lunes, 28 de agosto de 2017

RECORDANDO A JOSÉ ANTONIO SALGUERO

El defensa malagueño pasó siete temporadas en la disciplina del Real Madrid
 
Hace treinta años, en el verano de 1987, se despedía del Real Madrid uno de los jugadores que formaban parte de la plantilla del primer equipo blanco cuando yo empecé a seguir el fútbol allá por la temporada 1983-84. José Antonio Salguero fue uno de los futbolistas que coincidió con la Quinta del Buitre en aquel Real Madrid de los ochenta que tanto me gusta evocar. Era uno de los protagonistas de aquellos cromos que coleccionaba con tanto celo y que se convirtieron en ídolos y personajes vinculados con la infancia...

Jugaba de defensa. Aunque se desenvolvía en varias posiciones de la zaga, pudiendo incluso actuar en el centro del campo, se le recuerda principalmente como líbero, un puesto que a las generaciones más jóvenes les cuesta un poco ubicar. Otro fútbol. Era un futbolista que no se ajustaba al estereotipo de defensa que se podía contemplar en el fútbol de los ochenta. No era un jugador duro, estaba dotado de cierta técnica y veía muy pocas tarjetas. Hacía gala de un potente disparo desde fuera del área que le llevó a convertir casi una decena de goles con la camiseta merengue. De hecho, consiguió ver puerta en todas las temporadas que disputó en el Santiago Bernabéu pese a jugar atrás.

Quizás no fuese un primer espada o un titular fijo. Más bien era un 'jugador doce', uno de esos futbolistas tan necesario en el banquillo para suplir con garantías las ausencias de otros compañeros o para servir de primer recambio para el entrenador. En cualquier caso, jugó mucho y vivió en primera persona algunos de los capítulos más interesantes de la historia del Real Madrid de hace tres décadas. Hoy, en 'Historias del Real Madrid', vamos a recordar la trayectoria de este futbolista. 

Sus inicios 

José Antonio Salguero García nació en la localidad de Fuente de Piedra, Málaga, el 25 de enero de 1960. Junto a su hermano pequeño, Gaspar, comienza a cuajar su afición por el fútbol desde edad temprana. Ambos empiezan a jugar en el equipo de su pueblo junto a uno de sus primos. Por aquella época, nuestro protagonista juega como delantero. Estudió el bachillerato en el Instituto Nacional de Enseñanza Media Pedro Espinosa de la localidad malagueña de Antequera. Allí siguió desarrollándose como futbolista sin descuidar los libros. "La verdad es que, a pesar de mi pasión por el fútbol, en ningún momento descuidé los estudios. No tenía problemas con los exámenes y sacaba buenas notas. En lo referente al Antequerano, he de confesar que esta entidad se interesó por tres jugadores del equipo de mi pueblo, por dos primos míos, Pepe y Ricardo, por un íntimo amigo, Paco Solís, y por mí. De los siete que acudimos a la cita sólo nos quedamos cuatro: Pepe, Ricardo, Paco y un servidor. Nos comprometimos a jugar con el Antequerano en Segunda B. Los cuatro pensamos que no podíamos desechar la oportunidad que se nos brindaba", rememoraba Salguero en una entrevista de Luis Miguel González para As Color.

Del Antequerano Salguero pasó al Club Deportivo Alameda, equipo cuya sede se encontraba cerca de su Fuente de Piedra natal, lo que facilitaba los desplazamientos para entrenar. En el Alameda terminó retrasando su posición sobre el campo y se perfiló en la posición en la que acabaría triunfando como futbolista, la de defensa. Siendo jugador del Alameda tuvo lugar un evento que marcaría el futuro de Salguero, la Primera Olimpiada de Fútbol Juvenil de Andalucía. "Empezaron a buscar chavales para hacer una selección juvenil de Málaga que participara en aquella olimpiada. Cuando Pedro Valencia me comunicó que no dudara en acudir, me puse loco de alegría. Sin embargo, cuando llegué a Málaga ya se había acabado el encuentro. El mundo se me vino encima, pero pronto recuperé el ánimo, ya que hicieron otra selección de los que allí estábamos que se enfrentó al Atlético Malagueño. Según me dijeron, Antonio Benítez estaba muy interesado en verme actuar. Fue él quien aconsejó que el Málaga me fichara. Total: al acabar aquella olimpiada, en la que tuve aceptables actuaciones, fueron a mi casa unos dirigentes del club malagueño para decirme si estaba interesado en firmar por el Málaga, con la condición de que la primera temporada estaría en la plantilla del filial", recordaba Salguero en As Color.

Efectivamente, con diecisiete años Salguero recala en el Málaga y durante la temporada 1977-78 se convierte en una pieza indispensable de la defensa del segundo equipo de la entidad. "Mi paso por el Atlético Malagueño fue muy valioso por varias razones: los buenos consejos que recibí de Antonio Benítez, las alegrías que me llevé y los errores que fui corrigiendo. Una etapa que también fue inolvidable", recordaría el jugador con cariño.

Con dieciocho años, Salguero debuta con el primer equipo del Málaga. Era la temporada 1978-79 y el equipo andaluz estaba en Segunda División. Nuestro protagonista disputa cinco partidos con el equipo, que termina la Liga en segunda posición empatado a puntos con el Almería y consigue el ascenso a Primera División.

En la temporada 1979-80 Salguero disputa 17 partidos, todos ellos de titular, adquiriendo experiencia en Primera División. Su debut en la máxima categoría del fútbol español tuvo lugar el domingo 25 de noviembre de 1979 en La Rosaleda. Málaga-Real Zaragoza. "Cuando el míster dio a conocer la alineación y me vi en ella, sentí... Sí, sentí una especie de escalofríos. Era un debut, con la camiseta blanquiazul del Málaga, que había soñado ver hecho realidad desde muy pequeño", rememoraba el jugador. El encuentro finalizó con empate a uno. Se adelantaron los locales... ¡con gol del debutante Salguero! Un saque de falta en corto cerca del área visitante propició un buen disparo del defensa local que supuso el 1-0. En tiempo de prolongación, Pichi Alonso estableció el definitivo 1-1.

Durante su etapa en el Málaga los ojeadores madridistas ya habían puesto sus ojos sobre el defensa. En 1980, José Antonio Salguero, a sus veinte años, se encontraba realizando el Servicio Militar cuando le confirmaron la noticia del interés del Real Madrid por incorporarle a su disciplina. "Me encontraba en el cuartel cuando un capitán me dijo que me llamaban por teléfono desde el Club Deportivo Málaga para firmar por el Madrid. Al principio lo interpreté como una broma, pero la verdad es que todo iba muy en serio. Me dieron permiso para trasladarme a Madrid y, después de unas pequeñas conversaciones, me comprometía con el Real. Ni yo mismo me lo creía. Era el paso más importante que podía dar en mi vida deportiva", recordaría posteriormente Salguero para el semanal As Color.

Llegada a Madrid

Efectivamente, en el verano de 1980 el Real Madrid se hace con los servicios del andaluz para jugar con el Castilla en Segunda División. Salguero fue una de las tres novedades de aquel Castilla 1980-81 junto a Serrano y Monllor. En agosto de aquel año, en su número 363, el boletín oficial del Club publicó una entrevista de una página con el nuevo futbolista blanco y una de las preguntas, precisamente, versaba sobre si le importaba el hecho de llegar a Madrid para jugar en el segundo equipo. "En absoluto. Ese es el mejor trampolín para llegar al Real Madrid. Además, está la Recopa. Será mi debut internacional y estoy ilusionadísimo. Nos vamos a encontrar con los mejores equipos de Europa y espero que el Castilla dé su verdadera medida, que es muy grande. El Castilla es un Primera División, que tiene que jugar en Segunda...", argumentaba el nuevo jugador merengue.

En aquella entrevista, a modo de presentación de cara a los aficionados, se le pedía definirse a sí mismo. "Creo que soy honrado en el campo y esa es la principal virtud de un futbolista. Técnicamente no sabría describirme. Eso es tarea de los periodistas", contaba Salguero, que apuntaba que en todos sus anteriores equipos había actuado como líbero y reconocía que sería "muy difícil" quitarles el puesto a jugadores como Benito, Sabido o García Navajas. "Pero, para mí lo más importante es que me consideren como un amigo, como un compañero, antes que a alguien que viene a hacerles la competencia", matizaba el malagueño. 

Durante sus primeros meses de estancia en la capital, Salguero tuvo que compaginar el balón con sus obligaciones castrenses en la 'mili'. "Soy voluntario, y hasta Navidades no acabo. Espero que me concedan el cambio de Región Militar, para incorporarme lo antes posible a la disciplina del Club", comentaba en agosto de 1980. Pero no fue así. Tuvo que estar a caballo entre Málaga y Madrid. "Desde el mes de septiembre de aquel año, en el que se inició la temporada, hasta el mes de enero de 1981, cuando me licencié, venía a Madrid los fines de semana para alinearme con el Castilla. En esos cinco meses pensé que lo mejor era casarme y afincarme definitivamente en Madrid", recordaba en una entrevista para As Color. Tras concluir el Servicio Militar, José Antonio Salguero contrajo matrimonio con su novia, Carmen Gutiérrez. Fue el 25 de enero de 1981, precisamente el mismo día que cumplía 21 años.

En lo estrictamente deportivo, Salguero es titular indiscutible con el filial que entrenaba el malogrado Juanjo. Y, como ya anticipaba en su entrevista de presentación, el malagueño debuta en competición europea, puesto que el Castilla fue el representante español en la Recopa de Europa 1980-81 en calidad de finalista de la Copa del Rey en la famosa Final fratricida de junio de 1980. El Real Madrid ganó Liga y Copa. Al disputar la Copa de Europa, la plaza para la Recopa quedó en manos del Castilla. Salguero jugó los dos partidos frente al West Ham inglés en los que los madridistas casi rozaron la gesta de pasar la eliminatoria. Ganaron el encuentro de ida en el Bernabéu 3-1 y en la vuelta los británicos necesitaron de la prórroga para dejar fuera al filial. En el Castilla, José Antonio Salguero coincidió con futbolistas como Chendo y Ochotorena. Aquel año llegó a ser internacional con la Selección Sub-21. 

Debut primer equipo

En la siguiente campaña, 1981-82, Salguero sigue fogueándose en el Castilla. En su segunda campaña en el filial tiene como compañeros a otros jugadores que también llegarán al primer equipo como Fraile, Bernardo o dos de los principales miembros de la Quinta del Buitre: Míchel y Butragueño. Algunos de estos futbolistas llegan a debutar con el primer equipo del Real Madrid en el famoso partido de la huelga de futbolistas, el encuentro disputado en Castellón el 11 de abril de 1982. Ganó 1-2 el Real Madrid y el segundo gol de los blancos lo anotó precisamente nuestro protagonista.

Curiosamente, algunos futbolistas no consideran aquel partido de la huelga como el de su debut. José Antonio Salguero parecía ser uno de ellos teniendo en cuenta sus propias palabras. “Mi debut con el Real Madrid lo hice en 1982 durante una gira por Venezuela. Luego jugué el Trofeo Bernabéu y varios partidos de Liga. Para mí fue una gran alegría porque veía cumplido el sueño de niño. Siempre me había planteado como meta jugar en el mejor club del mundo. Entre mis grandes ilusiones figuraba la de jugar con el Real Madrid. Me acuerdo que el día más feliz de mi vida fue el de mi debut en el Santiago Bernabéu. Nunca podré olvidar ese momento y la emoción que me recorrió por todo el cuerpo”, rememoraba el jugador en el coleccionable Historia viva del Real Madrid publicado por el diario ABC.

En realidad, Salguero ya se había enfundado la camiseta del 'primer' equipo en febrero de 1982, en un encuentro de carácter amistoso que enfrentó al Real Madrid con la Selección de la URSS y que sirvió para inaugurar los videomarcadores de un Estadio Santiago Bernabéu que seguía modernizándose de cara al Mundial de aquel próximo verano. En aquel partido Boskov alineó a futbolistas de la primera plantilla con jugadores del Castilla y Salguero saltó al césped en el once inicial. Posteriormente, en abril, jugaría el citado partido de la huelga en Castellón y en mayo de 1982, tras finalizar la Liga, Salguero formó parte del equipo madridista que realizó una gira primaveral que llevaría a los madridistas a jugar en el continente americano. Su rendimiento debió de convencer a los técnicos...

Su llegada definitiva a la primera plantilla se registró en la temporada 1982-83. Salguero se presentó con el equipo como miembro del primer equipo. "No sé cómo explicar la alegría que siento de verme en la primera plantilla del Real Madrid. Espero y confío que este salto que he dado, un paso muy importante, sea definitivo. Es decir, que no vuelva al Castilla o que me cedan. La verdad es que cuando vine de Málaga al Madrid esperaba que llegara esta oportunidad y espero aprovecharla. ¿Si me paré a pensar por qué me han incorporado al Real Madrid? La verdad es que no. Pero pienso que ha sido por la regularidad que he venido manteniendo en el Castilla", contaba el defensa con motivo de su incorporación al primer equipo.

En septiembre de 1982, el boletín informativo del Club, en su número 388, recoge una serie de pequeñas entrevistas con los nuevos jugadores de la primera plantilla. "Confío en mí", señalaba José Antonio Salguero en el titular. Al jugador ya se le advertía que no le resultaría fácil jugar en una posición de líbero que ya contaba con jugadores de la talla de Gallego y Stielike. "Fácil, indiscutiblemente, no es, pero tengo muchas ganas e ilusión y aprovecharé las oportunidades que se me den", reconocía un Salguero que, no obstante, aludía a su polivalencia. "Puedo ser igualmente centrocampista o central, pero el puesto que más me gusta, en el que estoy más cómodo, es el de líbero. Tendría incluso más difícil la posibilidad de jugar en el medio del campo, porque hay muchos jugadores, y como defensa central tendría la competencia de Bonet. Nada lo tengo fácil, pero confío en mí", argumentaba Salguero.

Como se puede comprobar, Salguero era realista ante el panorama que se le presentaba de cara a la temporada 1982-83. Además de la competencia con Gallego y Stielike por un puesto como líbero hay que recordar que había numerosos jugadores para la defensa del equipo. Aquel mismo verano, junto a Salguero, también ascendió al primer equipo otro defensa del Castilla, Fraile. Y el Club acababa de fichar a Juan José, Bonet y el neerlandés Metgod. Todos ellos defensas. En total, cinco nuevas incorporaciones para la zaga del Madrid. Eso sí, también hay que recordar que en aquella temporada 1982-83 el Real Madrid afrontaría cinco competiciones (Liga, Copa del Rey, Recopa de Europa, Copa de la Liga y Supercopa de España) por lo que el nuevo técnico, Alfredo Di Stéfano, tendría que dar oportunidades a muchos jugadores. "Sí, hay varias competiciones, será una dura temporada, y habrá probabilidades de jugar", advertía el malagueño dando muestras de paciencia. "Soy muy joven y precisamente soy optimista sobre mi futuro en el Madrid, porque tengo mucho tiempo por delante", añadía el zaguero. Desde la revista oficial se le preguntaba si pensaba que era mejor estar en el Madrid aunque no se jugase a menudo o ser cedido a otro club para jugar continuamente. "Creo que es mejor estar aquí, porque aunque no juegue mucho, se adquiere incluso más experiencia que si estuviera jugando en otro equipo", respondía Salguero.

Efectivamente, en su primera temporada en el primer equipo, 1982-83, Salguero fue un jugador a tener en cuenta por Di Stéfano. Con tantas competiciones y tantos partidos hubo minutos para todos. El defensa malagueño disputó la nada despreciable cifra de 31 partidos oficiales. Jugó en las cinco competiciones en las que participó el equipo y consiguió anotar 3 goles. Especialmente recordado fue el que anotó frente al Inter de Milán en la Recopa de Europa. Fue el 16 de marzo de 1983, en el Santiago Bernabéu, en cuartos de final de la Recopa de Europa. En la ida, en Italia, el resultado había sido de empate 1-1. En la vuelta el Madrid tuvo que remontar el partido. Altobelli adelantó a los foráneos en el primer tiempo. A los cinco minutos de la segunda mitad los blancos dispusieron de un lanzamiento de falta al borde del área y Salguero soltó un tremendo obús que se coló en la portería rival. Pocos minutos después, Santillana, de cabeza, certificaría el pase a las semifinales. "Era la primera vez que marcaba un gol en competiciones europeas. La impresión que me causó fue grande y la verdad es que es un recuerdo imborrable para mí", recordaría unos meses después.

Fue el año de los cinco subcampeonatos. Fue la gran espina que le quedó clavada a la plantilla de aquella temporada. Se llegó lo más lejos que se pudo en todas las competiciones pero no se logró ningún título. 

Temporada 1983-84

La segunda campaña de Salguero en el primer equipo, 1983-84, fue menos fructífera para el jugador en cuanto a número de partidos jugados. De hecho, aquella fue la temporada que menos partidos disputó durante su estancia en Madrid.

En abril de 1984, en su número 407, la revista Real Madrid ofrece una entrevista con Salguero y un poster a color de una página del jugador malagueño. "Trato de ser honrado en el campo", rezaba el titular. A lo largo de dos páginas el jugador recordaba sus comienzos en el Club blanco y repasaba lo que había dado de sí su estancia en el primer equipo. Desde la revista se mencionaba la evidencia de que aquel ejercicio 83-84 no estaba siendo su temporada y se le preguntaba a qué lo atribuía. "No sé, el mundo del fútbol es muy complicado. Empecé la temporada jugando, pero salí del equipo, parece que el entrenador no cuenta ahora conmigo, pero eso es normal, en la plantilla somos muchos jugadores y es imposible que todos juguemos. Yo lo único que espero es que muy pronto vuelva a confiar en mí", respondía Salguero. El periodista apuntaba que debía de ser duro estar trabajando toda la semana para después no estar en la lista de convocados. "Qué duda cabe, porque estás trabajando toda la semana con bastante ilusión y esperando que cuando den la lista estés tú. Te desilusionas un poco, pero el fútbol es así y luego lo único que haces es intentar apoyar desde fuera a los compañeros para que ganen", contaba el defensa madridista, que además puntualizaba que en un encuentro se sufría más desde la grada que en el campo. "Te ves inútil, impotente, no puedes hacer nada y esto te pone nervioso", matizaba Salguero.

De aquella entrevista hay otro pasaje muy importante en cuanto a la biografía del jugador se refiere. Fue durante aquella temporada 1983-84 cuando empezó a estudiar la carrera de Derecho. "Al tener las tardes libres, pienso que es interesante que se nos vaya quitando a los futbolistas la mentalidad de venir a llevarse el mayor dinero posible, en convertirte en un mueble. Creo que el futbolista es ante todo una persona, y como tal se tiene que dar cultura a sí mismo. Además, el fútbol se acaba cuando menos te lo esperas y si has tenido suerte puedes tener algo, pero si no luego no sabes lo que hacer. Pienso que estudiar, además de aumentar mi cultura, con un poco de suerte, me ha de valer para mi futuro", contaba de manera profética el jugador.

Precisamente aquel mes de abril de 1984, Salguero marcó un gol en el triunfo por 2-1 frente al Valladolid en la penúltima jornada del campeonato liguero. Fue el tanto con el que se abrió el marcador y un gol 'marca de la casa' para el defensa. Una falta al borde del área y un potente lanzamiento a las redes. En total, aquella campaña disputó 14 partidos oficiales, 8 de Liga, 5 de Copa del Rey y 1 de Copa de la UEFA.

Primeros títulos

Durante sus dos primeras campañas en la primera plantilla los títulos dieron esquinazo al Real Madrid. La temporada 1984-85 sería complicada, pero por fin llegaron los éxitos colectivos. Éxitos que también se consiguieron gracias a su colaboración. Su participación en el equipo fue de menos a más con el paso de las jornadas y los meses...

Marzo de 1985. Número 418 del boletín oficial del Real Madrid. José Antonio Salguero es el protagonista de una entrevista de tres páginas en la que podemos leer reflexiones del jugador haciendo balance de su trayectoria en el equipo. Se muestra "muy contento", aunque también exigente consigo mismo. "Satisfecho no por completo, porque creo que no he dado todavía futbolísticamente todo lo que podía haber ofrecido", confesaba. "Ahora, afortunadamente, parece que me van las cosas mejor y voy entrando en varias ocasiones en el equipo", apostillaba.

Salguero se deshacía en elogios hacia sus compañeros, incluso con aquellos que, como el alemán Stielike, eran competencia directa para él a la hora de encontrar un hueco en el once titular. "Uli es un gran jugador, no le voy a descubrir. Lleva nueve temporadas en España, pienso que los mejores de su carrera futbolística, y siempre da todo lo que  tiene dentro en el campo. Prueba de todo ello es que ha llegado en el Madrid a triunfar, siendo éste uno de los mejores equipos europeos. En lo referente a la diferencia entre nuestro juego, pienso que cada uno tiene sus cualidades y sus defectos, y esto no se puede cambiar; lo que ocurre es que ambos luchamos por un solo puesto y ello implica que cuando uno actúe el otro no lo haga. Aunque creo que hay veces en las que ambos podemos jugar en el equipo", explicaba el malagueño.

Precisamente en marzo de 1985 el líbero germano sufrió una afección hepática que le mantuvo más de un mes fuera de los terrenos de juego. Salguero ocupó su puesto con solvencia y demostró una vez más lo oportuno que resultaba contar con un jugador como él en las filas de la plantilla. El equipo afrontaba la recta final de una temporada en la que, por fin, llegarían los títulos.

El primero fue, además, un título europeo. La temporada 1984-85 nos dejó algunas de aquellas inolvidables remontadas que nos permitieron acceder a la Final de la UEFA frente al Videoton. Salguero pudo disputar unos minutos del encuentro de ida en el campo del conjunto húngaro, donde el Madrid ganó 0-3. Una lesión le impidió jugar en la vuelta, en el Bernabéu, pero lógicamente el malagueño estuvo junto a sus compañeros a la hora de recoger aquella primera Copa de la UEFA para el Club. "Antes de empezar el partido nos dijeron los compañeros que deberíamos estar presentes toda la plantilla en el campo una vez recogida la copa. El título significa mucho, ya que aparte de ser el primero con el Madrid lo hemos obtenido en una temporada muy dura para nosotros. La sensación que se tiene al estar con el trofeo en la mano es algo que desgraciadamente no había sentido nunca, espero poder sentirla con el Real Madrid muchas más veces", contaba Salguero a la revista del Club.

Poco tiempo tardaría Salguero en volver a levantar un trofeo. Pocas semanas después, en junio de 1985, el Real Madrid se proclamaba Campeón de la Copa de la Liga frente al Atlético de Madrid. Salguero había jugado los dos partidos completos de los cuartos de final en los que el Madrid eliminó al Barcelona. Era su segundo título en su palmarés particular.

En su cuarta campaña en la primera plantilla Salguero disputó 28 encuentros oficiales en los que marcó dos goles, ambos en Liga. El defensa participó en las cuatro competiciones que disputó el Madrid aquel año.

En el siguiente ejercicio, 1985-86, Salguero jugó de nuevo 28 partidos oficiales. El malagueño volvió a demostrar un año más que podía ser útil en una plantilla que se había reforzado con jugadores de la talla de Hugo Sánchez, Gordillo o Maceda. "Mi deseo a nivel global es que el equipo consiga grandes títulos. A ser posible la Liga, una competición que se nos ha escapado últimamente y que intentaremos llevar a nuestras vitrinas. En el terreno personal, el objetivo es que las cosas me salgan bien y lograr triunfar, aunque para ello hay que jugar más asiduamente de lo que he venido haciendo hasta ahora. Es la única forma de mejorar y en ello voy a poner todo mi empeño", expresaba el defensa durante la presentación de la plantilla.

Un año más, y fue una constante a lo largo de la carrera madridista de Salguero, la competencia fue dura a la hora de encontrar un hueco en el equipo. "En el plano deportivo mi mayor problema es que ha ocurrido siempre que he tenido delante a grandes jugadores como Metgod, en la primera temporada, Stielike, más tarde, y Antonio Maceda, ahora. Es muy difícil, entonces, que pudiese demostrar mi calidad futbolística en una posición como es la de hombre libre de la defensa, que es donde creo mejor y más cómodo me encuentro, aunque de hecho he actuado en otras zonas que han ido desde lateral a delantero. En este sentido creo que la circunstancia de haber podido ser alineado en varias posiciones cuando el equipo lo necesitaba es el principal motivo para que se hablase bien de mí", detallaba Salguero para la revista del Real Madrid. El jugador insistía en la necesidad de disponer de regularidad para rendir al mejor nivel posible. "Es vital y muy importante la continuidad en los partidos. No sólo te hace coger forma, fondo, en definitiva, forma física, sino que además adquieres esa colocación en el campo tan importante en este puesto y ese saber que pese a un mal momento, que todo jugador puede tener a lo largo de un partido, al domingo siguiente vas a tener la oportunidad de enmendarlo. La continuidad te hace adquirir confianza a la hora de hacer un dribling o simplemente un pase de treinta o cuarenta metros", argumentaba cargado de razón el defensa malagueño.

En aquella entrevista, publicada en el número 430 del boletín oficial, correspondiente a abril de 1986, Lorenzo Martínez le preguntaba al jugador si pensaba que su labor había sido valorada en su justa medida. "Creo que el año pasado la valoración que se hizo a mi labor fue mínima. Cuando Stielike sufrió un proceso hepático quien cogió su puesto, en un momento muy responsable, fui yo, y el equipo consiguió llegar a la Final de la Copa de la UEFA y de la Copa de la Liga, competiciones que ganamos. Pienso, sinceramente, que su ausencia en los encuentros que jugué no se echó en falta y ello no se me valoró. Esto me ha dolido un poco", respondía un Salguero que seguía deseando jugar más pero que se mostraba satisfecho de su presencia en el Santiago Bernabéu. También mostraba satisfacción el Club con su rendimiento hasta el punto de que se le renovó por dos temporadas más. 

Salguero siguió disfrutando de los éxitos colectivos de aquel Real Madrid 85-86. Por fin pudo sumar un título de Liga a su palmarés. Y en Europa un nuevo triunfo con la consecución de la segunda Copa de la UEFA. Salguero jugó los noventa minutos del encuentro de ida disputado en el Bernabéu frente al Colonia alemán que concluyó con victoria aplastante por 5-1 dejando el título encarrilado.

"Ha sido una de las temporadas más completas de las que he vivido con este Club. Ser Campeón de Liga por primera vez y revalidar el título europeo me ha producido una enorme satisfacción, ya que es ver cumplido un trabajo y esfuerzo que se ha realizado todo el año. Me produce una sensación extraña, de inmensa alegría", señaló el jugador al término del ejercicio 1985-86.

Temporada 1986-87

La quinta campaña en el equipo para José Antonio Salguero comenzó con un nuevo fichaje para la defensa. El asturiano Bernardino Serrano 'Mino' llegó al Bernabéu para apuntalar una línea mermada con la lesión de Antonio Maceda en el Mundial de México. Una lesión que le terminaría retirando del fútbol. En la plantilla también se hizo hueco al canterano Juan José Jiménez Martos. "Tengo que comenzar como es habitual en el Real Madrid como casi siempre, luchando por un puesto. Todos tenemos grandes ilusiones puestas en la campaña que hoy ha comenzado oficialmente para nosotros y esperamos revalidar los logros de la pasada. Todavía perdura un poco la euforia de los éxitos conseguidos, lo que puede peligrar un poco. Pero, por otro lado, también nos puede venir muy bien, para que el inicio sea muy animoso y con muchas ganas", contaba Salguero el viernes 18 de julio de 1986, día de la presentación de la plantilla.

Y precisamente aquella temporada 1986-87 sería la campaña en la que más minutos dispuso durante su estancia en el primer equipo. Con los números en la mano, fue su mejor temporada como madridista. Le costó un poco encontrar hueco en las primeras semanas de competición. Pero a partir del mes de octubre Salguero se afianzó en el eje de la defensa y disfrutó de la titularidad y la continuidad que tanto anhelaba. 

En diciembre de 1986 el número 437 del boletín informativo del Real Madrid reconocía el buen momento que atravesaba el jugador. "Salguero, reconocido y admirado", apuntaba el titular de una extensa entrevista de tres páginas. "Se ha convertido durante lo que se lleva disputado de temporada en uno de los jugadores más en forma y brillantes de cuantos se encuentran encuadrados en nuestro balompié hispánico", comentaban desde la publicación oficial en el texto de entrada. 

"Sé mis condiciones y desde luego puedo decir que mi labor ahora no es ningún descubrimiento, ni una cosa de flor de un día que me haya surgido durante estos meses. Lo que ocurre es que antes, digamos que un poco por la precipitación, el miedo a no hacerlo bien, la responsabilidad de que si te salían las cosas mal te iban a sustituir, no tenía la confianza que tengo en estos instantes. Pero, bueno, gracias a Dios he hecho varios encuentros creo que muy buenos y eso me ha dado seguridad. Y lo más importante, que el entrenador ha depositado la suya en mí", confesaba un Salguero que hablaba sobre la continuidad en el juego y el apoyo del aficionado. "Lo primero ahora lo tengo y se nota. Sobre el otro particular, sé que había personas que eran adictas a mí, otras que no les gustaba mi forma de jugar y otro gran número de aficionados que se encontraban indecisos y esperaban por si definitivamente respondía o al contrario iba hacia abajo. Afortunadamente en estos encuentros pienso que este último grupo se ha inclinado a mi favor. Esto me hace sentirme mucho más tranquilo, más a gusto, ya que pienso que les he satisfecho a ellos y que, también, lo he hecho a mi interior. Todo esto se nota en el campo a la hora de desarrollar tu función. Es muy importante para un jugador saber que cuentas con el apoyo de la afición", comentaba nuestro protagonista.

La temporada 1986-87 transcurrió con el equipo peleando por la cabeza de la Liga y avanzando en la Copa de Europa a través de eliminatorias como aquel inolvidable duelo frente a la Juve de Platini. "La eliminatoria frente a la Juventus fue una de las cosas más bonitas que he vivido en el fútbol", comentó Salguero al respecto. Se cayó en semifinales con el Bayern, pero en Liga el Real Madrid se encaramó al liderato y certificó el título en la fase del Play Off. El equipo se proclamó Campeón de Liga el 14 de junio de 1987 en Zaragoza. En La Romareda, los de Beenhakker vencieron 1-3. Aquel día, José Antonio Salguero portó el brazalete de capitán del Real Madrid. 

"Se ha mantenido un nivel de juego bueno y debido a esa regularidad se obtuvo el fruto deseado", contaba Salguero tras ganar su segundo campeonato de la regularidad. "Fue muy importante cómo llegamos a la vuelta final de la Liga, pues al ser una incógnita desde el principio cómo íbamos a estar todos la teníamos un cierto miedo. Es de resaltar la buena preparación física que hemos tenido, así como la unión existente entre todos", describía el malagueño sobre la campaña en declaraciones recogidas por la revista oficial del Club. Salguero también hacía balance de su aportación. "La temporada, particularmente, resultó irregular, pues a pesar de que jugué más encuentros completos que en otras, no fue de forma continua. No jugué de principio, luego sí y, además, manteniendo un nivel aceptable, pero desaparecí y volví al final", analizaba. 

Salguero seguía siendo crítico consigo mismo y pensaba que podía aportar más al equipo. En cualquier caso, en la temporada 1986-87 jugó en las tres competiciones que disputó el Real Madrid alcanzando los 36 partidos oficiales. 28 de Liga, en los que marcó un gol, 4 de Copa de Europa y 4 de Copa del Rey. 

Tras el Madrid 

Sin embargo, José Antonio Salguero puso punto y final a su etapa madridista en el verano de 1987. La llegada de Miguel Tendillo al Club le terminó abriendo las puertas. El futbolista fue fichado por el Sevilla de cara a las siguientes tres temporadas y el martes 21 de julio de 1987 fue presentado como nuevo jugador hispalense. El defensa tenía ofertas de Málaga, Zaragoza y Murcia. "Me he decidido por el Sevilla tras sopesar todos los factores, económico, deportivo y personal", manifestó Salguero en declaraciones recogidas por el diario Marca al día siguiente. "En el Madrid no tenía la continuidad necesaria para demostrar un nivel alto. Sólo estaba para tapar huecos. Todos los jugadores fallamos pero a algunos se les perdonan los fallos y a otros no. A mí no me han perdonado. Yo tengo sitio en el Madrid y en el Sevilla, aunque quizás allí no pudiese demostrarlo", contaba el defensa. Salguero se disputaría un puesto en su nuevo equipo con Antonio Álvarez, histórico del equipo hispalense. "La presencia de Álvarez es mejor para mí y para el Sevilla, pues a mí me servirá como estímulo y al Sevilla como una garantía atrás, pues jugará el que esté mejor", apuntó Salguero que también tuvo buenas palabras para su nuevo club, uno de los importantes del fútbol español. "Habrá que tener más agresividad para estar entre los mejores, pues técnica tiene. Yo pienso mantener la mentalidad de los jugadores que hay en el Madrid", sentenció.

En el Sevilla, José Antonio Salguero siguió jugando con una camiseta blanca y disfrutó de la continuidad que le faltó en Madrid. Completó las tres temporadas que había firmado y otras dos más. En enero de 1992, el periodista Luis Miguel González entrevistó al malagueño en la sección 'La vida de los mejores', del semanario As Color. Ya en su quinta campaña como sevillista, el jugador hacía balance de aquella etapa. "Hasta la fecha, en mi modesta opinión, pienso que he mantenido una gran regularidad, pero estoy satisfecho a medias. Y se lo voy a explicar. Me hubiera encantado haber logrado algún título con el Sevilla. Es un club histórico al que sólo le falta que conquiste galardones. Hay buena plantilla y deseos de llegar lo más lejos posible. Este año acabo mi contrato con el Sevilla. Si todo sigue como hasta ahora, confío en renovar. Aún estoy en condiciones de rendir al máximo, como mínimo, un par de temporadas más. ¿Después...? El tiempo dirá, aunque casi con toda seguridad, cuando me retire del fútbol, me ponga a ejercer como abogado. Me queda una signatura para terminar la carrera de Derecho", relataba Salguero.

Terminó aquella temporada 1991-92 como titular, pero no renovó. En total fueron cinco años más en la élite. Salguero, que llegó a convertirse en capitán del equipo hispalense, fue un fijo en las alineaciones sevillistas durante aquel lustro entre las temporadas 1987-88 y 1991-92.

En el verano de 1992, con 32 años, recaló en el Mérida, en Segunda División. El equipo emeritense, que trataba de reponerse de la reciente pérdida de su entrenador, Juan Gómez 'Juanito', compañero de Salguero en el Madrid, peleaba por subir a Primera División. Durante las temporadas 1992-93, 1993-94 y 1994-95 el defensa malagueño fue fijo en el equipo aportando su experiencia y su buen hacer. En la temporada 1994-95 el Mérida consigue el ascenso a Primera División. Durante el verano del 95 parecía que Salguero seguiría en el equipo y que volvería a saborear la máxima categoría del fútbol español. Sin embargo no fue así. Con 35 años, Salguero cuelga las botas tras diecisiete temporadas como profesional, once de ellas en la máxima categoría. Jugó más de medio millar de partidos oficiales a lo largo de toda su carrera con sus diferentes equipos y fue Internacional Sub-21.

Con el Real Madrid disputó un total de 138 encuentros oficiales en los que anotó 9 goles. Durante su estancia en el Club ganó dos Ligas, una Copa de la Liga y dos Copas de la UEFA.

Epílogo

José Antonio Salguero pertenecía a aquellas generaciones de futbolistas que hicieron la 'mili' y que compaginaron fútbol y estudios, algo impensable hoy en día. Empezó a estudiar Magisterio, pero lo tuvo que dejar al hacer el Servicio Militar. Posteriormente, siendo jugador del Madrid, inició Derecho y terminó la carrera. Tras su retirada José Antonio Salguero, tal y como aventuraba en varias de sus entrevistas de su época en activo, trabajó como abogado y es propietario de una empresa de asesoría fiscal, laboral y subvenciones para empresas. Aunque se desligó del fútbol profesional sí que se le ha podido ver en algunos actos relacionados con el Real Madrid junto a otros ex jugadores del Club y ha estado vinculado al Departamento de Peñas. Recientemente, por ejemplo, le pudimos ver en el entierro de Manuel Velázquez o en los actos de homenaje celebrados con motivo del 25 aniversario de la muerte de Juanito.

"Sigo manteniendo una vinculación con el Real Madrid porque los fines de semana, cada vez que hay actos de peñas, que son un montón los que hay, tengo la posibilidad de ir representando al Club a diversas ciudades y diversos pueblos donde me lo paso sensacional, porque es volver a recordar un poco ese madridismo que existe por toda España y de alguna forma ellos elogian a una persona que ha sido jugador del Real Madrid", contaba el propio Salguero en una entrevista para Diario As.

El madridismo de José Antonio Salguero se fraguó a lo largo de todas aquellas temporadas en las que peleó por hacerse un hueco en el equipo. Aportando su granito de arena siempre que saltaba al terreno de juego. Fue todo un profesional que no dejó de trabajar nunca y que se sobrepuso a las adversidades cuando quedaba fuera de las convocatorias. Seriedad, honestidad y profesionalidad fueron algunas de sus señas de identidad como jugador del Real Madrid a lo largo de siete años. Estuvo presente en los momentos más difíciles que atravesó el equipo durante los primeros años de la década de los ochenta, pero también participó en los primeros éxitos de la etapa triunfal de aquella década. Compartió vestuario con grandes estrellas del Club. Testigo directo y protagonista de las inolvidables remontadas europeas y de la eclosión de la Quinta del Buitre, Salguero fue uno de los nombres propios del fútbol español de aquella década que tan buenos recuerdos nos evoca a muchos. Pero, sobre todo, según se desprende de todos los apuntes biográficos consultados, es un gran tipo. Buena gente. Treinta años después, me apetecía recordar su figura aquí en 'Historias del Real Madrid'.

viernes, 14 de julio de 2017

EL VERANO DE 1992

Recuerdos de la formación del Real Madrid 1992-93

Recuerdo que el verano de 1992 fue muy especial. Y no sólo por los Juegos Olímpicos de Barcelona. Todos los años seguía la actualidad de las pretemporadas del Real Madrid con inusitado interés. La incorporación de los nuevos fichajes, las presentaciones de futbolistas, la presentación oficial de la plantilla, los torneos veraniegos... Sin embargo, en aquella ocasión, lo hice con mayor rigor si cabe. No ganar la Liga en la temporada 1990-91 no me dolió mucho. Pero perder aquella Liga 1991-92 en Tenerife sí que me dolió. Muchísimo, además. En el verano del 92 seguí con atención todos los movimientos que hubo alrededor del equipo. Deseaba y esperaba volver a ver un Real Madrid competitivo que ganara títulos. 

En el capítulo de bajas hubo dos muy tristes para mí. Hugo Sánchez no siguió. Sus problemáticos últimos meses de la temporada 1991-92 hicieron inviable su continuidad. De hecho, durante la recta final de la anterior campaña estuvo suspendido de empleo y sueldo. Tras siete temporadas también puso punto y final a su etapa madridista otro ilustre, Rafael Gordillo, que a sus 35 años regresó al Betis, entonces en Segunda División. Era el final de una época. Gordillo y Hugo Sánchez habían llegado juntos al Madrid en el verano de 1985. También abandonó el equipo Adolfo Aldana. El canterano era un muy buen futbolista, tal y como demostraría en su siguiente destino, el Deportivo. Se trataba de otro de los jugadores que había saboreado algunos de los triunfos de la gloriosa época de la Quinta del Buitre. Había debutado en la temporada 1987-88 y aunque no gozó de demasiadas oportunidades cumplía cuando salía y dejó el Santiago Bernabéu con un balance de 95 partidos oficiales disputados y 17 goles con la camiseta blanca.

Pero, sin duda, lo que más me dolió fue la marcha de Gica Hagi. El rumano tuvo que hacerse las maletas en un momento de plenitud, con 27 años y habiendo realizado una muy buena temporada. Es cierto que las expectativas generadas con el futbolista en su primera campaña, 1990-91, no se cumplieron. Pero su segundo ejercicio fue realmente bueno. Era un jugadorazo, con una zurda descomunal, técnica exquisita y un gran olfato de gol. Se había convertido en uno de mis ídolos en una época en la que aún seguía teniendo ídolos a la vieja usanza, como cuando era un chavalín. Me hubiese gustado que hubiera seguido en el Real Madrid. Pero en aquellos tiempos sólo podían jugar tres extranjeros e iba a llegar algún nuevo fichaje... Lo que nunca entendí fue el destino que tuvo Hagi. Del Real Madrid pasó al Brescia, que aquella temporada 1992-93 descendió a la Serie B italiana. Y allí siguió en la 1993-94. No entiendo cómo pudo llegar a jugar en Segunda División. Tenía calidad para mucho más...

El Madrid 1992-93

Unos se marchaban y otros llegaban. Empezando por el banquillo. Leo Beenhakker renunció a su contrato como entrenador. Había que iniciar un nuevo proyecto y eso suponía la llegada de un nuevo preparador. El elegido fue Benito Floro, técnico del equipo revelación de la campaña 1991-92. Floro había llevado al Albacete de Segunda B a Primera División en dos temporadas y en su primer ejercicio en la élite había sorprendido con el equipo manchego, que estuvo a punto de clasificarse para la Copa de la UEFA. 

En el capítulo de jugadores se especuló y se barajaron varios nombres. Se habló del alemán Jürgen Klinsmann para la delantera. También se barajó la incorporación de Miquel Soler, futbolista del Barcelona que había jugado la temporada 1991-92 cedido en el Atlético de Madrid. Soler no entraba en los planes de Cruyff, pero claro, desde el Barça no pensaban facilitar la salida de un futbolista con dirección al Real Madrid. La operación hubiera sido muy costosa, así que Soler se quedó una campaña más en el Barcelona.

Al que se fichó fue a un jugador del Sevilla que, curiosamente, había jugado cedido en el Barcelona. Fernando Muñoz García, conocido futbolísticamente como Nando, disputó dos campañas (1990-91 y 1991-92) con el conjunto azulgrana, que finalmente no ejerció la opción de compra que tenía sobre el futbolista, de tal manera que el defensa regresó a Sevilla y en julio de 1992 recaló en el Real Madrid.

También de Sevilla llegó el recambio para Hugo Sánchez. El nuevo ariete encargado de perforar las redes de las porterías rivales sería el chileno Iván Zamorano. El nuevo futbolista blanco fue presentado en el Santiago Bernabéu el martes 14 de julio de 1992, tal día como hoy de hace veinticinco años.

Las relaciones institucionales entre Real Madrid y Sevilla parecían atravesar un buen momento. Los dos fichajes llegaron desde el club hispalense. E incluso se habló de un hipotético pase de Luis Enrique al Sevilla. La operación debió de estar cerca de cerrarse, pero finalmente el futbolista asturiano se quedó en el Madrid y lo cierto es que con Benito Floro jugó mucho aquella temporada demostrando ya su característica polivalencia.

Al margen del cuerpo técnico y de los dos fichajes, Nando y Zamorano, hubo alguna incorporación desde la cantera. El guardameta Juan Miguel García Inglés, Juanmi, se incorporaba a la primera plantilla del Real Madrid en calidad de tercer portero. Jugó en algún amistoso, aunque no llegó a debutar en competición oficial. También subió al primer equipo José Alberto Toril, que contó con minutos en la pretemporada del equipo y que llegó a disputar dos partidos de Liga y dos de Copa de la UEFA en aquella campaña 1992-93.

Con la pretemporada volvería al equipo Robert Prosinecki, lesionado de gravedad desde octubre de 1991. El centrocampista se había perdido prácticamente toda la temporada 1991-92, así que se podía decir que empezaba de cero. De hecho, la vuelta de Prosinecki fue celebrada casi como la llegada de un fichaje.

Aquel nuevo Real Madrid se presentó en el Santiago Bernabéu el lunes 27 de julio de 1992. Una presentación a la vieja usanza, con la plantilla posando para los medios gráficos. En la primera foto oficial de la nueva temporada posó la plantilla con los siguientes jugadores: Buyo, Jaro y Juanmi como porteros. Chendo, Nando, Rocha, Sanchís, Tendillo, Villarroya como defensas. Míchel, Hierro, Milla, Prosinecki, Aragón y Maqueda como centrocampistas. Butragueño, Zamorano y Paco Llorente como delanteros. Faltaron a la presentación Alfonso, Luis Enrique y Mikel Lasa, que ese día jugaban con la Selección Olímpica frente a Egipto.

A lo largo de la temporada 1992-93 debutó algún canterano con el equipo y con la campaña ya empezada se incorporó un nuevo jugador que regresó a la entidad tras su periplo por el extranjero. Pero eso ya lo recordaremos más adelante. De momento, así estaban las cosas en el Real Madrid en el verano de 1992.

jueves, 13 de julio de 2017

LA QUINTA DE COBI

La Selección Olímpica de España se adjudicó el Oro en fútbol en los Juegos Olímpicos de 1992

Seguramente fue la medalla de oro que más celebré en aquellos Juegos Olímpicos de Barcelona '92. La medalla de oro en fútbol. El deporte rey en nuestro país. Nuestra gran afición. Mi gran afición. Seguramente serían pocos los que hubiesen apostado por un triunfo del combinado olímpico antes de que arrancase la competición. Pero el equipo nacional llegó lejos y consiguió uno de los logros más recordados por un fútbol español huérfano de grandes gestas hasta épocas más recientes.

No era la Selección Absoluta. Pero España vibró con el éxito de aquel grupo de jóvenes, muchos de los cuales llegarían a convertirse en nombres propios de nuestro fútbol a lo largo de la siguiente década. La Selección Olímpica estaba compuesta por jugadores Sub-23. La verdad es que hasta aquellos juegos olímpicos nunca había prestado especial atención a las categorías inferiores de la Selección. Recordaba el triunfo de la Sub-21 en el Campeonato de Europa de 1986, pero poco más. No recuerdo que se llegaran a televisar partidos de las inferiores. Seguramente se emitían, pero yo no los recuerdo. Así que Barcelona '92 fue la primera ocasión en la que recuerdo ver en acción a futbolistas de un combinado nacional que no fuesen los del equipo sénior. Pese a su juventud, en cualquier caso, prácticamente todos los componentes de aquella selección habían debutado ya en Primera División. Algunos, incluso eran ya titulares en sus equipos de procedencia.

En aquella Selección jugaban tres futbolistas del Real Madrid: Alfonso, Luis Enrique y Mikel Lasa. También estaba Santiago Cañizares, que en la temporada 1991-92 había jugado en el Mérida en calidad de cedido por el Real Madrid y que estaba a punto de fichar por el Celta de Vigo para jugar en Primera División. Cañizares volvería al Real Madrid en la temporada 1994-95. Y otro 'olímpico' que recalaría en el Madrid con Cañizares en el verano de 1994 sería José Emilio Amavisca, que en 1992 venía de jugar con el Lleida en Segunda. 

Tampoco hay que olvidarse del Seleccionador, Vicente Miera. El técnico cántabro jugó ocho temporadas en el Real Madrid entre 1961-62 y 1968-69. Miera, que también vistió las camisetas del Racing de Santander y del Sporting de Gijón, tuvo uno extensa carrera como entrenador y llegó a ser Seleccionador Nacional entre 1991 y 1992. En junio de 1992, tras ser sustituido por Javier Clemente, pasó a dirigir al combinado olímpico. No quedaron del todo claras las intenciones de los dirigentes de la Federación Española, con Ángel María Villar a la cabeza, a la hora de ubicar a Miera al frente del equipo que jugaría en Barcelona '92. Era evidente que Villar quería colocar a Javier Clemente como Seleccionador de la Absoluta y lo que se hizo fue, en cierto modo, darle una patada hacia arriba a Vicente Miera otorgándole el puesto de coordinador técnico de la Federación Española de Fútbol y sentándole en el banquillo del equipo olímpico.

Era una etapa muy convulsa la que atravesaba nuestro equipo nacional, que no levantaba cabeza tras la sensación de fracaso que quedó tras el Mundial de Italia de 1990. España, de hecho, ni siquiera llegó a clasificarse para la Eurocopa de aquel año que se disputó en Suecia y que ganó Dinamarca.

El 11 de julio de 1992, Miera hizo pública la lista con los veinte futbolistas que acudirían a los juegos olímpicos. Como porteros Santi Cañizares y Toni, como defensas Berges, Paqui, Abelardo, Ferrer, Miguel, Lasa, López y Solozabal, como centrocampistas Guardiola, Billabona, Soler y Vidal, como delanteros Amavisca, Manjarín, Kiko, Pinilla, Luis Enrique y Alfonso. Ellos serían los elegidos para representar al fútbol español.

Empiezan los juegos

La competición arrancó un día antes de la inauguración oficial de los juegos, es decir, el viernes 24 de julio de 1992. Y otro dato curioso es que España jugó todos sus partidos en Valencia, en el estadio Luis Casanova, a excepción de la Final, que se disputó en Barcelona, en el Nou Camp. Los de Vicente Miera partieron encuadrados en el Grupo B junto a Catar, Egipto y Colombia.

En su primer partido, España se impuso con autoridad 4-0 a los colombianos con goles de Guardiola, Kiko, Berges y Luis Enrique. Posteriormente se ganó 2-0 a Egipto con tantos de Solozabal y Soler. La fase de grupos se cerró con un nuevo triunfo por 2-0, frente a Catar, con dianas de Alfonso y Kiko. España accedía a los cuartos de final como primera de grupo y sin haber encajado un solo gol en contra. El 1 de agosto el combinado español se enfrentó a Italia buscando un puesto en las semifinales. Y nueva victoria para los nuestros, que ganaron 1-0 con gol de Kiko. Las semifinales se disputaron el 5 de agosto de 1992. España se impuso 2-0 a Ghana con goles de Abelardo y Berges mientras que en la otra semifinal Polonia barría a Australia con un inapelable 6-1. 

El 7 de agosto de 1992 se disputó el tercer y cuarto puesto en un encuentro en el que Ghana 'ganó' (chiste fácil) a los australianos. Pero lo que de verdad nos interesaba se jugaba al día siguiente. España estaba en la Final. 

La expectación generada por el equipo de fútbol español fue más que evidente. Vuelvo a recordar que a nivel de selecciones no estábamos atravesando un buen momento. Desde Italia '90 parecía que el equipo nacional no daba pie con bola. Aún resonaba aquella famosa derrota frente a Islandia. No nos clasificamos para la Eurocopa de Suecia, tal y como apuntaba unos párrafos atrás... Si echábamos la vista atrás, tampoco es que pudiéramos presumir de grandes gestas... En la Eurocopa de Alemania de 1988 nos volvimos para casa a las primeras de cambio. Tan sólo el buen sabor de boca de México '86 y la Final de la Eurocopa de 1984. Para mi generación, la gran gesta de la Selección seguía siendo la goleada del 12-1 a Malta. Pero nada de títulos. No había llovido nada desde que se había levantado el último trofeo... Había que remontarse a la Eurocopa de 1964 y a la Plata de Amberes en 1920. Curiosamente en unos Juegos Olímpicos...

La gran Final

Sábado 8 de agosto de 1992. España-Polonia. Hay que recordar que aquella selección se había plantado en la pelea por el oro asegurándose una medalla. Una más para España, que estaba firmando unos juegos extraordinarios. Los aficionados estábamos eufóricos. Los de Vicente Miera, además, no habían encajado ningún gol en todo el torneo. España saltó al terreno de juego con un once que recuerdo de carrerilla. Toni; Ferrer, López, Solozabal, Abelardo, Mikel Lasa; Guardiola, Berges, Luis Enrique; Kiko y Alfonso.

Pintaba bien el partido en sus primeros minutos. España dispuso de ocasiones para adelantarse en el marcador. El defensa colchonero López envió un cabezazo a la madera en un saque de córner. Pero se perdonó en la primera mitad y justo antes del descanso, mazazo. Gol de Polonia. El primer gol que encajábamos desde que arrancó la competición. Nos fuimos a vestuarios perdiendo. 

En el segundo tiempo los futbolistas españoles empujaron a base de garra. Para el recuerdo quedó la anécdota de la llegada de los Reyes al palco. Se decía que actuaban como talismán. Y así fue... En el minuto 65 Abelardo establecía el empate y cinco minutos después, en el 70', Kiko ponía por delante a España. Los polacos, sin embargo, empataron el encuentro. El 2-2 se mantuvo hasta el minuto 90... Parecía que la prórroga sería inevitable. Pero llegó el 3-2. Un balón botado en saque de esquina desde la derecha. El balón le llega a Luis Enrique, en la frontal del área, que tira con fuerza. Pero había una nube de futbolistas delante de la portería. Todos los polacos estaban metidos atrás y el esférico rebotó en un defensor. La pelota, en cualquier caso, acaba en las inmediaciones de Kiko y el gaditano realizó un fuerte disparo a media altura por el centro que se coló en la portería rival. El gol del triunfo en el minuto 90. Todavía recuerdo cómo gritamos todos aquel gol en la cocina de la casa de mi abuela. 

Me llevé una alegría tremenda con aquella victoria de la Selección Olímpica. El único gran triunfo que pude celebrar con el fútbol en aquel año 1992 que tanto me marcó. Todavía tenía abierta la dolorosa herida de Tenerife. Sí, Tenerife. Aquella Liga perdida y aquel acontecimiento deportivo que me dejó marcado de por vida. Como ya recordé en su día, y no exageraba nada, Tenerife me cambió como aficionado al fútbol. De hecho, tengo una pequeña anécdota al respecto relacionada directamente con la Final España-Polonia de Barcelona '92. Y es que aquella tarde, en pleno partido, tuve la primera riña 'seria' con mi padre. Hasta entonces, nuestros piques Barça-Madrid habían sido absolutamente inocentes e incluso hasta cierto punto divertidos. Pero tras lo del Heliodoro Rodríguez López yo ya nunca estaría para bromas... Si no recuerdo mal, fue en una jugada al de poco de empezar el partido. Albert Ferrer era el lateral derecho, pero en una jugada de ataque el defensa apareció por allí arriba y se quedó dentro del área solo delante del portero polaco. Ferrer regateó al cancerbero y con la portería vacía envió el balón... al lateral de la red. Yo, con toda la mala leche, grité: ¿Pero qué haces? ¡Del Barça tenías que ser! A lo que mi padre, con evidente mosqueo, me respondió con un amenazador: "Oyeeeeeee, tú, cuidado". 

La cosa no pasó a mayores, por supuesto. Con nuestras evidentes diferencias futbolísticas, el respeto y el cariño que nos hemos mostrado toda la vida ha sido y es encomiable. Y al final de aquel partido, los dos estábamos celebrando la victoria de la Selección Olímpica. Yo, por aquella época, empezaba a estar convencido de que nunca llegaría a ver al Real Madrid ser Campeón de Europa. Afortunadamente, me equivoqué. También estaba convencido de que sería imposible ver a España ganar algún campeonato de fútbol. También me equivoqué. Aún faltaban muchos años para ver al combinado nacional  ganar Eurocopas... ¡Y un Mundial! Pero aquella medalla de Oro debería de haber bastado para hacerme entender que quizás no éramos tan malos como algunos nos hacían ver. En cualquier caso, era todo un logro ver a nuestros jugadores colgándose el metal mientras escuchaban el himno. Me alegraba especialmente, claro está, por Alfonso, Lasa y Luis Enrique.

Al día siguiente, domingo 9 de agosto de 1992, último día de los juegos, me compré el diario Marca. Era la tercera vez que lo hacía. La primera vez que adquirí el periódico fue tras la aciaga jornada de Tenerife, la segunda el día del segundo triunfo de Miguel Indurain en el Tour de Francia y la tercera fue con motivo del oro en fútbol de Barcelona. Todavía conservo esos ejemplares en mi archivo particular. España en el Olimpo, titulaba el rotativo en grande. "Ayer, dos oros que hacen historia", apuntaba el diario en referencia a la gesta del equipo de fútbol y a la trascendental victoria del atleta Fermín Cacho en la carrera de los 1.500.

Recuerdo que, una vez acabado el partido frente a Polonia, le pregunté a mi padre por qué no jugaban esos futbolistas con la Selección Absoluta. Claro... Si acababan de ganar el Oro, es que eran muy buenos. ¿Por qué no llevarlos a Eurocopas y Mundiales? Mi progenitor trató de hacerme entender que no era tan sencillo, que había que ir fogueando y quemando etapas en la formación de los jugadores... Lo cierto es que alguno como Abelardo, Ferrer, Solozabal o Luis Enrique ya habían debutado y jugado algún partido con la Selección A. Y, efectivamente, poco a poco fueron introduciéndose en el equipo nacional hasta llegar a convertirse en referentes. Sólo dos años más tarde, en el Mundial de Estados Unidos '94, algunos de los medallistas olímpicos ya eran fijos en los esquemas de España. Y siguieron acudiendo a las llamadas de los seleccionadores Javier Clemente y José Antonio Camacho durante los años posteriores. Jugaron Mundiales, Eurocopas...

Aquella generación, la que se colgó el Oro en Barcelona '92 vistiendo aquellas vistosas camisetas de Kelme, no ganó más títulos con la Selección. Cuando en 2008 se ganó la Eurocopa de Austria-Suiza, muchos llevaban ya tiempo retirados. Sin embargo, protagonizaron uno de los mejores capítulos del fútbol español a nivel de selecciones. Entraron en la historia en aquel mágico verano de 1992. La Quinta de Cobi.

miércoles, 12 de julio de 2017

BARCELONA 92

Se cumplen 25 años de las Olimpiadas de Barcelona 1992

No sé si le sucederá a más gente. Tengo la sensación de que a medida que me he ido haciendo más mayor, más rápido y más deprisa pasan los años. De niño no era lo mismo. Parecía que los días cundían mucho más, que las semanas avanzaban muy despacio, que los meses transcurrían lentamente y que los años eran largos e interminables...

En 1986 ya sabíamos que en el año 1992 se celebrarían unos Juegos Olímpicos en Barcelona y que aquello sería un acontecimiento único para nuestro país. Incluso el Real Madrid había promocionado la candidatura de Barcelona portando el anagrama olímpico de Barcelona '92 en su camiseta en partidos de Copa de la UEFA, tal y como expliqué en su día aquí en Historias del Real Madrid.

Pero todo aquello parecía tan y tan lejano... 1992 era, literalmente, el futuro. Seis años aparentaban ser toda una eternidad, como si aquel 92 no fuese a llegar nunca... 1992 se convirtió en un año que parecía rodeado de un aura mística. De esta forma, crecí con cierta fascinación hacia aquel año del que permanentemente se hablaba. Aunque faltase mucho tiempo para que llegara, 1992 estaba presente en el día a día de nuestro país y en las noticias. Rara era la jornada en la que no surgiese alguna información relacionada con el evento olímpico. Las obras en la ciudad condal, las remodelaciones de recintos deportivos, planes de toda índole, preparación de los deportistas... 

Por si los Juegos Olímpicos no fuesen suficiente, en 1992 también se celebraría una Exposición Universal en España. La Expo de Sevilla. Y llegaría el AVE. Y también se conmemoraría el V Centenario del Descubrimiento de América... Parecía que España sería el centro de atención mundial en el año 1992.

El tiempo fue pasando y llegó 1992. Sí, al final llegó... El año del que tanto y tanto se había hablado... Recuerdo la mañana del 20 de abril de 1992, el día de la inauguración de la Expo de Sevilla. Estábamos en plenas vacaciones de Semana Santa y seguí con inusitado interés a través de la televisión y de la radio lo que consideraba todo un acontecimiento histórico. En realidad, para mí era un anticipo de lo que a mí me interesaba de verdad... Los Juegos Olímpicos.

Un año deportivo

Por aquella época, como ya he comentado muchas veces en el blog, el deporte, en general, era una de mis principales aficiones. No sólo el fútbol y el Real Madrid. Me encantaba el ciclismo y en general todo tipo de pruebas y campeonatos... Había más tiempo libre y uno podía prestar más atención a todo tipo de competiciones. Y eso que aquel año fue bastante frustrante... Recientemente expliqué lo mal que lo pasé con el fútbol en 1992. La temporada 1991-92 terminó en despropósito para el Real Madrid y Tenerife supuso un auténtico trauma para mí con aquella Liga perdida en el último partido. Tenerife fue el disgusto deportivo más gordo de mi vida. 

Pero aquel 92 hubo más decepciones... Recuerdo el palo que me llevé en la Vuelta Ciclista a España cuando en la última contrarreloj, en la antepenúltima etapa, un suizo llamado Tony Rominger explotaba como corredor a sus 31 años para llevarse la etapa y enfundarse el maillot amarillo de líder. Yo era fanático de Pedro Delgado, que había ganado en el ascenso a Lagos de Covadonga y se había colocado segundo en la general. Yo estaba convencido de que Perico ganaría aquella contrarreloj y que le arrebataría el primer puesto a Jesús Montoya. Estaba convencido de ello. Y de que el Real Madrid ganaría la Liga... No sé cómo no me olí lo que pasaría en el fútbol después de que mis pronósticos ciclistas saltasen por los aires en pedazos. Qué decepción me llevé en aquella crono del 15 de mayo de 1992...

Pues sí. Tony Rominger ganó aquella Vuelta del 92 por delante de Jesús Montoya. Perico Delgado subió al podio con un tercer puesto que me supo a poco... El Real Madrid perdió la Liga. Y la Copa del Rey. Tanto hablar y tanto esperar el año 1992... Y deportivamente estaba resultando un auténtico truño para mí...

Mis ídolos de la época no estaban teniendo fortuna... Por suerte, en el Tour de Francia las cosas fueron mejor con Miguel Indurain. Qué recuerdos de aquellos veranos de julio, con las vacaciones recién estrenadas y todas las asignaturas superadas con buena nota y sin ninguna materia pendiente para septiembre... Y Miguelón apalizando a sus contrincantes pedalada a pedalada... Bueno. Por fin buenas noticias para mí. Pero el Tour no sería aquel verano el principal acontecimiento deportivo. ¡Ni mucho menos! Por fin estaba a punto de dar comienzo el evento marcado en rojo en la agenda deportiva del país... Barcelona '92.

Juegos Olímpicos

Fue el sábado 25 de julio de 1992. El gran día. Tanto se había hablado de los Juegos Olímpicos de Barcelona durante años que para mí la expectación fue brutal. Seguí la ceremonia de apertura por la segunda cadena de TVE y por Antena 3 Radio. Me resulta curioso rememorar la atención que le prestaba antiguamente a la radio a la hora de recibir información. Sin duda una influencia de mi padre. Crecí viéndole siempre pegado a la radio. Recuerdo de aquella retransmisión radiofónica la presencia del periodista Christian García, que narró la ceremonia desfilando entre los propios periodistas para descomunal sorpresa de sus propios compañeros de estudio. 

A través de la pantalla los espectadores asistimos al espectáculo de La Fura dels Baus, a las actuaciones de Montserrat Caballé, Plácido Domingo, Carreras... Pero, sin duda, el gran momento de aquella noche llegó después de que el Rey declarar inaugurados los Juegos Olímpicos. Sí, me refiere al encendido del pebetero. El baloncestista Epi, último relevista, ofreció el fuego al arquero paralímpico Antonio Rebollo, que prendió una flecha y se colocó en posición de disparo. La verdad es que ver aquello en directo, al igual que hacíamos millones de personas, fue impresionante. Esos segundos de espera, ver la flecha surcando el cielo y finalmente las llamas brotando del pebetero... Impresionante. Impresionante.

Arrancaron unos Juegos Olímpicos inolvidables. Los seguí con un interés terrible. Todo tipo de pruebas, modalidades... Recuerdo a Carl Lewis volviendo a ganar el oro en Salto de Longitud. Y, cómo no, al mítico equipo de baloncesto de Estados Unidos. El Dream Team. Por primera vez podían participar jugadores de la NBA y los norteamericanos se presentaron en Barcelona con Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Charles Barkley, Karl Malone, Scottie Pippen, David Robinson, Pat Ewing, John Stockton, Chris Mullin, Clyde Drexler y Christian Laettner. Aquel equipo de ensueño dirigido por el difunto Chuck Daly fue una apisonadora. Ni siquiera el lituano  Sabonis, en semifinales, ni Drazen Petrovic, en la Final, pudieron frenarles. Era un Oro adjudicado antes de empezar.

Y hablando de oros, cómo olvidar los nuestros... ¡España se salió! Por una vez aprovechamos bien lo de 'jugar en casa' y firmamos como país nuestra mejor participación en unos juegos olímpicos. Alcanzamos el sexto puesto en el medallero con un total de 22 metales. 13 oros, 7 platas y 2 bronces. ¡Impresionante!

Las medallas empezaron a llegar bien pronto. No se me olvida el oro de José Manuel Moreno en ciclismo en pista. Fue el lunes 27 de julio, día en el que la vela, deporte que nos ha dado siempre muchas alegrías, nos dejó cuatro oros y una plata. En total, seis medallas en una sola jornada. Al día siguiente, Martín López Zubero, en natación, dejó un nuevo oro. 

Recuerdo especialmente la jornada del viernes 31 de julio. Mi padre ya tenía vacaciones y aquel mismo día nos marchamos al pueblo. Con la tarde ya avanzada y en pleno viaje, en el coche, llegó la noticia a través de la radio (cómo no) del oro de Daniel Plaza en 20 kilómetros marcha. Y aquella misma noche, ya en casa de mi abuela, presenciamos en directo otro oro, el de Miriam Blasco en Judo. También en Judo, al día siguiente, cayó otro oro, el de Almudena Muñoz. 

Los días sucesivos seguí pegado al televisor. Matías Prats y Olga Viza nos ponían al corriente de todo lo que sucedía a través de TVE. Hubo más medallas. Oro en tiro con arco masculino, hockey sobre hierba femenino, un bronce para Arantxa Sánchez Vicario y otro para Javier García Chico en salto con pértiga...

Pero la traca final llegó el sábado 8 de agosto... Aquel día tuvimos visita en casa, puesto que un compañero de trabajo de uno de mis tíos vino con su familia a comer. Se montó una buena parrillada. Un día inolvidable, la verdad... Y por la tarde volví a pegarme al televisor y empezaron a caer más medallas para nuestros deportistas. Cuatro platas para Faustino Reyes en boxeo, Carolina Pascual en gimnasia rítmica, Jordi Arrese en tenis individual masculino y Arantxa y Conchita Martínez en dobles femenino. Y dos oros legendarios. El de fútbol, del que ya escribiré mañana más en profundidad, y el del atleta soriano Fermín Cacho en la prueba de 1.500. Creo que son las dos medallas más recordadas de aquellos juegos.

Al día siguiente, última jornada de los juegos, llegaron las dos últimas medallas, dos platas para el equipo de waterpolo masculino y para Antonio Peñalver en decatlón. En total, 22 medallas al cierre de unos juegos en los que el deporte español brilló como nunca. La preparación de nuestros deportistas mereció la pena.

Clausura

Una cosa que me chocó mucho de Barcelona '92 fue que todo terminó muy rápido. Las dos semanas que duraron los juegos olímpicos se pasaron en un volado. ¡Tantos años hablando de Barcelona '92 y resulta que todo transcurrió en un santiamén! Se me hicieron muy, muy cortos. Hacía nada que habíamos visto a Antonio Rebollo encendiendo el pebetero y resulta que ya estábamos apagándolo. Sinceramente, me dio mucha pena. 

La ceremonia de apertura fue espectacular, pero lo de la de clausura fue tremendo también... Aquella actuación de Tricicle, el Amigos para Siempre, los fuegos artificiales, Los Manolos, los atletas bailando en el estadio olímpico... ¡Y la despedida de Cobi! Qué emotivas imágenes aquellas de la mascota abandonando el estadio y surcando los cielos en un barco hinchable...

Le acabé cogiendo mucho cariño a Cobi, la mascota de los juegos. Y eso que yo había sido de los detractores... Cuando fue presentada al público, en el año 1988, muchos no recibieron de buen grado el diseño de Javier Mariscal. Bueno... No recibimos. Me incluyo. Y eso que yo era un crío y supuestamente los chavales deberíamos haber sido los primeros en recibir con los brazos abiertos a la simpática mascota. Pero no... Es que era... Muy raro. Cobi era un perro muy raro. Un tanto amorfo. Y parecía dibujado por un niño de seis años. Parecía un poco cutre... Como Los Aurones. Sí, que veías las marionetas, te entretenías... Pero los muñecos te parecían un poco cutres, con perdón. Tampoco es que Curro, la mascota de la Expo de Sevilla, fuese para tirar cohetes... Muchos teníamos la sensación de que ni Cobi ni Curro fuesen las mejores mascotas para nuestros principales eventos del año 1992. Además, uno se acordaba de Naranjito y... Es que no había color. Naranjito sí que parecía una mascota chula, no había comparación...

En cualquier caso, Cobi se convirtió en un personaje más de la actualidad española de finales de los ochenta y principios de los noventa. Se comercializó todo tipo de imágenes, juguetes y figuras con su imagen... Cromos, barajas, pegatinas... Y a fuerza de verle y de verle, pues resulta que mi percepción fue cambiando y acabé aceptando a Cobi como mascota. Al final resultó que aquel perrito tan deportista me acabó cayendo bien. Muchos años después, y gracias a la mediación de un compañero de trabajo, conseguí que el mismísimo Javier Mariscal me dibujara un Cobi original. ¡Cobi jugando al fútbol, cómo no! Guardo este dibujo dedicado con muchísimo cariño.

Sí. Recuerdo el final de aquellos juegos olímpicos y me viene a la cabeza automáticamente la imagen de Cobi marchándose del estadio olímpico de Montjuic en aquel barco... Era el punto final de un evento deportivo histórico... "Los mejores juegos olímpicos de la historia", como dijo Juan Antonio Samaranch. Algo que recordaríamos en el futuro. Y, juro que es verdad, no sé por qué, aquella noche empecé a pensar cómo recordaría esos juegos 25 años después... No sé por qué. 25 años... ¿Cómo sería la vida 25 años después de los juegos olímpicos de Barcelona? Parecía una eternidad. Toda una vida... Pero la vida pasa y, aunque parezca mentira, esos 25 años han pasado. Ya estamos en 2017 y dentro de unos días se cumplirá un cuarto de siglo de la inauguración de Barcelona '92. Y aquí estoy, plasmando algunas pincelados de tantos recuerdos que tengo agolpados en la cabeza de aquellos días...

Siento mucha nostalgia cuando recuerdo los meses de julio y agosto de 1992. Por diversos motivos, aquel verano fue el último que vivimos juntos unos cuantos amigos de infancia del barrio. Mudanzas, cambios de residencia, nuevos estudios... La vida es así. Pero echo la vista atrás y nos recuerdo a todos juntos en julio del 92. Recuerdo que al día siguiente de la ceremonia de inauguración todos estábamos hablando de aquel espectacular encendido de la llama olímpica. Allí estábamos todos juntos. Hablando, riendo, jugando en la calle, dándole patadas a un balón... Aquello fue el verano de 1992. Un verano inolvidable marcado por los Juegos Olímpicos de Barcelona.

martes, 4 de julio de 2017

MUNDIAL DE ESPAÑA 1982

Recuerdos del Mundial que no recuerdo

Hace 35 años se estaba disputando en España el Mundial de Fútbol. La XII Copa Mundial de Fútbol se jugó en nuestro país del 13 de junio al 11 de julio de 1982. Ya sé que a la Selección no le fue muy bien aquel campeonato que se celebró en casa, pero me hubiese gustado mucho haberlo vivido... No recuerdo absolutamente nada de aquel evento en el plano futbolístico. Era muy pequeño. Seguramente mi padre vio partidos estando yo presente en el salón de casa, pero no recuerdo nada. Ningún partido, ningún jugador, ninguna selección, ningún gol... Todas las imágenes que me vienen a la cabeza de España 82 las conozco por haberlas visto a posteriori en reportajes, reposiciones, partidos emitidos en diferido...

Yo era un renacuajo, pero sí que conservo algunas cosas con la cabeza de 'nuestro' Mundial, aunque no son estrictamente futbolísticas. Más bien pertenecen a todo lo que había alrededor del evento, al clima que se respiraba alrededor del fútbol y que me permiten hacerme una idea del enorme impacto que debió de suponer la organización de una Copa del Mundo de fútbol en aquella España del año 1982 que todavía peleaba por asentar la democracia.

Sé que se emitió un programa en TVE titulado "Gol y al Mundial 82" por una recurrente anécdota que se ha contado siempre en casa por parte de mis padres. Una de esas anécdotas que ahora se recuerdan con una medio sonrisa pero que, en realidad, a punto estuvo de terminar en tragedia. Yo, la verdad, no recuerdo nada de todo aquello. El caso es que en mi casa mis progenitores debían de estar tan enganchados a aquel programa que presentaba Miguel Vila (el dato lo he sacado de Wikipedia, reitero que no me acuerdo de nada) que una noche mientras lo veían se olvidaron de que habían dejado en el fuego de la cocina un recipiente de leche hirviendo. Supongo que todo el mundo sabe lo que le pasa a la leche cuando se la deja en el fuego... Bueno, el caso es que la que se debió de preparar en la cocina debió de ser bien gorda... La humareda y el olor a leche quemada se encargaron de recordarles lo que habían dejado al fuego... No se debió de quemar la casa por los pelos, por lo que cuentan. Desde entonces, en mi casa, la expresión "Gol, y al Mundial 82" fue siempre sinónimo de alimento quemado. Si algo quedaba demasiado tostado, se decía "Gol, y al Mundial 82". Si algo se quemaba se utilizaba el título de aquel programa. O para pedir precaución en la cocina: "Ten cuidado con el fuego, que luego, Gol y al Mundial 82". 

Por supuesto, otro de los recuerdos de España 82 es el de su mascota. La omnipresente mascota. Naranjito. Hubo una serie de dibujos animados con Naranjito de protagonista. Se titulaba Fútbol en Acción. Creo que se emitía los fines de semana, me imagino que después del Telediario, en aquel inolvidable horario de las 15.30 horas. Sé que veía la serie porque, curiosamente, sí que recuerdo la sintonía... Pero la sintonía de cierre, no la del comienzo. Una cosa muy rara, sí... Muchos años después, en concreto en 2005, durante una reforma que se hizo en casa de mis padres, se movió un enorme mueble que había en la sala de estar y debajo, como si de un hallazgo arqueológico se tratara, aparecieron algunos objetos de mi más tierna infancia. Entre ellos, unos cromos de Naranjito que se debían de entregar con los yogures de Danone. Pertenecían a una colección sobre aquella serie de dibujos.

Me imagino que el merchandising que se movió alrededor de la simpática mascota fue abundante. Especialmente en lo que a productos dirigidos a los más jóvenes se refiere. Me vienen a la cabeza una especie de calcomanías que se entregaban en algunas bolsas de chuches... Juraría que de Matutano. El obsequio consistía en un cromo troquelado o doblado, no lo recuerdo bien, en los que había que pegar la figura de Naranjito. También recuerdo a mi vecino con el brazo "tatuado" con imágenes de Naranjito que, seguramente, provenían de aquel coleccionable...

Califico de omnipresente a Naranjito porque debía de estar en todas partes. Muñecos, figuras, camisetas, juguetes, pegatinas... Aquel año 1982, el mayor de mis primos acababa de sacarse el carnet de conducir. Su primer coche, un Renault 7 de color blanco, estuvo decorado en la parte trasera durante algunos años con varios adhesivos de Naranjito promocionando el Mundial de España. Y seguramente aquellos adhesivos para vehículos recorrieron las carreteras españolas en más coches...

En cuanto a los juguetes, una de las primeras cosas que me vienen a la mente cuando recuerdo aquel Mundial es la de un muñeco de cuerda con la figura de Naranjito. Recuerdo a algún niño llevándolo colgado del cuello. Lo estiraba de la cuerda y se accionaba el mecanismo del muñeco, que se recogía de nuevo mientras Naranjito movía los brazos o las piernas...

Pero, al margen de Naranjito, lo que más recuerdo de España 82 fueron las chapas de las botellas de Coca Cola... En el interior de la chapa venían imágenes de jugadores de fútbol. Mi padre acudía a una bodeguilla para comprar el vino de la comida y en algunas ocasiones yo le acompañaba. La dueña, Doña Laura, siempre tenía guardadas unas cuantas de las que los clientes tiraban al suelo para dármelas a mí. Y si algún amigo de mi padre se tomaba algún refresco, también guardaba la chapa para dármela. Así, poco a poco, fui completando una gran colección de "tapones", como yo llamaba a las chapas, con las efigies de los futbolistas más destacados de la época. Después, en casa, mi padre me contaba en qué equipos jugaban aquellos futbolistas, si eran porteros o delanteros, con qué selección jugaban... Recuerdo que tenía un bote de Cola Cao lleno de aquellas chapas con las que, supongo, los niños jugaban con ellas en los suelos de parques y aceras. Digo que "supongo" porque por aquella época yo todavía no podía bajar a jugar a la calle... Pero sí que recuerdo jugar en casa con ellas... 

Sí. Para mí es el gran recuerdo del Mundial de España. Un día construí en la cocina de casa un campo de fútbol, con sus porterías y todo, utilizando plastilina... Seguro que se trataba de una birria de campo, pero recuerdo que empleé mucho tiempo en construirlo y que me sentí muy orgulloso una vez acabado. Sentía que había logrado algo muy grande. Una vez concluida la obra, el campo acogió vibrantes partidos con los jugadores de aquellas chapas de Coca Cola... De verdad, lo recuerdo con muchísimo cariño... Para mí es el gran recuerdo de España 1982.

Sabiendo lo futboleros que eran en mi casa, sobre todo mi padre, y lo mucho que me acabó gustando a mí el fútbol, es obvio que tuve que ver algún partido de aquel Mundial. Pero no lo recuerdo. Me da mucha rabia, pero no me acuerdo absolutamente de nada. Todo lo que sé de aquel Mundial lo he conocido posteriormente... La inauguración de Barcelona con aquel niño soltando una paloma en el centro del campo, el papel de las grandes estrellas de la época como Rummenigge, Breitner, Stielike, Dino Zoff, Maradona, Platini, los goles de Paolo Rossi, las celebraciones del presidente Sandro Pertini en la Final celebrada en el Santiago Bernabéu...

Sobre la Selección española todos sabemos que la decepción fue enorme en el país. Las expectativas eran muy altas y jugándose en 'casa' como se jugaba aquella Copa del Mundo es lógico que todos los aficionados esperaran llegar algo más lejos de la segunda fase en la que cayó el combinado de José Emilio Santamaría. Encima, sólo se ganó un partido... Me imagino cómo se tomarían todo aquello los aficionados... Aquellas tertulias futboleras en las barras de bar debieron de ser antológicas... Por desgracia, la Eurocopa de 1964 empezaba a quedar un poco atrás... Y todavía faltaba más de un cuarto de siglo para que España demostrara sobre el césped la calidad de su fútbol... Pero, seguramente, muchos en el año 1982 serían un poco pesimistas en cuanto a lo de llegar a ver un triunfo de su Selección. Si jugando un Mundial en casa casi nos caíamos a las primeras de cambio... Como para pensar en cotas mayores...

En fin... Es lo poco que recuerdo de aquel ya tan lejano 1982... Por razones de edad son todo recuerdos muy difusos y que poco tienen que ver con lo futbolístico... Se trata más bien de unos pequeños apuntes referidos a lo que rodeaba al Mundial que al Campeonato en sí mismo... Pero quería aportar mi pequeño homenaje a ese Mundial que se estaba celebrando en nuestro país hace ahora 35 años... El Mundial de España 1982.