lunes, 7 de julio de 2014

GRACIAS, ALFREDO DI STÉFANO

Vídeo editado por el Real Madrid para despedir a nuestra gran leyenda

Impresionante el vídeo que ha emitido el Real Madrid tras la rueda de prensa de esta tarde del presidente Florentino Pérez. Con música del 'My Way' de Frank Sinatra, se recogen imágenes de la carrera deportiva de Don Alfredo Di Stefano. La letra de la canción aparece traducida en subtítulos y se puede comprobar que cada frase parece escrita, a propósito, para el legendario futbolista.

Al igual que Florentino, yo tampoco he podido reprimir las lágrimas con el contenido del vídeo, que me ha parecido realmente emotivo. Especialmente el final del mismo, con imágenes de la película 'La batalla del domingo', del año 1963, en la que el auténtico Alfredo Di Stefano se despide del Santiago Bernabéu, que aparece vacío y con las luces encendidas. Extraordinario. Parece que se estaba despidiendo de verdad, que aquella secuencia de la película estaba rodada expresamente para ser vista en el día de hoy, 7 de julio de 2014, medio siglo después.

Quiero darle la enhorabuena al Real Madrid y a los autores del vídeo, por haber realizado una pieza que le hace justicia a Don Alfredo, ahora que se nos ha ido. El vídeo es una auténtica maravilla. Un homenaje a la altura del mito.

GRACIAS POR TODO Y HASTA SIEMPRE, DON ALFREDO

Muere el legendario Alfredo Di Stéfano

Hoy escribo la página más triste de 'Historias del Real Madrid'. Hoy, 7 de julio de 2014, nos ha dejado para siempre Don Alfredo Di Stéfano. El jugador que cambió para siempre al Real Madrid, el hombre que convirtió un gran club en el mejor de la historia, ha fallecido a los 88 años de edad.

Alfredo Di Stéfano siempre ha estado ahí. Desde que empecé a seguir al Real Madrid, allá por los años de mi más tierna infancia, su figura siempre estuvo presente. Como entrenador primero, como presidente de honor del club después, pero siempre como mito viviente y referencia del madridismo. Hoy es un día muy triste para los madridistas en general y para mí, en particular. Me siento como si hubiera perdido a un ser querido de mi propia familia. Y estoy seguro de que a muchos otros les pasará lo mismo. Es como si hubiéramos perdido al 'abuelo' de todos los madridistas.

Nos ha dejado el jugador que nos hizo realmente grandes, que protagonizó sobre los terrenos de juego las grandes gestas de aquel fabuloso equipo que reinó en Europa durante un lustro. Aquel equipo cimentó nuestra grandeza y todo se lo debemos a él. A su fútbol, a su liderazgo, a su casta, a su genio, a su técnica y a su capacidad de liderar a un equipo de auténticos maestros del balón. Pero, sobre todo, a su fútbol.

Se ha ido el mejor futbolista de la historia del Real Madrid y casi seguro que del fútbol. Se ha marchado para reencontrarse con su buen amigo Pancho Puskas. Allí donde estén seguro que van a montar unos buenos partidos para seguir marcando muchos goles. Se les unirá Héctor Rial, con el que recordarán muchas tardes de gloria. Juanito Alonso se volverá a poner los guantes, sabiendo que llega Don Alfredo para unirse a ellos. Marquitos se vestirá de escocés, otra vez, para rememorar aquel día en el que le metieron siete goles al Eintracht de Frankfurt en la final de 1960. Zárraga y Miguel Muñoz ya están pensando en cómo levantarán las copas que consiga ese equipo de ángeles blancos. Don Santiago Bernabéu volverá a ver a gran parte de sus jugadores en acción. Y Juanito le pedirá permiso para unirse a ellos, aunque no sean futbolistas de su generación.

Al cielo, si existe, ha llegado el más grande. Y aquí en La Tierra, ha nacido una Leyenda. Una leyenda que ya no morirá nunca.

Me alegro de que haya tenido una vida plena y satisfactoria. Y de que haya visto a su Real Madrid Campeón de Europa por décima vez. No se nos ha ido hasta que lo consiguió. Cinco como jugador y cinco desde la grada. ¡Genio y figura hasta para eso, Don Alfredo!

Me hubiese encantado haberle conocido en persona. Haberle estrechado la mano para darle mi más sincero agradecimiento por todo lo que le dio al Real Madrid. Sé que no le gustaban mucho esas cosas. Pero sí que me hubiera gustado, sí...

Como ya no va a ser posible, me tendré que conformar con brindarle mi pequeño homenaje desde aquí. Le doy las gracias por tantos años de trabajo y sacrificio. Por haber sido el espejo para tantos y tantos jugadores de fútbol que han seguido la senda de triunfos que un día inició. Por ayudar a construir algo que amo con todo mi orgullo y mi pasión desde que tengo uso de razón. Por todo eso y mucho más, sólo puedo decirle gracias. Muchas gracias.

Gracias por todo y hasta siempre, Don Alfredo.

MUERE ALFREDO DI STÉFANO

El legendario ex jugador del Real Madrid ha fallecido a los 88 años de edad

Hoy, 7 de julio de 2014, nos ha dejado Alfredo Di Stefano Laulhé. El legendario astro del Real Madrid ha muerto a los 88 años de edad en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, en el que se encontraba ingresado desde el pasado sábado tras sufrir una parada cardiorrespiratoria.

Mañana martes, el palco de honor del Santiago Bernabéu acogerá la capilla ardiente del presidente honorífico del Real Madrid, que será enterrado el miércoles en el cementerio de La Almudena.

Alfredo Di Stéfano llegó a España para jugar en el Real Madrid en el año 1953. Militó en el club blanco durante once temporadas, en las que jugó 403 partidos oficiales y anotó 307 goles. Con el Real Madrid ganó 8 Ligas, 1 Copa, 5 Copas de Europa, 1 Copa Intercontinental, 1 Pequeña Copa del Mundo y 2 Copas Latinas.

A título individual, Di Stéfano logró 5 trofeos Pichichi, 2 Balones de Oro y fue galardonado con el Súper Balón de Oro en el año 1989. Fue internacional con las Selecciones de Argentina y España.

Con su muerte, desaparece uno de los futbolistas más grandes de la historia del fútbol.

Descanse en paz.

domingo, 6 de julio de 2014

EL LUSTRO DE CRISTIANO RONALDO

Hoy se cumplen cinco años de la presentación de Cristiano Ronaldo

El 6 de julio de 2009, tal día como hoy de hace cinco años, el futbolista Cristiano Ronaldo fue presentado en un Santiago Bernabéu lleno a rebosar. El estadio se quedó pequeño. Abarrotado hasta los topes, más de 90.000 personas presenciaron la puesta de largo del astro portugués como jugador del Real Madrid.

El acto de presentación fue todo un acontecimiento. Resulta increíble ver a un estadio de fútbol totalmente lleno para presenciar la puesta de corto de un solo jugador. Contemplar el Santiago Bernabéu lleno ofrece una idea de la expectación levantada y de las ganas que había de ver a la estrella portuguesa enfundada con la camiseta del Real Madrid.

Aquel 6 de julio de 2009, Cristiano Ronaldo tuvo dos padrinos de excepción en el Santiago Bernabéu. Alfredo Di Stéfano y Eusebio acompañaron al crack portugués. Eusébio (Q.E.P.D.) nunca ocultó su admiración por Cristiano. El madridista, por su parte, siempre tuvo palabras y gestos de cariño hacia ‘La Pantera Negra’, que le acompañó en numerosos de los actos en los que el jugador del Real Madrid ha recibido algún premio o galardón.

"Estoy muy feliz de estar aquí. Para mí he cumplido mi sueño de niño, que era jugar en el Madrid. No esperaba que el estadio estuviera lleno sólo para verme. Impresionante", dijo Cristiano dirigiéndose a las pobladas gradas del Bernabéu. El público no le dejaba casi hablar. Cada vez que pronunciaba una frase, la gente, eufórica, interrumpía con gritos y aplausos para el crack portugués.

A continuación, llegó la gran anécdota de la presentación. Cristiano Ronaldo, se dirigió a los presentes para pedirles que le acompañaran a la hora de lanzar el lema de todos los madridistas. Ni corto ni perezoso, y con una radiante cara de felicidad, el jugador contó hasta tres para levantar los brazos al grito de 'Hala Madrid'.

Cinco años de éxitos

Los números de Cristiano Ronaldo en el Real Madrid han sido espectaculares durante estos cinco años. El portugués ha jugado 246 partidos oficiales en los que ha marcado 253 goles. Su media anotadora es terrorífica y en sólo cinco temporadas se ha colocado como cuarto máximo goleador de toda la historia del Real Madrid. Increíble.

En estas cinco temporadas, Cristiano ha ganado una Champions League, una Liga, dos Copas del Rey y una Supercopa de España. Además, ha sido dos veces Pichichi de la Liga Española, ha ganado dos Botas de Oro y un Balón de Oro.

Sin ninguna duda, Cristiano Ronaldo es ya una de las grandes leyendas del club y espero que siga dándonos muchas alegrías en el futuro.

sábado, 5 de julio de 2014

RECUERDOS SOBRE CAMACHO

El gran capitán también puso fin a su carrera de jugador en el año 1989 

Recordaba ayer en Historias del Real Madrid a Maceda con motivo del vigesimoquinto aniversario de su retirada del fútbol, en 1989. Y hoy quiero hablar de otro ilustre madridista que también colgó las botas aquel año: Camacho.

José Antonio Camacho Alfaro nació en Cieza, Murcia, el 8 de junio de 1955. Despuntó en el fútbol, sin embargo, en el Albacete, en la ciudad a la que había llegado de niño junto a su familia. Del club manchego pasó al Real Madrid para jugar en el Castilla en el año 1973. En la campaña 1973-74 llega a debutar con el primer equipo blanco y un año más tarde, en la 1974-75, se asienta ya como titular de la primera escuadra pese a su juventud.
Obviamente, no viví su primera década como futbolista del Madrid. Cuando yo me intereso por el fútbol, José Antonio Camacho ya es todo un veterano de 28 años que lleva diez de titular en el Santiago Bernabéu. Había superado una gravísima lesión que le tuvo apartado de los terrenos de juego más de año y medio, pasándose la temporada 1978-79 totalmente en blanco.
Se había perdido el Mundial de Argentina de 1978 pero había jugado el de España. Lamentablemente, como creo que ya he comentado alguna vez por aquí, no recuerdo nada de aquella cita de 1982. Su recuperación había sido total, afortunadamente, y volvió a ser una pieza clave en el engranaje del Madrid y de la Selección Española.
Como es lógico, José Antonio Camacho jugó el mítico España-Malta de 1983, como Maceda. Y como Santillana.
Camacho, Santillana y Juanito formaban la ‘vieja escuela’ de aquel Real Madrid de, casi, mediados de los ochenta que tanto admiré. Ellos tres habían compartido vestuario con leyendas del pasado a las que no vi jugar pero que son santo y seña del madridismo como Pirri, Amancio, Goyo Benito y compañía. Eran los símbolos de garra y fuerza de un Madrid quizás menos técnico pero que derrochaba casta y pundonor por todos los costados. Eso que en la Selección de la época se conocía como ‘la furia’, vamos.
Sí. José Antonio Camacho era el ejemplo más palpable de la ‘furia’ en la Selección y en el Madrid de los ochenta. Un tío con dos pelotas y pinta de bruto que no se arrugaba frente a nadie, que corría hasta echar el último aliento… un defensa a la vieja usanza, muy del corte de los defensores contundentes de aquella época. Goicoechea, Migueli, Camacho… defensas de los que asustaban. Con cicatrices, mostachos, pelo largo…
Una de las imágenes que siempre recuerdo de Camacho pertenece al Mundial de México de 1986. Es la del de Cieza sangrando de la frente tras recibir un fortísimo golpe con los tacos de un rival y volviendo a jugar en pocos segundos con un aparatoso vendaje a la cabeza. Aquello era fútbol de otra época, como el de las fotos en blanco y negro de los defensas de los años veinte y treinta del pasado siglo, con los pañuelos en la testa para no herirse con las costuras de los balones de piedra con los que se jugaba antaño.
Cuando eres niño y ves cosas como esa de jugar con la cabeza vendada no tardas en idolatrar al que parece un súper héroe. Y Camacho lo parecía. Un tío invencible que pese a la sangre y las heridas, seguía jugando porque a los compañeros no se les podía dejar solos en la batalla. ¡Además era el capitán!
Y claro. Yo quería ser como Camacho, al que adopté como uno de mis primeros ídolos de infancia junto con Juanito y Chendo. Casualmente, los tres llegaron a ser capitanes del Real Madrid. ¿Me atraía quizás la mística del brazalete? No lo sé. Pero encontraba un extraño placer a lo de jugar de defensa cuando era crío. Ver el partido desde atrás, corregir posiciones de los compañeros sobre el campo, gritarles para que bajaran a defender cuando se quedaban arriba a ‘descansar’ mientras el rival montaba la contra de turno…
El espejo en el que fijarse, evidentemente era Camacho. Me encantaba la fuerza y el coraje que derrochaba, lo que corría, el ímpetu, la contundencia con la que se lanzaba a cortar un balón, la capacidad de aguantar a los atacantes, la colocación…
Pero no eran sólo los detalles técnicos y estrictamente futbolísticos los que me llamaban la atención de Camacho. Era lo que transmitía. El no venirse abajo nunca. No dar nunca un balón por perdido. Pegar cuatro voces cuando hay que darlas para levantar el ánimo de los compañeros. Lucha, entrega, sacrificio… Conceptos absolutamente válidos no sólo para el fútbol, sino también para la vida en general. Cuando yo era niño, yo todo eso lo veía personificado en la figura de Camacho.
Estoy seguro de que las gestas de las míticas remontadas europeas de los años ochenta no hubieran sido posibles de no haber estado en el equipo Juanito, Santillana y Camacho.
En su libro ‘Los once poderes del líder’, Jorge Valdano escribe un pasaje en el que describe cómo vivía aquellos encuentros José Antonio Camacho. Según el argentino, Camacho visitaba las habitaciones de los jugadores, “no más allá de las ocho de la mañana”, como si el partido estuviera a punto de empezar. Cuenta Valdano que, en su caso, lo que quería saber el de Cieza era cómo remataría ese día los córneres. “José Antonio no era un teórico, de modo que una simple respuesta resultaba insuficiente. Exigía una demostración. Y de inmediato. Había que levantarse, saltar y cabecear al aire. Una vez hecha la demostración, uno intentaba seguir durmiendo y Camacho se marchaba hacia otra habitación, hacia un nuevo objetivo al que inocularle pasión. Ninguna habitación se quedaba sin ser visitada”, escribe Valdano.
Qué carácter y qué manera de ser. Todo pundonor y corazón. ¿Cómo no iba a certificarse la remontada con los mimbres que había en aquel equipo? Así cayeron dos Copas de la UEFA. De las de verdad. De las de antaño.
No recuerdo verle marcar ningún gol. Sé que en la temporada 1983-84 anotó uno en Liga. Pero no lo recuerdo. Camacho no era un jugador de ataque. Era un defensa cerrado, siempre con el dorsal 3 a la espalda y jugando de lateral izquierdo, aunque en ocasiones, si era requerido, actuaba como central.
Entre las temporadas 1983-84 y 1987-88 Camacho era un fijo de las alineaciones. El gran capitán del Real Madrid que encadenó títulos para mi regocijo de aficionado.
La recta final 

Pero todo empieza y acaba. Camacho era ya todo un veterano cuando yo empecé a ver fútbol, como apuntaba antes. Santillana se había retirado a la conclusión de la campaña 1987-88. José Antonio lo hizo un año más tarde. La temporada 1988-89 fue su último ejercicio en activo. Empezó jugando, pero las lesiones le apartaron de la titularidad y acabó participando en pocos encuentros. Siete duelos de Liga, uno de Copa y uno de Copa de Europa. Nueve partidos en total.
José Antonio Camacho disputó su último partido oficial el 23 de junio de 1989, en la última jornada de aquel campeonato liguero. El Real Madrid se impuso 2-1 al Valencia y Camacho saltó al terreno de juego en el minuto 73 sustituyendo a Martín Vázquez. Al término del encuentro, como capitán, fue el encargado de recoger el Trofeo que acreditaba al Madrid como campeón de Liga. Con el estadio a oscuras y miles de pequeñas bengalas encendidas en las gradas el Madrid celebró el título una semana antes de adjudicarse la Copa del Rey. Era el broche de oro a una larga trayectoria para Camacho.
Quedaban atrás dieciséis temporadas en la elite. En total, José Antonio Camacho disputó 576 partidos oficiales con el Real Madrid y anotó once goles con la camiseta blanca. Ganó nueve Ligas, cinco Copas del Rey, dos Supercopas de España, una Copa de la Liga y dos Copas de la UEFA.
Fue internacional en 81 ocasiones. Pudieron haber sido unas cuantas más de no haber sido por aquella gravísima lesión que tuvo a finales de los setenta. Jugó los Mundiales de España 82 y México 86 y las Eurocopas de Francia 1984 y Alemania 1988. Durante muchos años mantuvo el récord absoluto de internacionalidades.
Un año después de colgar las botas, en la campaña 1989-90, el Real Madrid organizó un homenaje a su ex capitán. Fue el 1 de mayo de 1990, frente al Milan. Camacho jugó algo más de los diez primeros minutos del encuentro. Se había editado un tríptico de recuerdo con todos los datos referentes a su carrera deportiva en el Real Madrid, que aún hoy en día yo conservo como un tesoro.
Tras su retirada pasó a entrenar en las categorías inferiores del club. En la temporada 1990-91 fue durante unos meses ayudante de Di Stéfano en el banquillo del primer equipo. Posteriormente inició en el Rayo Vallecano su carrera de entrenador en solitario pasando por diversos clubes. Dos veces llegó a ser entrenador del Real Madrid, en 1998 y 2004, aunque en ambos casos dimitió a las primeras de cambio por desacuerdos con la entidad. También ha sido Seleccionador, dirigiendo a España en la Eurocopa del año 2000 y en el Mundial de Corea y Japón de 2002. Siempre ligado al fútbol, también ha ejercido de comentarista.
Pero hoy quería recordar, sobre todo, su figura como jugador, ahora que se han cumplido veinticinco años de su retirada. Como suelo hacer, aprovecho para rendir mi pequeño homenaje a este grandísimo jugador desde ‘Historias del Real Madrid’.

viernes, 4 de julio de 2014

RECORDANDO A MACEDA

Veinticinco años después de su retirada 

El primer recuerdo que guardo de Antonio Maceda está unido, ineludiblemente, al primer partido que recuerdo de mi vida. Ya lo he mencionado alguna vez aquí en 'Historias del Real Madrid'. Se trata del España-Malta del 12-1. Durante aquel festival de goles que ofreció el combinado de Miguel Muñoz en diciembre de 1983, el jugador valenciano anotó dos goles. Daba la casualidad, además, de que yo guardaba entre mi colección de chapas una de Coca Cola con la efigie del jugador. Debía de ser del Mundial que se había celebrado en España el año anterior. El caso es que, sólo por esas razones que alcanza a entender un niño, empecé a seguir la carrera de aquel futbolista que militaba en el Sporting de Gijón. Yo entonces no lo sabía, claro está, pero Antonio Maceda era toda una institución en el Real Sporting de Gijón, club al que llegó procedente del Club Deportivo Acero en el año 1976. Por supuesto, yo ni había nacido todavía. Por ese motivo, a Maceda le conocí de la Selección y por sus últimas campañas con los asturianos.

Antonio Maceda Francés nació el 16 de mayo de 1957 en Puerto de Sagunto, Valencia. Jugaba de defensa, como central o libre, y militó nueve temporadas en el Sporting, con el que llegó a ser subcampeón de Liga 1978-79 y subcampeón de Copa en los años 1981 y 1982. Era un grandísimo jugador, en todos los aspectos. Siendo yo como era un niño, su estatura de 1,89 metros le daba un aspecto de gigante espigado que, sin ninguna duda, le ayudaría a superar a sus adversarios por alto. Iba muy bien de cabeza y se sumaba a las acciones de ataque con facilidad. Además, contaba con un buen disparo y consiguió goles importantes para sus equipos. 

Ni que decir tiene que me llevé una grandísima alegría cuando fichó por el Real Madrid en el año 1985. Recién llegado al cargo de presidente, Ramón Mendoza reforzó el equipo con tres jugadores de lujo. Hugo Sánchez, Rafael Gordillo y Antonio Maceda. El Madrid me había dado, por fin, mis primeras alegrías al conseguir la Copa de la UEFA y la Copa de la Liga en la temporada 1984-85. Pero no le había visto ganar la Liga, título que, por aquel entonces, le había sido esquivo al Madrid durante los anteriores cinco años. La Quinta del Buitre ya había asomado la cabeza y se intuía que un equipazo estaba en ciernes. Faltaban unos retoques para apuntalar el equipo y con los refuerzos de aquel verano de 1985 fue más que suficiente. Había llegado la 'Quinta de los Machos', como se encargó de denominarla después Hugo Sánchez. A Gordillo y a Maceda ya los conocía de la Selección. Con Hugo tenía mis dudas, pero el mexicano pronto me las quitó de la cabeza a fuerza de goles y más goles.

La temporada 1985-86 fue grandiosa. El Real Madrid se alzó con la Liga y triunfó también en Europa al cosechar su segunda Copa de la UEFA. Antonio Maceda fue partícipe de aquellos éxitos con sus grandes actuaciones e incluso llegó a marcar cinco goles en Liga, una cifra más que llamativa en un defensa. El último de ellos lo firmó frente al Barcelona en el Santiago Bernabéu, en la jornada 28. Los azulgranas se adelantaron en el marcador en el segundo tiempo con un gol de Amarilla. Sin embargo, Maceda empató el partido y pocos minutos después Jorge Valdano certificó la remontada con el 2-1. Butragueño, en la recta final de la contienda, marcó el 3-1 que dejaba la Liga muy bien encarrilada para el Madrid.

La lesión de rodilla 

Muchos años después, me enteré de que en aquel partido frente al Barcelona, jugado en un Bernabéu con las áreas embarradas por el agua de lluvia, Maceda ya arrastraba molestias. El defensa se había lesionado dos jornadas de Liga antes, frente al Sevilla. Sin embargo, encontrándose el equipo en un tramo decisivo de la temporada, el jugador forzó para seguir jugando. Tras el triunfo frente al Barça, Antonio Maceda fue operado. La intervención de menisco fue realizada el 11 de marzo de 1986. Un mes más tarde, el jugador estaba recuperado. O al menos eso parecía. El valenciano volvió a los terrenos de juegos en Vigo, donde jugó el segundo tiempo del encuentro correspondiente a la jornada 32. Ganó el Madrid 1-5 aquel día. A la semana siguiente jugó frente al Zaragoza en Copa del Rey y el fin de semana disputó también la segunda parte del choque disputado en el Bernabéu frente a sus ex compañeros del Sporting. El resto de la temporada 1985-86 la jugó de titular y sólo se perdió la ida de la Final de la UEFA en el Bernabéu. La vuelta, en Alemania, sí que la jugó.

Todo parecía marchar a las mil maravillas. Campeón de Liga y de UEFA, el siguiente reto estaba puesto en México, donde se celebraría el Mundial de aquel año 1986. Por supuesto, Maceda era uno de los fijos en la Selección de Miguel Muñoz. 

Recaída en México 

Antonio Maceda inició los trabajos de aclimatación y preparación en México junto al resto de convocados. Durante una de las sesiones de entrenamiento, el azulgrana Ramón Calderé le dio un golpe en la zona de la rodilla operada. Él no lo sabía, pero estaba empezando un auténtico calvario. Se le extrajo líquido de la rodilla. Quizás lo más sensato hubiera sido detenerse para recuperarse bien, pero el primer partido de la cita mundialista estaba cerca para España. El rival, nada más y nada menos que Brasil. Nuevamente, el jugador y el cuerpo técnico deciden forzar y Antonio Maceda es titular frente a los cariocas.

El encuentro se disputa el día 1 de junio de 1986. Sí. Es el famoso partido del 'gol fantasma' de Michel. Aunque de fantasma no tuvo nada. Fue un gol en toda regla. Un golazo. Víctor sacó de córner y el balón fue a la cabeza, precisamente, de Maceda. El defensa, que había subido al remate, no logró conectar de un modo muy ortodoxo, pero tocó el esférico que sale hacia fuera del área, donde llegaba el jugador madridista. Michel conectó un espléndido disparo y el balón pega en el larguero y entra dentro de la portería. Pero después sale despedido y el colegiado, el australiano Bambridge, que no se me olvida su nombre, no concede el gol. Curiosamente, Antonio Maceda fue el primer jugador que se acercó corriendo al trencilla para pedirle explicaciones. Para engordar un poco más la faena, Brasil anota el único gol (concedido, que quede claro) del partido... en fuera de juego. Desenlace final, 1-0 para Brasil y derrota, totalmente injusta, para España. Aún no lo sabe, pero Antonio Maceda... ha jugado el último partido completo de su carrera profesional. 

Tras jugar aquel partido, la rodilla derecha se resiente y nuevamente tienen que extraerle líquido. El Mundial se acaba para el jugador, que regresa inmediatamente a España para que los médicos del Real Madrid le examinaran. Aunque en un principio los reconocimientos, artroscopia incluida, no son pesimistas, la rodilla no acaba de asentarse. La recuperación total no llega y con la temporada 1986-87 ya en marcha, el jugador tiene que pasar otra vez por el quirófano.

En el dique seco 

Yo siempre pensé que la lesión que frenó su carrera se había producido en México, en aquel partido contra Brasil. Y en cierto modo, sí, fue así. Lo que no sabía era que la rodilla afectada era la misma que le había apartado de los terrenos de juego en marzo de aquel 1986, jugando con el Real Madrid, como descubrí mucho tiempo después, cuando comencé a interesarme por las historias de los jugadores del Real Madrid y empecé a guardar y clasificar entrevistas, noticias y todo lo que caía en mis manos sobre cualquier futbolista que había vestido la camiseta madridista. Forzar no le había hecho ningún bien, estaba claro. La temporada 1986-87 se la pasó Maceda en el dique seco. No jugó ningún partido y tuvo que ver desde la grada cómo sus compañeros ganaban la Liga 1986-87, la del Play Off. 

Un año después, el jugador seguía sin tener el alta médica. Tuvo que esperar a febrero de 1988. Febrero de 1988... Un año y medio sin jugar y cargado de problemas en su rodilla derecha, que llegó a peligrar. Tuvieron que extirparle el menisco externo y a duras penas pudo volver a andar y a ponerse en forma. El día 16 de abril de 1988, por fin, Maceda vuelve a dar patadas a un balón en competición oficial. Fue en Vigo, donde el Madrid empató a cero con el Celta en un encuentro cargado de suplentes y futbolistas del Castilla al reservar Leo Beenhakker al grueso de jugadores titulares de cara a la cita europea con el PSV. Maceda saltó al terreno de juego en el minuto 74 en sustitución de Juanjo Maqueda. En la jornada trigésimo sexta de aquel campeonato de Liga 1987-88, el Real Madrid ganó 3-1 al Murcia en el Santiago Bernabéu. Maceda jugó la segunda parte en sustitución de Emilio Butragueño. Fueron sus últimos cuarenta y cinco minutos como jugador profesional sobre un terreno de juego.

Retirada

La rodilla no daba para mucho más. La suerte estaba echada, pero el Real Madrid renueva una temporada más al defensa. La campaña 1988-89. Es su último ejercicio en activo, pero no logra jugar ningún partido. Con el cierre de la campaña, el 30 de junio de 1989, expira su contrato y Antonio Maceda cuelga las botas. Tenía 32 años recién cumplidos y llevaba tres luchando contra una rodilla que no terminó de curarse del todo.

En total, Antonio Maceda Francés jugó 41 partidos oficiales con el Real Madrid y anotó cinco goles. Ganó cuatro Ligas, una Copa de la UEFA, una Copa del Rey y dos Supercopas. En alguna entrevista ha manifestado, sin embargo, que sólo se siente campeón de los títulos que ayudó a conseguir sobre el terreno de juego con sus compañeros. Lo respeto, claro está. Pero todo el trabajo que realizó durante los entrenamientos y las sesiones de recuperación tenían sentido porque, aunque lesionado, era jugador oficial de la primera plantilla del Real Madrid. Era un jugador más. Y los éxitos, en el fútbol, son colectivos.

Ahora se han cumplido veinticinco años de su retirada. Pero nunca se desligó del fútbol. Se sacó el título de entrenador y dirigió a varios equipos, entre ellos el Sporting de Gijón. Sigue la actualidad del mundo del balompié y hace las labores de comentarista en diversos medios de comunicación. Desde aquí, en 'Historias del Real Madrid', quiere rendir mi particular tributo, con todo mi cariño, a uno de los jugadores más carismáticos de mi niñez. A aquel defensa rubio que le marcó dos goles a Malta, que tumbó con otra diana a Alemania en la Eurocopa de Francia del 84, que empató aquel encuentro del barro frente al Barcelona... A aquel jugador que tantas ganas tenía de que reapareciese con éxito durante los años dorados de la Quinta del Buitre: Antonio Maceda.

jueves, 3 de julio de 2014

EL TRIPLETE 1988-89 Y LA SUPERCOPA

El doblete en Liga y Copa otorgaba la Supercopa de manera automática

Recordaba el pasado día 30 el triunfo del Real Madrid en la Copa del Rey con el que se cerraba la temporada futbolística en España hace veinticinco años y el equipo blanco sumaba un nuevo triunfo. El Real Madrid se convertía en el primer equipo en ganar, en una misma temporada, y sobre el terreno de juego, la Liga, la Copa del Rey y la Supercopa de España.

Matizo bien lo de que ganó aquel triplete "sobre el terreno de juego" puesto que cinco años antes, en la temporada 1983-84, el Athletic Club de Bilbao se alzó con el triunfo en Liga y Copa del Rey, lo que automáticamente le valió la consecución de la Supercopa. El trofeo, que debía disputarse en la siguiente campaña, 1984-85, no se llegó a jugar al ser el Athletic Club el campeón de los dos títulos.

En la temporada 1988-89, sin embargo, se dio la siguiente circunstancia: El Real Madrid empezó la campaña ganando la Supercopa al Barcelona. Es la Supercopa que en muchos libros y publicaciones se sigue denominando, en mi opinión de forma errónea, Supercopa 1987-88, puesto que la disputaba el Real Madrid, en su condición de campeón de Liga 1987-88, y el Barcelona, en su condición de campeón de Copa 1987-88. Sin embargo, el título se disputó en la siguiente temporada, la 1988-89.

A esa Supercopa, se sumó la Liga 1988-89 y la Copa del Rey 1988-89. Es decir, se ganó el triplete al imponerse en todas las competiciones nacionales que se disputaron aquel año.

Pero claro, al proclamarse campeón de Liga y de Copa del Rey, el Real Madrid, al igual que cinco años antes le sucedió al Athletic Club de Bilbao, se proclamó automáticamente campeón de la Supercopa que se hubiera celebrado la temporada siguiente, es decir, la Supercopa 1989-90.

Esto nos dejó un hecho insólito en la historia del fútbol español, y es que el Real Madrid ganó dos Supercopas en la misma temporada. La Supercopa que ganó en los terrenos de juego en septiembre de 1988 y la que se adjudicó como campeón de Liga y Copa de la campaña 1988-89. Esa Supercopa, como ya expliqué en su día, existe físicamente y puede ser contemplada en el Museo del Tour del Santiago Bernabéu.

Sólo se entregaron dos Supercopas de manera 'automática' por hacer doblete. Una fue al Athletic Club de Bilbao en 1984 y la otra fue la que recibió el Real Madrid en 1989.

El siguiente doblete de Liga y Copa no se volvió a registrar hasta el año 1996, cuando el Atlético de Madrid se impuso en las dos competiciones domésticas. Sin embargo, en aquella ocasión, no se le entregó la Supercopa a los colchoneros y el trofeo se disputó al inicio de la campaña 1996-97 entre el Atlético de Madrid y el Barcelona, como subcampeón de la Copa del Rey.

Desde entonces, en caso de doblete el subcampeón de Copa accede a la disputa de la Supercopa, una decisión que no explica por qué no puede tener el mismo derecho a jugar el trofeo el subcampeón de Liga. Pero bueno. Eso es otra historia.

A mí, desde luego, me parecería más justo que la Supercopa fuera a parar, directamente, a las vitrinas del equipo que consigue el doblete, tal y como se hizo en los años ochenta. Si a la RFEF le conviene más que la Supercopa se juegue, por razones de audiencias, televisiones y taquillas, me parece que lo más lógico sería que los subcampeones de Liga y de Copa disputaran un partido previo, una 'semifinal', por así decirlo, en la que se decidiría cuál de los dos subcampeones se jugaría el título con el equipo que hubiera hecho el doblete de Liga y Copa. Creo que sería un poco más justo.

También se podría dar el caso, y no es descabellado aunque hasta el día de hoy no se ha dado nunca, en el que un equipo hiciese un doblete de Liga y Copa y otro equipo fuese el subcampeón en los dos torneos. En ese caso estaría claro que la Supercopa la disputarían el campeón que ha hecho el doblete y el subcampeón. Pero, precisamente en ese hipotético caso, se vislumbraría aún si cabe más el poco sentido que tiene que el subcampeón acceda a jugar un título al que, teóricamente, se accede como campeón de Liga o como campeón de Copa.

¿Qué sentido tiene que un equipo que ha perdido esos dos torneos pueda disputarlo?

El premio debería corresponder al equipo que ha ganado las dos competiciones. Para eso ha sido el mejor. El doblete debería ofrecer el 'valor añadido' de sumar la Supercopa como premio. Tal y como se hizo en la década de los ochenta con Athletic Club y Real Madrid.