentro, en la recta final. Era el gol de la tranquilidad, el de la sentencia de un título que venía a cerrar dos años de sin sabores en los que sólo habíamos logrado llevar una Supercopa a las vitrinas. Aquella Copa del Rey tuvo un significado muy especial y Lasa siempre se ha sentido muy orgulloso de aquel gol. Más incluso que el tanto frente al Sevilla del que hace poco recordábamos su vigésimo aniversario.

La temporada 1993-94... Bueno, si alguien lee este blog sabe perfectamente cómo fueron las cosas aquel año. En cualquier caso, Mikel Lasa siguió siendo titular aquella campaña y volvió a marcar un gol en la Copa del Rey. Fue en la eliminatoria frente al Atlético de Madrid. No se me olvida la celebración de aquel 1-3 que anotó el lateral en el Vicente Calderón. Fernando Hierro agarró del brazo a Lasa y le tiró al suelo protagonizando unas imágenes a las que casi se le podían añadir los dos rombos aquellos que ponían en la televisión cuando éramos niños y daban 'cosas de mayores'.

Aquella temporada 1993-94 debutó en el primer equipo el canterano Alberto Marcos, lateral izquierdo que llegó con fuerza y le puso las cosas difíciles a Lasa en la recta final de campaña. Marcos jugó cuatro partidos completos de Liga, las jornadas 34, 35, 37 y 38.

Sin venirse abajo

¡Y tanto que se lo iba a poner difícil! En la temporada 1994-95, el nuevo entrenador, Jorge Valdano empezó la campaña con Luis Enrique y Marcos como primeras opciones para el lateral izquierdo. Lasa sólo disputó la segunda jornada de Liga frente al Logroñés. Marcos jugó tres partidos de titular en las jornadas 4, 5 y 6. El resto de partidos, Luis Enrique fue el que llevó el 3 a la espalda. Los dorsales personalizados no llegaron hasta la campaña siguiente. La verdad es que Luis Enrique era el comodín del equipo. Jugó de todo en el Real Madrid.

De nuevo, el equipo marchaba bien y Lasa estaba fuera del once titular. Otra vez le tocó ver el balón desde la barrera. Recuerdo que me daba pena no verle jugar. Pero él siguió trabajando duro, sin levantar la voz, a la espera de una nueva oportunidad. Y otra vez, la paciencia acabó recompensada. La lesión de Míchel en Anoeta, qué curioso, por cierto, acabaría provocando cambios de posiciones en el equipo que terminaron beneficiando al guipuzcoano. Luis Enrique pasó de lateral izquierdo a interior derecho y Lasa volvió a la titularidad en diciembre de 1994, en el último partido del año. Sí, el choque de Valladolid que recordé hace un par de meses aquí en 'Historias del Real Madrid'. El del gol 4.000 de Zamorano.

Mikel Lasa terminó 1994 como titular, ganando 0-5, y empezó 1995 de titular, ganando 5-0. Otra de las grandes alegrías que me llevé el día de la goleada al Barcelona fue la de ver que Lasa seguía ahí, al pie del cañón. Sin muchas florituras, sin grandes alardes técnicos. Pero peleando cada balón como siempre. Corriendo la banda izquierda con todas sus ganas. Marcando al adversario que atacaba por su banda como un perro de presa. Voluntad, entrega y eficacia. Y cumplidor. Cumplidor como el que más. Un obrero del fútbol. Los goles y los flashes los ponían sus compañeros. Él trabajaba para ellos.

Menos un día. El 5 de febrero de 1995, como recordaba en mi anterior entrada, Mikel Lasa fue protagonista. Ese día, él puso el gol... perdón, el GOL. El GOLAZO. Aquel día, los aplausos y los flashes se los llevó él. Mikel Lasa pobló las gradas del Santiago Bernabéu de pañuelos blancos. El gol al Sevilla desde 58 metros le permitió escribir su particular página más grande en la historia del Real Madrid. Aquel día, él fue el protagonista absoluto del capítulo. Y yo me alegré muchísimo por él. Y estoy seguro de que muchos más también.

La temporada 1994-95 la volvió a terminar como titular indiscutible. Ganó su primera Liga y siguió acumulando minutos y partidos con la camiseta del Real Madrid.

De cara a la campaña 1995-96, el Real Madrid fichó al catalán Miquel Soler. Un auténtico trotamundos del fútbol. Había jugado en el Barcelona y en el Atlético de Madrid. Un veterano al que todavía le quedaban muchos kilómetros por correr. Soler alternó la titularidad con Lasa en el lateral izquierdo, aunque Lasa terminó jugando más partidos. Anotó además un gol en Liga. Fue en Valladolid y recuerdo escucharlo por la radio, estando con la cuadrilla de amigos en la calle. Lasa anotó el 0-1 de un partido que acabamos ganando 0-3 en la recta final. El lateral fue el encargado de 'abrir la lata', como suele decirse en el fútbol.

La recta final

En el verano de 1996 llegó nuevo técnico al Real Madrid. El italiano Fabio Capello tomaba las riendas del equipo en la primera de las dos etapas en las que se ha sentado en el banquillo del Santiago Bernabéu. Junto a él llegaron nuevos jugadores. Y fichamos a otro lateral izquierdo. Otra vez, competencia para Mikel Lasa. Se trataba de un brasileño que llegaba del Inter de Milan. Su nombre, Roberto Carlos. No hace falta decir nada más.

Sí. Roberto Carlos fue quien puso fin a la estancia de Mikel Lasa en el Real Madrid. Al menos, desde un punto de vista sentimental para mí, me quedó el consuelo de que Lasa se marchó porque en su posición jugaba... el mejor lateral izquierdo de la historia del fútbol. Es una opinión personal. Respeto a quien tenga otra al respecto. Pero para mí ha sido el mejor y punto.

Con Roberto Carlos inamovible en esa banda izquierda por la que corría como un cohete, a Mikel Lasa no le quedó más remedio que adelantar su posición. Fabio Capello le utilizó durante los primeros meses de la temporada como uno de los cambios habituales del equipo. Casi siempre para jugar de centrocampista, sí, de centrocampista por la izquierda... ¡Y sustituyendo casi siempre a Suker! Era uno de los movimientos fijos del italiano. Cambio en el Real Madrid. Entra Lasa... y se marcha Suker. Los dos jugadores se cruzaron muchas veces en la banda aquella temporada 1996-97.

Lasa disputó quince partidos oficiales aquella temporada. Trece en Liga y dos en Copa, que fueron sus dos únicos partidos completos. En Liga, sólo fue titular dos veces, una de ellas, curiosamente, en San Sebastián. Donde había empezado a jugar.

El 22 de junio de 1997, Mikel Lasa Goikoetxea disputó sus últimos 36 minutos oficiales con la camiseta del Real Madrid. Puso así fin a una trayectoria de seis temporadas con la camiseta blanca.

Su siguiente destino fue Bilbao, a donde llegó junto a Rafa Alkorta, que volvía a casa después de cuatro campañas defendiendo la elástica del Real Madrid. En San Mamés, Lasa permaneció cuatro temporadas, en las que su participación fue de más a menos.

En la campaña 2001-02, cerca de cumplir los 30 años, recaló en el Murcia, en Segunda División. Allí jugó dos temporadas, la segunda de ellas como pieza básica del equipo que logró el ascenso a Primera División. Parecía que Lasa volvería a jugar en Primera con 32 años, quince temporadas después de haber debutado. Sin embargo, no llegó a renovar y se quedó en Murcia para jugar en el otro equipo de la localidad, el Ciudad de Murcia, también en Segunda División. Al término de aquella campaña 2003-04, Mikel Lasa colgó las botas y se retiró poniendo fin a su carrera deportiva.

Balance como madridista

En total, Mikel Lasa disputó seis temporadas con el Real Madrid en las que ganó dos Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa. Disputó un total de 178 partidos oficiales con la camiseta blanca: 139 de Liga, 18 de Copa, 3 de Supercopa, 4 de Champions League, 4 de la Recopa y 10 de Copa de la UEFA. Como madridista, anotó 5 goles, 3 en Liga y dos en Copa del Rey.

Guardo un muy buen recuerdo de su paso por el Real Madrid. Hace dos años, tuve la inmensa fortuna de coincidir con él en persona. Le llevé una fotografía del día de su presentación con el Real Madrid y se llevó una grata sorpresa. Verse tan joven con aquella camiseta... Pude constatar personalmente el cariño con el que recuerda su etapa en el Real Madrid. Al fin y al cabo, fueron seis años en los que experimentó todo lo grande que puede llegar a ser jugar como profesional. Marcó goles, celebró títulos, llegó a ser Internacional...

Pero sobre todo, fue un jugador de esos que siempre hacen falta en los equipos. De los que sudan la camiseta. De los que se esfuerzan. De los que aceptan su rol y están ahí para sumar, no para restar. De los que no se quejan cuando no son titulares y siguen trabajando a pleno rendimiento a la espera de que llegue una oportunidad. De los que aprovechan esa oportunidad y se sacrifican por el equipo. Desde 'Historias del Real Madrid' quiero tener este pequeño recuerdo, a modo de homenaje, hacia Mikel Lasa. Aquel jugador que hace veinte años levantó de los asientos a todo el Santiago Bernabéu anotando aquel golazo inolvidable.

jueves, 5 de febrero de 2015

VEINTE AÑOS DEL GOLAZO DE LASA

El lateral guipuzcoano anotó el 2-0 frente al Sevilla desde 58 metros

Hoy 5 de febrero se cumplen veinte años del encuentro en el que el jugador del Real Madrid Mikel Lasa anotó un gol desde su campo. 58 metros recorrió el balón volando desde que el futbolista blanco chutó hasta que por fin entró en la portería defendida por Unzué.

El Real Madrid se enfrentaba al conjunto andaluz aquel domingo 5 de febrero de 1995 en el encuentro correspondiente a la vigésima jornada de Liga. Arrancaba la segunda vuelta, a la que el Madrid había llegado con el título honorífico de Campeón de Invierno. Era el partido que se emitía en Canal Plus y recuerdo que no pude ir a ver el partido al bar, por lo que me tocó escucharlo por la radio.

Qué cosas. Uno de los goles más espectaculares de la historia del Real Madrid y resulta que no lo vi en directo. Y claro, imaginarse ese gol a través de la narración radiofónica fue un tanto extraño. Estaba claro que había sido un disparo lejano... ¿Pero, tanto? Pañuelos en el Bernabéu y la acción del lateral izquierdo recibiendo todo tipo de elogios y exclamaciones por su espectacularidad. El gol, además, llegó en el descuento. Es decir, que debían ser las 20.45 horas, por lo que ardía en deseos de que llegaran los resúmenes deportivos para ver las imágenes de aquel gol. Cuando por fin lo vi, comprobé que realmente se trataba de un gol antológico.

El gol

Centrémonos en el gol. Minuto 91 de partido. El Real Madrid ganaba 1-0 al Sevilla gracias a un tanto conseguido por Raúl en el minuto 61. Los hispalenses buscan el empate y tienen un córner a favor. Puede ser una de las últimas oportunidades de conseguir el empate y sube todo el equipo a rematar. El saque de esquina lo bota Davor Suker desde la banda derecha del ataque visitante. Lo hace en corto para Rafa Paz, que devuelve al delantero sevillista. Sin embargo, Mikel Lasa aparece para robar el esférico, que sale despedido en dirección al centro del campo. El lateral madridista, tras quitar el balón a Suker, había salido corriendo detrás de la pelota. A todo esto, Juan Carlos Unzué estaba fuera de la portería. En el momento de sacarse el córner había subido casi hasta el centro del campo, por lo que el arco del Sevilla estaba desguarnecido. Cuando Lasa, por fin, alcanza el balón, y habiendo visto al cancerbero lejos de su meta, lanza un potente disparo... ¡desde su propio campo!

Lo que sucedió, seguro que lo recuerda cualquier seguidor madridista que viese aquel partido. El balón voló aquellos 58 metros mientras Unzué corría a la desesperada, hacia su propia portería. El balón botó justo delante del área pequeña y entró por el medio. ¡Un golazo espectacular!

Mikel Lasa celebró el gol de rodillas y levantando los brazos mientras el resto de sus compañeros corrían a celebrarlo con el formando una piña alrededor del 3 blanco. En las gradas, el público del Santiago Bernabéu festejaba por todo lo alto lo que acababan de contemplar.

Un gol histórico

Aquel tanto de Mikel Lasa fue durante mucho tiempo el gol más lejano que se había cosechado en la historia de la Liga. Los 58 metros de aquel 'Lasazo' fueron superados nueve años después, en la temporada 2004-05, por los 68 metros de distancia que recorrió el balón lanzado por Antonio José González Santos en un Numancia... Sevilla. Sí. En su único gol en Primera División, el defensa numantino, nacido en Sevilla, la clavó desde su propio campo en la portería sevillista, convirtiéndose en el gol más lejano anotado hasta la fecha en la Liga Española. Así pues, el gol de Mikel Lasa es, aún a día de hoy, el segundo anotado a mayor distancia.

Desde hace justo veinte años, a Mikel Lasa siempre se le ha recordado por aquel fantástico gol. En todas las entrevistas que se le han hecho desde entonces, siempre se le ha preguntado por aquel gol por el que todos le recuerdan. Fue su particular forma de pasar a la historia del Real Madrid, a pesar de que, como él mismo siempre ha dicho, le hizo más ilusión anotar el 2-0 de la Final de la Copa del Rey de la temporada 1992-93 frente al Zaragoza.

Tal día como hoy de hace veinte años, el gran protagonista de la jornada fue Mikel Lasa. Había anotado el gol de la sentencia del Real Madrid 2 - Sevilla 0 y lo había hecho, además, con un gol de bandera. Aquella noche del 5 de febrero de 1995 los focos se posaron en el defensa vasco, los micrófonos le buscaban, copó los resúmenes de televisión, recorrió las emisoras de radio... Fue su gran día.

domingo, 25 de enero de 2015

RECORDANDO A MICHAEL OWEN

El jugador británico jugó hace diez años en el Real Madrid

Acostumbrado como estoy a echar la vista atrás unos veinte o treinta años para recordar viejas glorias que vistieron la camiseta del Real Madrid, puede que a alguno le sorprenda que hoy viaje al pasado 'sólo' una década para hablar de un futbolista.

Repasando el listado que hacía sobre los madridistas que se han subido al pódium del Balón de Oro me di cuenta de que justo hace diez años, en la temporada 2004-05, Michael Owen estaba jugando en el Madrid. El Balón de Oro del año 2001 sólo estuvo una temporada con nosotros, pero dejó muestras de su buen hacer con el balón.

Michael James Owen nació en Chester, Inglaterra, el 14 de diciembre de 1979. Hijo de futbolista, el inglés se inició en el balompié en las categorías inferiores del Liverpool, club en el que se fue forjando como jugador hasta debutar en el primer equipo, con sólo 17 años, a finales de la temporada 1996-97. Con los Reds se convirtió en toda una estrella del fútbol británico. 

Destacó desde muy joven y enseguida se le abrieron las puertas de la internacionalidad con Inglaterra. En 1998 fue una de las estrellas del Mundial de Francia. Con sólo 18 años se convirtió en el jugador más joven en anotar un gol en una Copa del Mundo. Además del campeonato de Francia, Owen jugó los Mundiales de Corea-Japón 2002 y Alemania 2006. También disputó las Eurocopas de Bélgica-Holanda 2000 y Portugal 2004. En total, Michael Owen fue internacional absoluto en 89 ocasiones y marcó 40 goles con el escudo de los Three Lions.

Su gran año

En la temporada 2000-01 ganó la Copa de la UEFA. Aquel 2001, el Liverpool ganó cinco trofeos en el año natural. Además de la mencionada UEFA, el equipo se impuso en la FA Cup, la Copa de la Liga de Inglaterra, la Charity Shield y la Supercopa de Europa. 

Sin duda, todos esos logros colectivos influyeron bastante en el desenlace del Balón de Oro del año 2001. Michael Owen se impuso en la votación del premio al madridista Raúl González, Balón de Plata, y al guardameta alemán Oliver Khan, Balón de Bronce.

Owen jugó un total de ocho temporadas en el Liverpool hasta la campaña 2003-04. Disputó 297 partidos oficiales con la elástica roja y marcó 158 goles. Además de los cinco títulos del año 2001, Michael sumó otra Copa de la Liga de Inglaterra a su palmarés, la de la campaña 2002-03.

Real Madrid 

En el verano de 2004 el Real Madrid se cruza en el camino del jugador inglés. Tras los fichajes de Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham, Michael Owen se convierte en la incorporación estrella del Real Madrid para la temporada 2004-05.

Fue aquella una temporada bastante convulsa que se contagió un poco del halo de negatividad con la que se acabó la anterior. La temporada 2003-04 se saldó únicamente con la Supercopa de España. El equipo de Carlos Queiroz, que tan bien lo había hecho durante casi todo el ejercicio, se desplomó literalmente en la recta final de la campaña perdiendo en la Final de la Copa del Rey, cayendo en cuartos de la Champions y regalando una Liga que había estado bastante encarrilada. 

José Antonio Camacho sustituyó a Carlos Queiroz, pero dimitió tras disputarse sólo tres jornadas de Liga. Si la anterior temporada había terminado mal, la 2004-05 no empezó nada bien. A Camacho le sustituyó otro veterano de la casa, Mariano García Remón. El ex cancerbero, sin embargo, no terminó tampoco la temporada, dejando el banquillo al brasileño Vanderlei Luxemburgo. Como se puede desprender con tanto movimiento en la dirección del equipo, las cosas no le fueron muy bien al Real Madrid en la 2004-05. El equipo no ganó ningún título.

Aquel fue el Real Madrid que se encontró Michael Owen en su única temporada como profesional lejos del fútbol británico. 

De ser claramente la estrella más destacada del Liverpool, Owen pasó a compartir vestuario en el Santiago Bernabéu con astros rutilantes y la competencia en la delantera era tremenda. El Madrid contaba con Ronaldo, que acababa de ser Pichichi, Raúl era santo y seña del equipo, Fernando Morientes había regresado de su cesión al Mónaco... Adaptarse a otra posición en labores de ataque tampoco parecía factible habiendo jugadores como Figo, Beckham o Zidane...

Aun así, Michael Owen dejó muestras de su clase como delantero. Anotó su primer gol con la camiseta del Real Madrid en Champions League, en un encuentro disputado en el Santiago Bernabéu el 19 de octubre de 2004. Ganó el Madrid 1-0 al Dinamo de Kiev con el tanto anotado por el futbolista inglés. Cuatro días después, el sábado 23 de octubre, otro gol suyo volvió a ser decisivo. Era su primer tanto en Liga y lo hizo en los primeros compases del encuentro en el que el Real Madrid se impuso al Valencia. De nuevo, resultado de 1-0 con la diana del británico. Poco a poco, tras unos inicios titubeantes en los que jugó menos de lo deseado, Michael Owen se fue asentando en el equipo.

En enero de 2005, en el mercado de invierno, Morientes abandonó definitivamente el Real Madrid con dirección, curiosamente, a Liverpool, donde seguro echaban de menos a Owen. El Real Madrid, al mismo tiempo, recuperó de Italia a Portillo, cedido en la Fiorentina. El canterano, no obstante, no gozó de muchas oportunidades en esta nueva andadura en la casa blanca. Owen estaba claramente por delante de él.

Jugando con el dorsal 11 a la espalda, Michael Owen aportó velocidad al ataque blanco. Quizás no tanta como la que había mostrado en sus primeros años con el Liverpool. Hay que recordar que, durante su etapa en el conjunto inglés, tuvo serios problemas de aductores. Durante dos años, las lesiones musculares le dieron mucha guerra y, aunque se recuperó, arrastró algunas secuelas. 

Lo que no perdió nunca fue su olfato goleador. Owen era un rematador nato, con capacidad para crear espacios, aprovechar los contragolpes y facilidad en el desmarque. Hizo 13 goles en Liga, dos en Copa del Rey y uno en Champions League. Es decir, vio puerta en las tres competiciones que disputó con el Real Madrid. 16 goles que le convirtieron en el segundo máximo anotador del equipo sólo por detrás de Ronaldo y haciendo tres tantos más que Raúl.

Vuelta a casa

Michael Owen regresó a las islas británicas al término de su única campaña en el Real Madrid para jugar en el Newcastle. Los blanquinegros ofrecieron una fuerte suma de dinero e hicieron una oferta económica con la que el Real Madrid percibía cerca del doble de lo que había pagado un año antes al Liverpool. Aunque el jugador no deseaba moverse del Madrid, si no era para volver a su antiguo equipo, terminó aceptando regresar a Inglaterra. Con Las Urracas permaneció cuatro años entre las temporadas 2005-06 a 2008-09. Jugó 79 partidos en los que anotó treinta goles.

En el verano de 2009, camino de la treintena, el futbolista volvió a vestirse de rojo. Pero con la camiseta del Manchester United. Tres temporadas permaneció en el equipo de Alex Ferguson, si bien su rendimiento fue de más a menos. En el año 2012, el futbolista de Chester fichó por el Stoke City. Jugó nueve partidos oficiales y marcó un gol. Su último gol. 

Al término de la temporada 2012-13, Michael Owen colgó las botas para retirarse. Tenía 33 años.

Balance de blanco

Centrándonos en su etapa de madridista, Michael Owen jugó, en su única temporada de blanco, un total de 45 partidos oficiales con el Real Madrid y anotó 16 goles. 

El inglés, al contrario de lo que suele recordarse, jugó asiduamente aquella temporada. Las cifras lo corroboran. No sé por qué ha quedado en el subconsciente de muchos aficionados el erróneo recuerdo de que fue suplente y no triunfó. Ojo al dato, sólo en Liga disputó 36 partidos y fue más veces titular (20) que suplente (16).

Quizás viniendo de un Liverpool en el que era fijo incondicional en los onces iniciales, chocaba que alternase banquillo con titularidad. Pero esto era el Real Madrid y la plantilla estaba plagada de jugadores de primerísimo nivel. Aún así, como demuestran los guarismos, jugó casi siempre. Si no partía en el once inicial era el primer recambio ofensivo. Y cumplía con acierto y con goles.

Es cierto que no fue titular indiscutible en el equipo, pero eso le da aún si cabe más valor a unas cifras que son más que respetables y que respaldan su eficacia delante del marco contrario. Aprovechó sus oportunidades mejor que ningún otro jugador de la plantilla aquella temporada.

Recuerdo con cariño a este gran futbolista. Su hubiese seguido en el equipo, seguro que habría metido un montón de goles más con la regularidad que le caracterizaba. Como en aquel encuentro en el Santiago Bernabéu en abril de 2005 frente al Barcelona. Ganamos 4-2 y Michael Owen anotó el cuarto tanto madridista en uno de los partidos que mejor sabor de boca me dejó el Madrid aquella temporada 2004-05.

Desde 'Historias del Real Madrid', quería dejar constancia de mi reconocimiento a este gran jugador al que tuvimos la fortuna de ver jugar con la camiseta blanca.