Se cumplen 25 años del regreso del centrocampista al Real Madrid
El domingo 4 de octubre de 1992, durante la Asamblea General del Club, el presidente Ramón Mendoza anunció "una sorpresa" en forma de fichaje que se concretaría en pocos días, a lo largo de la siguiente semana. Frente a los socios compromisarios el presidente trató de levantar un poco el ánimo de la afición. La noche anterior el Real Madrid había caído en Riazor con el Deportivo en un encuentro en el que llegó a ir ganando 0-2 con goles de Hierro y Zamorano pero terminó perdiendo 3-2. El comienzo de campaña estaba siendo un poco complicado. Se habían disputado cinco jornadas de Liga y ninguna de las tres salidas del equipo se habían saldado con victoria. Se perdió en Barcelona en el primer partido, se empató en Gijón con el Sporting y se perdió en Coruña. Sólo se habían ganado los dos partidos en el Bernabéu frente al Burgos y al Albacete. En la Copa de la UEFA se había superado la primera ronda frente al Politehnica de Timisoara pero el empate a uno del encuentro de ida en Rumanía había levantado duras críticas. La situación tampoco era tan mala, pero ya se sabe cómo es la prensa en estos casos y cómo se aprovechan los tropiezos para darle palos al equipo.
Benito Floro no lo estaba teniendo fácil en sus primeras semanas de competición oficial con el equipo. Acababa de llegar al Club pero la paciencia no ha sido nunca una de las virtudes de la afición. El técnico trataba de aplicar sus ideas y sus esquemas de juego intentando sacar el mayor rendimiento posible a los jugadores de su plantilla. Ya desde el verano había hecho hincapié en la necesidad de reforzar la banda izquierda del equipo. Llorente y Villarroya no terminaban de convencerle del todo y probaba con Luis Enrique para el puesto de interior izquierdo. Quizás la "sorpresa" de la que había hablado Ramón Mendoza estaba destinada a solucionar ese problema. Las primeras especulaciones apuntaban a la inminente llegada de un nuevo jugador extranjero. Sin embargo en un par de días surgió un nombre. Y no de un extranjero precisamente. El Real Madrid negociaba la vuelta de Rafael Martín Vázquez.
Es curioso, pero muchos no recuerdan que Martín Vázquez no volvió a Madrid desde Italia, sino desde Francia. El centrocampista había sido fichado por el Olympique de Marsella en agosto de 1992 procedente del Torino. Debutó en la Liga francesa el 9 de agosto anotando un gol al transformar un lanzamiento de falta directa frente al Toulouse. Sin embargo, la adaptación a su nuevo equipo no terminó siendo del todo satisfactoria y el jugador perdió protagonismo... Según trascendió después, aquel mismo verano Benito Floro se había interesado por la situación de Martín Vázquez con la intención de incorporarlo, pero el jugador ya se había comprometido con los galos. Cuando en el mes de octubre se volvió a barajar la posibilidad de recalar en el Bernabéu todas las partes implicadas trataron de llegar a un acuerdo. Al Real Madrid le venía bien la incorporación de un futbolista de la calidad de Martín Vázquez que, además, no ocuparía plaza de extranjero. El jugador salía beneficiado en lo profesional y en lo personal con su vuelta a casa. Y el Olympique liberaba una plaza de extranjero desprendiéndose de un futbolista que no terminaba de encajar en sus esquemas de juego. En definitiva, todos salían ganando. Ramón Mendoza y Bernard Tapie, máximo mandatario del Olympique, se pusieron manos a la obra. En
un primer momento incluso se llegó a especular sobre un posible trueque
entre ambos clubes por Martín Vázquez y Robert Prosinecki. Pero no fue así. Los dos clubes negociaron únicamente el
traspaso de Martín Vázquez. La operación se cerró de manera satisfactoria en Madrid el
jueves 8 de octubre. Esa noche, el Real Madrid venció 2-0 al Valencia con goles de Hierro y Prosinecki. En el palco, Mendoza vio el partido
junto a Bernard Tapie con el que ya había sellado un acuerdo. Rafael Martín Vázquez volvía a ser jugador del Real Madrid dos años después.
El hijo pródigo
Se trataba de la vuelta del hijo pródigo. Un matrimonio de conveniencia, puesto que tanto Martín Vázquez como Ramón Mendoza se vieron obligados a tragarse los reproches mutuos que se habían dedicado desde que rompieron relaciones en el año 1990. Durante su estancia en Italia el centrocampista llegó a asegurar que no había ninguna posibilidad de regresar al Madrid mientras Mendoza fuese presidente.
El viernes 9 de octubre de 1992 la sala de trofeos del Santiago Bernabéu sirvió de escenario para la presentación a los medios del nuevo jugador blanco. Martín Vázquez y Mendoza comparecieron ante los periodistas juntos y en un tono conciliador. El jugador posó con la elástica blanca de Hummel y todo fueron buenas palabras. "Yo quiero lo mejor para el Madrid y con este fichaje el equipo es el que sale ganando", manifestó el presidente. "El pasado no existe, sólo el futuro. Está aquí por su deseo de volver y por el deseo del Madrid de que vuelva. Estamos satisfechos de su regreso sin fisuras ni medias palabras", argumentó Mendoza. "Martín Vázquez ha regresado a su casa de siempre", apostilló. El jugador, por su parte, declaró que su vuelta a Madrid suponía "un reto" muy importante. "He vuelto a mi ciudad y estoy muy satisfecho por ello", apuntaba un Rafa que hablaba de "reconciliación" entre las dos partes. "Hay ocasiones en la vida en las que piensas una cosa y luego haces otra. Estoy muy contento de volver al Real Madrid. Nunca he sido rencoroso, el pasado hay que dejarlo de lado y mirar hacia adelante", declaraba.
Del reencuentro salió ganando el equipo, algo que agradeció Benito Floro. "Este fichaje es una sorpresa del presidente que al equipo le viene fenomenal", manifestó el entrenador en declaraciones recogidas por la revista Don Balón en su número 885. "La vuelta de Rafa es un acontecimiento extraordinario que entra de lleno en mis sistemas", apuntaba Floro. "Martín Vázquez no es un parche, es un jugador que vuelve a un sitio del que nunca se debió ir", apostilló el míster.
Don Balón dedicó una interesante conversación con el jugador en su sección La entrevista a fondo en la que Martín Vázquez analizaba lo que había sido su paso por Italia y Francia. "Estos años me han servido mucho como experiencia personal y profesional y ahora, tras cerrar una etapa, he vuelto a abrir otra que coincide con una anterior que viví", le contaba Rafa al periodista Juan Carlos Casas. "Estoy satisfecho de mis meses fuera de España. El Torino era un equipo recién ascendido y, tras clasificarlo para la Copa de la UEFA llegamos a la Final. En la Liga, en una temporada quedamos quintos y y en la otra terceros. Mi paso por Turín lo considero un triunfo aunque las malas lenguas lo vean de otra manera", argumentaba un Martín Vázquez que negaba que el fichaje de Enzo Scifo supusiese que el Torino dudara de su rendimiento. "Para nada. El belga Scifo no me hizo daño en lo deportivo aunque a nivel periodístico éramos unos enemigos a muerte. La prensa nos quería enfrentar diciendo que éramos incompatibles sobre el campo, pero entre nosotros no había ningún problema como lo demuestra el hecho de que compartiésemos habitación en los hoteles", contaba el centrocampista.
En esa entrevista el madrileño también se refería a su efímero paso por el Olympique de Marsella. "De las semanas en Francia no se debiera hacer ninguna valoración porque fueron muy extrañas. Primero me fichan y todo el mundo tan contento, pero al mes todo era diferente. Yo llegué con ilusión, pero el trato hacia mí cambió de repente. No sé aún qué pensar", reconocía Martín Vázquez. "Todo parecía indicar que no iba a ser muy feliz allí. En el Olympique había un ambiente un poco raro hacia mi persona", sentenciaba el futbolista. "No acepto que se diga que no he triunfado en el Olympique porque considero que he estado a un buen nivel", añadía a la hora de hacer balance. "En estos cambios inciden siempre los factores clásicos; el período de adaptación, la nueva experiencia que supone el idioma, tener nuevos compañeros... Todo ha influido para que quizá no respondiera a las expectativas que mi presencia había despertado y, más aún, teniendo en cuenta que el Olympique iba detrás de mí desde hacía varios años", detallaba.
Tras presentarse como nuevo jugador blanco Rafa Martín Vázquez se incorporó a la expedición de la Selección que se desplazó a Irlanda del Norte. Aquel fin de semana no había Liga y su segunda etapa como jugador blanco se retrasó hasta el domingo 18 de octubre en Las Gaunas frente al Logroñés. Ganó el Real Madrid con un 0-3 y el primer gol de los blancos lo anotó, nada más y nada menos, que Rafa Martín Vázquez. Un 'redebut' que no pudo ser más satisfactorio. El recién llegado se convirtió en fijo de las alineaciones de Benito Floro. Una semana más tarde volvía a jugar en el Santiago Bernabéu en el triunfo por 2-0 frente al Athletic Club de Bilbao. Martín Vázquez cuajó un excelente encuentro e intervino en los dos goles de su equipo facilitando un centro desde la izquierda para que Zamorano cabeceara a la red y propiciando la jugada del segundo tanto, obra de Butragueño. Martín Vázquez cerró el mes de octubre como titular en el triunfo a domicilio por 0-1 en Zaragoza. En aquel partido, por cierto, volvieron a reunirse en un terreno de juego todos los integrantes de la Quinta del Buitre y allí se tomó la famosa fotografía que suele ilustrar numerosos artículos y piezas periodísticas sobre este grupo de jugadores.
En el mes de noviembre de 1992 la revista oficial del Club, en su número 40, llevaba a su portada al futbolista que había si noticia a lo largo de las anteriores semanas. "Esta es mi casa", titulaba la publicación con una fotografía de Martín Vázquez en la Ciudad Deportiva vestido con la camiseta del equipo y señalándose el escudo. En el interior, un extenso reportaje sobre su carrera y una entrevista de J. J. López Soto con el futbolista. "Se le ve feliz porque vuelve a estar en el sitio por el que tanto luchó. Es difícil imaginarse un Real Madrid sin Martín Vázquez, como también lo es un Martín Vázquez sin el Real Madrid. Hubo lágrimas el día de su marcha y las ha vuelto a haber con su regreso. Aunque hoy, las lágrimas son de felicidad", escribía el director de la revista. El futbolista destacaba lo bien que había ido el reencuentro con sus compañeros. "El ambiente es muy bueno, hay mucha alegría porque se hace un trabajo serio, pero muy variado, y todos los jugadores estamos muy unidos", indicaba un Martín Vázquez satisfecho por cómo había sido su vuelta a los terrenos de juego con la camiseta blanca. "Estoy muy contento por cómo ha salido todo. Esto es el principio de lo que puede ser esta Liga para el Real Madrid, seguir sumando puntos, y yo, si es posible, seguir marcando goles. Creo que he tenido suerte y tengo que darle gracias a Dios por ello", apuntaba el jugador, que tenía además palabras para Benito Floro. "Tengo que manifestar que le estoy muy agradecido ya que me dio plena confianza", señalaba el centrocampista.
En la entrevista para la revista Real Madrid se mencionaba el hecho de que Martín Vázquez no podría jugar en competición europea esa temporada puesto que ya había jugador en Copa de Europa con el Olympique de Marsella, lo que le impedía alinearse con el Madrid en la Copa de la UEFA de aquella temporada 1992-93. "Sí, y no creas que no lo siento, tanto por el equipo como por mí mismo. Personalmente es un 'palo'. Pero, mira, hay que aceptarlo. Lo importante es que estoy aquí y voy a ayudar al equipo tanto en el terreno de juego como fuera de él", expresaba el jugador, que lanzaba un mensaje para la afición. "Siempre he dado todo por el equipo y lo seguiré dando", sentenciaba.
La vuelta de Rafael Martín Vázquez fue una gran noticia para el Real Madrid. Pese al malestar que generó su marcha a Italia entre muchos aficionados hay que reconocer que dejarle salir en 1990 fue un error. Siempre he pensado que las salidas de Schuster y de Martín Vázquez mermaron al equipo, que quedó muy tocado. Se trataba de dos futbolistas fundamentales que se encontraban en un momento de forma extraordinario. No fue casualidad que con su marcha el Club entrara en una etapa de incertidumbre en la que los éxitos y los títulos comenzaron a ser esquivos con nosotros. Siempre conviene tener en plantilla a los mejores jugadores posibles y cuando Martín Vázquez abandonó Madrid acababa de completar su mejor campaña con la camiseta madridista. Se trataba, probablemente, del mejor de los integrantes de la Quinta del Buitre, futbolísticamente hablando. Renunciar a su presencia en el equipo no nos benefició en nada. Dos años y medio después, afortunadamente, los destinos de ambas partes volvieron a encontrarse...
Sin ninguna duda, uno de los mejores jugadores que han vestido la camiseta del Real Madrid
Quienes leían la revista Don Balón allá por la década de los noventa recordarán que había una sección de fútbol internacional, a dos páginas, en la que se recopilaban, como si fuese un collage, un montón de pequeñas noticias, apuntes, citas y referencias que informaban al lector sobre todo lo que sucedía más allá de las fronteras del fútbol español. Fue leyendo esa sección como supe de la existencia de un joven futbolista del Cruzeiro que, según contaban, era la nueva sensación del fútbol brasileño. La nueva perla del balompié de aquel país.
El chico, un tal Ronaldo, incluso acabó acudiendo al Mundial de Estados Unidos del año 1994, donde su Selección se hizo con el triunfo al doblegar a Italia en la tanda de penaltis con la que se resolvió la Final. Ronaldo no jugó ni un minuto, pero se coronó Campeón del Mundo. Tenía sólo 17 años y el hecho de estar allí entre los tetracampeones cuando todavía era un juvenil era un síntoma de que, realmente, aquel chaval prometía...
Tras el Mundial de Estados Unidos el futbolista brasileño dio el salto a Europa para jugar en Países Bajos con el PSV Eindhoven. En una época en la que no teníamos internet ni YouTube la prensa de papel seguía siendo una fuente importante de información para saber lo que sucedía fuera de la Liga española. Y recuerdo lo mucho que me impactó un reportaje que le dedicó Don Balón a Ronaldo. Todavía lo conservo hoy en día. "El nuevo Pelé", titulaba Juan-Pablo Sainz. ¿Cuántas veces habíamos escuchado y leído eso? La prensa parecía siempre empeñada en encontrar a los sucesores de las grandes estrellas futbolísticas. Cada vez que un joven jugador despuntaba automáticamente se le compraba con algún otro astro. 'El nuevo Maradona', 'el nuevo Pelé', 'el nuevo Maradona', 'el nuevo Pelé'... Luego, en muchos casos, las expectativas no se cumplían. Pero con Ronaldo, no sé por qué, parecía posible... Es raro de explicar porque, en realidad, no le había visto jugar nunca. No le había visto marcar ni un solo gol. Sólo seguía la Liga española. Y, sin embargo, sospechaba que Ronaldo podría llegar a ser uno de los grandes. Y todo basándome en aquel reportaje de dos páginas que había leído en Don Balón.
Pues sí. Ronaldo tenía pinta de ser un jugadorazo. Y mis sospechas se confirmaron cuando por fin le pude ver jugar por televisión. Lo malo es que tocó verle con la camiseta que menos hubiese deseado. Tras jugar dos campañas con el PSV, 1994-95 y 1995-96, Ronaldo recaló en el Barcelona para disputar la temporada 1996-97. El club azulgrana pagó 2.500 millones de pesetas, récord de la época, para llevar al brasileño al Nou Camp. Y tocó sufrirle. No quiero ser hipócrita. No soy de los que 'disfrutan' con el juego de los futbolistas rivales. No. Tocó sufrirle. Ronaldo cuajó un excelente ejercicio en Barcelona. En Liga marcó 34 goles en 37 partidos y recuerdo que llegué a temer que le quitara a Zarra y a Hugo el récord de los 38 goles. Ese año nos dejó perlas como aquel gol frente al Compostela recorriendo todo el campo mientras sorteaba rivales... Aquel gol fue la mejor descripción de lo que era Ronaldo como futbolista. Fuerza, potencia, velocidad, fantasía, calidad técnica, precisión... Se agotaban los calificativos a la hora de hablar de un futbolista que, además, sólo tenía 20 años y todo el futuro por delante...
Afortunadamente, el Real Madrid ganó aquella Liga 1996-97. Una Liga de las Estrellas de la que, aunque nos pesara a los madridistas, Ronaldo era uno de sus máximos exponentes. Con alivio, contemplamos cómo la vinculación entre el Barcelona y Ronaldo sólo duró una temporada. La verdad es que no entiendo cómo los azulgranas terminaron dejando escapar a un jugadorazo con tanta proyección y tanto futuro después de lo que había demostrado ese año.
Ronaldo recaló en el Inter de Milán en el verano de 1997 siendo ya una estrella de talla mundial. En el equipo italiano coincidió con Iván Zamorano. Ganó el Trofeo Bravo en las ediciones de 1997 y 1998, siendo junto a Emilio Butragueño el único futbolista que ha ganado dos veces el prestigioso galardón. También ganó el Balón de Oro en el año 1997. Con la Selección brasileña llegó a disputar la Final del Mundial de Francia-98 y ganó la Copa América en las ediciones de 1997 y 1999. En Italia los títulos no abundaron. Sólo ganó la Copa de la UEFA 1997-98 en su primera campaña con el cuadro nerazzurri. Pero seguramente que la ausencia de más títulos se debió, precisamente, a las ausencias de Ronaldo. Y es que las lesiones se cebaron con el astro brasileño hasta hacer peligrar seriamente su carrera. Una rotura en la rodilla derecha le dejó seis meses en el dique seco. A su vuelta, el día de su reaparición, volvió a lesionarse en la misma articulación. Fue en un encuentro de Copa frente al Lazio, el 12 de abril del año 2000. Ronaldo se destrozó la rodilla y las imágenes del brasileño llorando tirado sobre el césped dieron la vuelta al mundo. Más de un año tardaría en volver a jugar. Se pasó en blanco la temporada 2000-01 y en la 2001-02 sus apariciones fueron intermitentes...
El Mundial de Corea-Japón 2002 supondría su vuelta definitiva. Ahí volvimos a ver al Ronaldo espectacular y decisivo. El mundo del fútbol celebró el regreso de 'El Fenómeno'. El brasileño demostró que tenía mucho que ofrecer todavía. Brasil ganó aquel Mundial con Ronaldo como estrella indiscutible. Marcó ocho goles y se adjudicó la Bota de Oro y el Balón de Plata de la competición.
Aquel verano, después del Mundial, surgieron los rumores del interés del Real Madrid por Ronaldo. Florentino Pérez, que había accedido a la presidencia del Club con Luis Figo bajo el brazo, había fichado a Zinedine Zidane un año antes y estaba dispuesto a volver a llevarse a otro de los grandes al Santiago Bernabéu. El objetivo en aquella ocasión era Ronaldo. Habían pasado cinco años desde su primera campaña en el fútbol español. La duda era si su rodilla estaba plenamente recuperada. El Mundial parecía ser la prueba de que sí. Pero, claro... Las dos lesiones que había tenido en Italia habían sido tan graves que resultaban lógicas las dudas. Eso sí, la posibilidad de ver a Ronaldo con la camiseta blanca supuso una ilusión tremenda. En caso de no recaer de sus problemas físicos tendríamos la posibilidad de ver a un auténtico fuera de serie. Yo, desde luego, deseaba con todas mis ganas que los rumores se hiciesen realidad. Y, al igual que yo, muchísimos madridistas, por supuesto.
Y llegó. Llegó. El culebrón veraniego terminó con final feliz. Con mucha emoción, porque hubo que esperar al cierre del mercado de fichajes. Pero todo acabó bien. El 1 de septiembre de 2002 la gran noticia deportiva era la confirmación de que Ronaldo Luís Nazário de Lima era nuevo jugador del Real Madrid.
La verdad es que fueron días muy felices. Aquel año veníamos de ganar la Champions League y la Supercopa de Europa. Y teníamos un equipazo del que sentirnos orgullosos. Un equipazo al que llegaba para aportar su granito de arena nada más y nada menos que Ronaldo. Días felices para el madridismo.
Además de un gran jugador, Ronaldo era un tío simpático. Y eso es algo que ya se había visto durante su estancia en Barcelona. Pese a jugar con nuestro máximo rival, Ronaldo era uno de esos jugadores que no te podía caer mal. Un tipo muy peculiar. Caía bien, no hay que darle más vueltas. Caía bien. Tenía y tiene muchísimo carisma y una simpatía natural.
Está claro que disfrutamos de uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol. Muchos le sitúan en el olimpo de los más grandes. 'El nuevo Pelé', como advertían en aquel reportaje de Don Balón que mencionaba al principio de esta entrada de 'Historias del Real Madrid'. Algunos incluso dicen que de no haber sido por las lesiones estaríamos hablando del mejor jugador de la historia. Personalmente, yo no me atrevería a decir tanto. Pero sí que es cierto que las lesiones nos privaron de ver cuál era el tope del brasileño. Hay que ser sinceros y admitirlo: El Ronaldo que vimos en el Real Madrid no era un jugador al 100%. A mí me quedó la sensación de que Ronaldo ya nunca volvió a estar al 100% de su capacidad tras las lesiones que sufrió en Italia. Le faltaba 'algo', no sé muy bien cómo definirlo, pero le faltaba 'algo' para ser el Ronaldo que habíamos visto antes de sus problemas de rodilla. Y aún así, sin embargo, era un fuera de serie. Sin estar al máximo de sus facultades era un jugador extraordinario con capacidad para hacer goles de todos los colores y levantar a los aficionados de sus asientos.
¿El mejor delantero que he visto con el Real Madrid? Pues no sabría responder convencido... He visto a muchos y muy buenos. Santillana me pilló muy pequeño y sólo pude contemplar la recta final de su carrera, cuando llegó a compartir vestuario con su sucesor a la hora de lucir el 9 a la espalda, Hugo Sánchez. Del mexicano sí que puedo hablar. Hugo era un auténtico rematador del área. Era increíble la facilidad que tenía para ver puerta. Algo parecido a Zamorano y a Ruud van Nistelrooy. Iván Zamorano era más limitado en el aspecto técnico aunque suplía sus carencias con unas enormes dosis de sacrificio y una capacidad de trabajo digna de admiración. Zamorano se lo curraba. Pero Hugo Sánchez y Ruud van Nistelrooy eran mucho más fiables. El mexicano y el neerlandés eran especialistas, auténticos especialistas del área. Ronaldo era otro tipo de delantero, también con el mismo olfato goleador pero con más recursos a la hora de participar en las jugadas del equipo y una mayor capacidad para generar él mismo las ocasiones de gol. Luego está el caso de Cristiano Ronaldo, que me parece más completo que todos ellos pero que no puede ser catalogado como un delantero centro al uso. De hecho, casi siempre ha jugado escorado en banda izquierda, lo cual le da mucho más mérito a la gesta de haberse convertido en el mayor goleador de la Historia del Real Madrid. ¿Cuál ha sido el mejor delantero de los que he visto con la camiseta merengue? Bueno... Qué más da... Todos han aportado goles y han contribuido a hacer más grande al Club.
¿Hasta dónde hubiese llegado Ronaldo Nazário en el Real Madrid y en el mundo del fútbol en general habiendo disfrutado de plenas facultades físicas durante toda su carrera? Pues eso es algo que nunca sabremos, aunque se intuye que sus cifras, sus títulos y sus gestas serían aún si cabe mayores de lo que ya consiguió. Y eso que no fue poco lo que ganó el 'Fenómeno'... 2 Mundiales, 2 Copas América, 1 Copa Confederaciones, 1 Copa Intercontinental, 1 Mundial de Clubes, 1 Supercopa de Europa, 1 Copa de la UEFA, 1 Recopa de Europa, 2 Ligas, 1 Copa del Rey, 2 Supercopas de España, 1 Copa de los Países Bajos, 2 Copas de Brasil, 1 Campeonato Mineiro, 1 Campeonato Paulista... Y eso sólo en cuanto al palmarés a nivel de títulos. Las distinciones y galardones individuales dan para elaborar un listado enorme. 2 Balones de Oro, 1 Balón de Plata, 1 Balón de Bronce, 3 FIFA World Player, 2 Trofeos Bravo, 1 Bota de Oro y un larguísimo etcétera...
Datos, títulos y números que reflejan a las claras la dimensión de este futbolista de talla mundial que causó sensación a finales de los noventa y principios del presente siglo. Ronaldo Luís Nazário de Lima ha sido un grande de este deporte. Todo lo que se diga sobre su figura será poco a la hora de describirle y recordarle. Y tuvimos la gran suerte y el enorme privilegio de verle jugar en el Santiago Bernabéu. Dejó huella en nuestro estadio y Madrid también le dejó huella hasta el punto de que hoy en día no esconde su madridismo. "Me hubiera gustado que el gol frente al Compostela fuera con la camiseta del Madrid", afirmó en octubre de 2016 analizando en televisión aquel prodigioso tanto de 1996. Lo dicho, es que hay que quererle. Y, de hecho, la gente le quiere. Así se lo demostró en el último Corazón Classic Match frente al AS Roma el pasado mes de junio con una atronadora ovación. Sí, dejó huella aquí.
En total, fueron cuatro temporadas y media con nosotros. 177 partidos oficiales y 103 goles con la camiseta blanca. Y un sinfín de grandes momentos. Mereció la pena verle jugar con la camiseta del Real Madrid.
Se cumplen quince años del debut del astro brasileño con la camiseta del Real Madrid
Domingo 6 de octubre de 2002. Quinta jornada de la Liga 2002-03. El Alavés visita el Santiago Bernabéu en un encuentro en el que las cámaras y los focos estaban dirigidos al banquillo del Real Madrid. Allí estaba, por primera vez, nada más y nada menos que Ronaldo Nazario de Lima. El extraordinario delantero brasileño había entrado en la convocatoria y era el centro de atención de todos los aficionados. Aquel día podía debutar con la camiseta blanca uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol.
Llevaba
poco más de un mes en España. Ronaldo había sido presentado el 2 de
septiembre de 2002 como nuevo jugador del Real Madrid. Su fichaje fue un auténtico culebrón veraniego que se prolongó durante todo el mes de agosto y que se cerró sobre la bocina al término del mercado. El jugador, claro está, no hizo la pretemporada con el resto del equipo y tenía que ponerse a punto. A lo largo de aquel mes de septiembre fue cogiendo la forma física propicia y superó algunas molestias que retrasaron un poco su estreno en competición oficial.
Había muchísimas ganas de verle jugar con nosotros. Estábamos impacientes por verle en acción con la elástica blanca. La expectación que generó su llegada al Real Madrid fue increíble. No era para menos, se trataba de uno de los mejores jugadores del mundo. Para algunos, directamente, el mejor. Había recalado en el Club en una etapa en la que el presidente Florentino Pérez se había empeñado en reunir a las mayores estrellas del panorama futbolístico mundial. Dos años antes había llegado Figo y un año atrás Zinedine Zidane. Ahora era el turno de Ronaldo.
Aquel domingo me tocó trabajar, pero estuve pendiente de la radio para seguir el partido. Un encuentro que se nos puso de cara muy pronto, por cierto. Zidane adelantó al Madrid en el primer minuto de juego con un auténtico golazo. A la media hora Figo puso el 2-0 en el marcador al transformar un lanzamiento de penalti ajustando el balón al palo derecho. El Alavés recortó distancias poco después y al descanso se llegó con el 2-1 favorable al Madrid. Sería ya en la segunda parte cuando llegó el esperado momento. El que todos aguardábamos. En el minuto 64 hubo doble cambio. Vicente Del Bosque retiró del campo a Guti y Portillo para dar entrada a Santi Solari y a... ¡Ronaldo Nazario de Lima!
La ovación fue tremenda, como es lógico. Se pudo percibir a través de la radio con total nitidez. Me imagino cómo sería vivirlo en directo en el Bernabéu... Tremendo. ¿Y qué pasó? Pues pasó que el primer balón que tocó Ronaldo... ¡GOL! Increíble. Es que no hay palabras para describir aquello. Parecía un guión de película. Un minuto llevaba sobre el césped y ya había marcado gol. Su primer gol con la camiseta del Real Madrid. Centro de Roberto Carlos desde la izquierda que supera a dos defensas del Alavés. Ronaldo controla con el pecho a la altura del punto de penalti. El delantero brasileño dejó botar la pelota y ejecutó un disparo con el que el balón pegó en el suelo y se elevó para colarse por la escuadra de la portería. No me lo podía creer. ¡No me lo podía creer! Mejor estreno, imposible. Todos los jugadores corrieron hacia el brasileño para fundirse en una piña con su nuevo compañero.
Al partido aún le quedaba casi media hora. Luis Figo anotó el 4-1 con un precioso disparo desde dentro del área, imprimiendo efecto al balón para ajustarlo al segundo palo salvando la salida de Dutruel. Por cierto, un gol muy parecido al 1-0 de Zidane, sólo que el portugués marcó entrando por la derecha y el francés lo había hecho entrando por la izquierda.
Y todavía quedaba algo más. Ronaldo parecía dispuesto a confirmar que habíamos fichado al mayor depredador del área de la época. Goles. Muchos goles nos iba a regalar el brasileño. Y nos lo volvió a demostrar en ese mismo encuentro. En el minuto 79 el británico Steve McManaman, que acababa de sustituir a Makelele, protagonizó una incursión a las inmediaciones del área visitante conduciendo el balón por el centro. Un par de defensores se disponían a cerrarle el paso pero el inglés envió el esférico a la izquierda, por donde se incorporaba Ronaldo. El delantero tocó una vez para controlar y armó el disparo para batir en carrera y por abajo a Dutruel. Era el 5-1. Segundo gol para Ronaldo en el día de su debut con la camiseta blanca.
A cinco minutos para el final el Alavés maquilló el marcador con el 5-2, pero aquello ya era lo de menos. El Real Madrid goleó, se llevó los tres puntos y, lo mejor de todo, Ronaldo debutó con dos goles. Debut soñado para un jugador que nos daría muchas tardes de gloria y goles. Aquel 6 de octubre de 2002 el periplo de Ronaldo Nazario con la camiseta del Real Madrid no había hecho más que comenzar...
REAL MADRID:
Casillas, Miñambres, Hierro, Helguera, Roberto Carlos, Makelele
(McManaman, 75'), Cambiasso, Figo, Zidane, Portillo (Ronaldo, 64') y
Guti (Solari, 64').
ALAVÉS:
Dutruel, Edu Alondo, Téllez, Abelardo, Ochoa, Llorens, Desio, Pablo
(Luis Helguera, 68'), Astudillo, Magno (Illie, 64') e Iván Alonso.
GOLES
1-0 min. 1 Zidane
2-0 min. 32 Figo (penalti)
2-1 min. 37 Magno
3-1 min. 65 Ronaldo
4-1 min. 72 Figo
5-1 min. 79 Ronaldo
5-2 min. 85 Iván Alonso