jueves, 6 de diciembre de 2018

TRIUNFO EN EL NOU CAMP VEINTE AÑOS DESPUÉS

En la temporada 2003-04 el Real Madrid ganó al Barcelona en el Nou Camp después de veinte años sin hacerlo en Liga

"Veinte años no es nada". El sábado 6 de diciembre de 2003 el Real Madrid ganaba 1-2 en el Nou Camp al Barcelona. No era la primera vez que veía al Madrid ganar en Barcelona. Lo habíamos hecho ya en Champions League, en Copa del Rey y en la Supercopa de España. Lo habíamos hecho también en Liga en octubre de 1983, durante la que siempre considero mi primera campaña futbolística. Pero, sinceramente, no recordaba aquel partido en el que el equipo dirigido por Alfredo Di Stéfano se impuso 1-2. Y resulta que no habíamos vuelto a ganar allí en Liga desde entonces... Ni siquiera en los mejores años de la Quinta del Buitre. Todos los encuentros ligueros que disputábamos en el Nou Camp se saldaban o con derrota o, a lo sumo, con un empate. Pero no habíamos vuelto a ganar.

Digo que no recordaba nada de aquel partido jugado el 22 de octubre de 1983. Pero sí que sabía lo que había pasado. Lo sabía perfectamente. Ganamos 1-2 con goles de Juanito y Santillana. Todos los años en vísperas de jugar en Liga en Barcelona los informativos y espacios deportivos de los telediarios se encargaban de recordarnos que el Real Madrid no vencía en el Nou Camp desde la temporada 1983-84. Todos los años. Todos los años. Cada vez que se acercaba el Barcelona-Real Madrid de Liga nos pasaban por la televisión los goles de la temporada 1983-84. Empezó a ser un poco frustrante. Afortunadamente la racha se acabó con el triunfo de la temporada 2003-04.

El sábado 6 de diciembre de 2003, el día en el que La Constitución cumplía 25 años, el Real Madrid visitaba el Nou Camp para jugar la Jornada 15 del Campeonato Nacional de Liga. El equipo que dirigía Carlos Queiroz, con algún altibajo puntual, había encontrado un once definido y llegó a rayar un buen nivel de juego. Era el líder de la categoría por delante del Valencia y le sacaba diez puntos al Barcelona, que era octavo.

La alineación inicial del equipo blanco ese día fue la habitual de aquella temporada. La cosa no terminó bien esa campaña, pero mientras duró la 'gasolina' el equipo funcionó muy bien porque había muy buenos jugadores. Contábamos con todas las estrellas del momento. Figo, Zidane, Ronaldo, Beckham... A todos ellos se sumaban los Raúl, Roberto Carlos o Casillas, uno de los destacados en Barcelona. Los futbolistas con perfil más bajo eran los dos centrales, Pavón y Raúl Bravo. Casi nadie lo recuerda, pero esa temporada lo hicieron muy bien. Y jugaron mucho. Estábamos en plena política de lo que se denominó política de 'Zidanes y Pavones', así que contaron con el beneplácito de entrenador y Club. En el centro del campo, junto a Beckham se situaba Iván Helguera, que ayudaba en la contención y se incorporaba al ataque con notable acierto. Fueron años muy buenos los del cántabro. La verdad es que el equipo era muy bueno y en el banquillo había futbolistas como Solari y Guti, que solían ser los primeros recambios. El problema era que la plantilla no era muy larga y se contaba con bastantes canteranos que quizás no alcanzaban el grado de exigencia que requiere el Real Madrid. Y eso lo acabaríamos pagando. Pero eso es otra Historia de la que ya hablaremos...

El partido

Pitada monumental al equipo madridista a su salida al terreno de juego. Los mensajes más cariñosos de la afición local iban dirigidos a Luis Figo, como ya era habitual, y en esta ocasión también para Ronaldo Nazario, que visitaba por primera vez el Nou Camp con la camiseta del Real Madrid. El brasileño, además, marcó gol. Pero no adelantemos acontecimientos. El Real Madrid cuajó una magnífica primera parte. Los azulgranas no inquietaron mucho y sus aproximaciones a la portería de Casillas se contaron con los dedos de la mano. La ocasión más clara de los anfitriones fue un lanzamiento de falta de Xavi que Casillas desvió a córner por encima del larguero con una magnífica intervención. Pero quien mandó de verdad fue el Real Madrid, que dominó el balón ante un Barcelona muy temeroso y muy replegado atrás. Se criticó mucho el planteamiento de Rijkaard, pero hay que recordar que al Barcelona le estaban cayendo de todos los colores en aquel inicio de temporada.

En el minuto 37 llegó la jugada del primer gol. Zinedine Zidane se marchó por banda izquierda y tras deshacerse con facilidad de Motta envió el balón a Roberto Carlos, que se incorporaba también por la izquierda pero escorado por el medio. Todavía estaba algo lejos del área, pero el lateral ni se lo pensó y soltó un cañonazo de los suyos que se coló raso y de manera espectacular en la portería de Víctor Valdés. ¡Gol del Real Madrid! 0-1 en el marcador y resultado con el que nos iríamos al descanso. Y eso que desde el otro lateral, el derecho, Míchel Salgado probó fortuna con un remate que se marchó a la izquierda de la portería.

El primer tiempo fue dominado por los de Queiroz, que incluso ganaron en la 'famosa' posesión  a su contrincante. Zidane manejó el juego con solvencia junto a un Beckham que jugó un muy buen partido y que demostró ser un portento físico. Muchas de las jugadas del equipo llevaron el sello de los dos centrocampistas. El que no estuvo tan fino fue Luis Figo, que tocó mucho la pelota pero no fue tan resolutivo. Lo intentó en todo momento y no se escondió, en todo caso.

El 0-2 pudo haber llegado en los primeros compases del segundo tiempo con una extraordinaria jugada de David Beckham que, salvando a dos defensores, controló un esférico y se incorporó por la izquierda para terminar enviando un centro al área por alto que Raúl remató de primeras, según le llegó, para echarla por encima del larguero. Una pena. En el segundo tiempo, en cualquier caso, hay que reconocer que el Barcelona dio un paso adelante, no le quedaba más remedio, y fue más incisivo que en la primera mitad. Fue ahí cuando se coronó otro de los nombres propios de aquella noche, Casillas. El guardameta estuvo soberbio con unas intervenciones espectaculares. Desvió un tremendo disparo de Overmars dirigido a la escuadra después de una buena internada del jugador neerlandés. El contacto con el balón tenía más sentido para los de casa en este segundo periodo en el que trataron de hacer daño, sobre todo, entrando por las bandas.

El Real Madrid consiguió ampliar la renta a falta de un cuarto de hora para el final. Desde el medio campo y a la media vuelta Figo soltó un pase en profundidad por la banda izquierda que recibió, cómo no, Roberto Carlos. Raúl se llevó a su marcador y el que recibió el pase dentro del área fue Ronaldo, completamente solo. Se paró, controló y con toda la comodidad del mundo soltó un latigazo que entró a gol. Era el 0-2 y el equipo blanco asestaba un duro golpe a su rival, que se veía con dos goles de desventaja pese al esfuerzo que estaba realizando. El gol de Ronaldo era también simbólico puesto que lo hacía en el campo en el que jugó como local en la temporada 1996-97 pero con la camiseta blanca.

Lo cierto es que la recta final no fue nada fácil y el gol de Ronaldo nos vino de maravilla, puesto que en el minuto 83 el Barcelona recortó distancias con un saque de esquina botado desde la derecha que Kluivert remató de cabeza a la red. Esta vez Casillas no pudo hacer nada. Los minutos finales se hicieron largos. Al Madrid le tocó defenderse y aguantar el empuje de los locales a la desesperada. El problema era que después de tantos años sin ganar en Liga allí todos nos temíamos que en el último suspiro acabara llegando el gol de turno que nos fastidiara la satisfacción de ganar en Barcelona. Recuerdo los nervios finales. Hubiera sido injusto después de la gran primera parte que había firmado el equipo y del buen partido, en general, que habíamos hecho. Pero se aguantó, se aguantó... Se aguantó y se ganó. 1-2 y el Madrid que reforzaba su liderato dejando al Barcelona a trece puntos.

Aquella victoria en Barcelona fue muy satisfactoria. Tal día como hoy de hace 15 años terminábamos con aquella losa que arrastrábamos desde hacía 20 años. Por fin habíamos vuelto a ganar en Liga en el Nou Camp. Por fin pude ver al Real Madrid ganar allí en un partido de Liga. "Este Madrid es otra historia. Tumbó al Barça", tituló en su portada al día siguiente el diario Marca. "Ganó en el Camp Nou en Liga 20 años después", apostillaba el rotativo. Lo dicho, veinte años no es nada...

BARCELONA: Víctor Valdés, Gabri (Quaresma, 46'), Puyol, Reiziger, Van Bronchorst, Xavi, Cocu, Motta (Saviola, 78'), Gerard, Luis García (Overmars, 46') y Kluivert.

REAL MADRID: Casillas, Míchel Salgado, Pavón, Raúl Bravo, Roberto Carlos, Helguera, Beckham, Figo, Raúl (Solari, 86'), Zidane y Ronaldo (Portillo, 77').

GOLES
0-1 min. 37 Roberto Carlos
0-2 min. 75 Ronaldo
1-2 min. 83 Kluivert

martes, 4 de diciembre de 2018

MURCIA, DICIEMBRE DE 1983

Se cumplen 35 años de los debuts de Sanchís y Martín Vázquez con el Real Madrid

Este 4 de diciembre se cumplen 35 años del partido de Liga en el que debutaron con el primer equipo del Real Madrid los canteranos Manolo Sanchís y Martín Vázquez. Míchel había debutado en abril de 1982 en el partido de la huelga que se disputó en Castellón, pero suele considerarse el partido de Murcia en diciembre de 1983 como el del desembarco de la Quinta del Buitre en el Real Madrid. Hace unas semanas recordaba el 35 aniversario de la publicación en el diario El País del famoso artículo en el que el periodista Julio César Iglesias le ponía nombre a la generación de futbolistas más famosa de la década de los ochenta. Fue el 14 de noviembre de 1983. Veinte días después, dos de los protagonistas de aquel texto estaban jugando en el equipo que dirigía Alfredo Di Stéfano. La Quinta del Buitre llegaba al Real Madrid.

El Real Madrid llegó al estadio La Condomina de Murcia como líder de la clasificación. Era la jornada 14. Lesiones y ausencias obligaron al entrenador del equipo blanco a incluir en la convocatoria a los futbolistas del Castilla Manolo Sanchís y Rafael Martín Vázquez. Al técnico argentino no le tembló el pulso a la hora de echar mano de los jóvenes. Los benjamines de la expedición madridista, ambos de 18 años, no sólo viajaron con el equipo sino que además debutaron como titulares y ofrecieron una gran actuación siendo dos de los destacados. Lo hicieron jugando en el centro del campo, lo cual ahora resulta llamativo en el caso de Sanchís puesto que como todos ya sabemos terminó triunfando como central.   

El Real Madrid hizo un buen partido aquel día en casa de un Murcia que no había perdido todavía como local. Los anfitriones empezaron fuerte pero el conjunto blanco fue de menos a más. El empuje de los nuevos ayudó bastante. Para redondear todavía más su debut Sanchís fue el autor del único gol del partido, un potente disparo a pase de Juanito que terminó significando el 0-1 con el que el Madrid se llevaría los puntos en juego y se afianzaría en lo más alto de la tabla.

Di Stéfano comprendió que lo que había en el Castilla merecía la pena. El filial cuajó una extraordinaria campaña y terminaría coronándose como Campeón de Liga en Segunda División. Lo hacia gracias a la calidad de sus futbolistas, que conformaron un equipo que llegaba a llenar el Santiago Bernabéu y que captaba más interés que el propio Real Madrid. Los jugadores eran tan buenos que poco a poco fueron desfilando con la camiseta del Real Madrid. Después de Sanchís y Martín Vázquez el siguiente en debutar fue Miguel Pardeza en la última jornada del año 1983 frente al Español. Y el 5 de febrero de 1984 le llegaría el turno al jugador que daba nombre a esa generación. Emilio Butragueño jugaría su primer partido en Cádiz. Al que le tocó esperar fue a Míchel, el jugador que curiosamente había sido el primero en debutar, que no daría el salto definitivo a la primera plantilla hasta la siguiente temporada 1984-85 de la mano de Amancio.

En cualquier caso, en Murcia había comenzado a hacerse realidad el sueño de aquellos jóvenes futbolistas que protagonizarían una de las etapas más gloriosas de la Historia del Real Madrid. Hace ahora 35 años, la Quinta del Buitre empezaba a volar...

MURCIA: Cervantes, López, Núñez, Herrero, Vidaña, Del Barrio, Santi (Tarrés, 66'), Sebas, Moyano, Figueroa y Ramírez.

REAL MADRID: Miguel Ángel, Chendo, Bonet, Metgod, Camacho, Gallego (San José, 85'), Ángel, Martín Vázquez, Sanchís, Juanito y Santillana.

GOL
0-1 min. 82 Sanchís

lunes, 3 de diciembre de 2018

LUKA MODRIC, BALÓN DE ORO 2018

El jugador croata recibe el prestigioso galardón correspondiente al presente año

El futbolista del Real Madrid Luka Modric ha recibido el Balón de Oro 2018 que le acredita como el mejor futbolista del presente año. El futbolista blanco ve recompensadas sus actuaciones con el Real Madrid, equipo con el que se coronó Campeón de Europa, y con la selección de su país, con la que fue Subcampeón del Mundo. El triunfo en la Champions League y el hecho de liderar a Croacia en el Mundial de Rusia han pesado a la hora de otorgar el prestigioso galardón de la revista France Football. El centrocampista recibe esta distinción en un año magnífico para él a la hora de recoger trofeos individuales. A lo largo de este 2018 también ha recibido el The Best y el Premio al Jugador del Año de la UEFA 2017-18.

Modric recoge el testigo de Cristiano Ronaldo, Balón de Oro en cinco ocasiones y que fue quien recogió el trofeo el pasado año 2017. Nuestro ex jugador, ahora en las filas de la Juventus, ha sido en esta ocasión Balón de Plata. El tercer puesto ha sido para el francés Antoine Griezmann. El Balón de Oro del croata pone fin a una década de absoluto dominio de Cristiano Ronaldo y Messi. Desde 2008 los dos futbolistas se han repartido cinco galardones cada uno.

"Es algo impresionante. Me siento muy orgullo. Es un momento único para mí recibir este premio. Creo que este es un premio para toda mi carrera, por todo el trabajo realizado durante mi carrera. Y hoy ha llegado la recompensa con este gran premio", señalaba el croata al micrófono de Realmadrid TV. El centrocampista reconocía que ha trabajado mucho para llegar a donde ahora está y rememoraba sus comienzos en el mundo del fútbol. "Soñaba con hacer grandes cosas y ganar títulos. Pero ganar este premio sobrepasa todos mis sueños", apuntaba el jugador, que califica de "orgullo" este momento. "Es una temporada de ensueño, no puedo pedir nada más", añadía Modric, que no dudó en dedicar el galardón a todos los aficonados madridistas. "Esto es para vosotros también", apostillaba.

Entre los treinta primeros clasificados de la lista elaborada por France Football podemos encontrar a ocho jugadores del Real Madrid contando a Modric. Varane ha sido séptimo, Thibaut Courtois decimocuarto, Gareth Bale decimoséptimo junto a Karim Benzema, Sergio Ramos decimonoveno, Marcelo vigesimosegundo e Isco vigesimonoveno.

El Balón de Oro que recibe Luka Modric supone un más que justo reconocimiento a un futbolista que se ha ganado con creces el aplauso de todos los aficionados madridistas. El croata cumple con la presente siete temporadas en el Real Madrid y se ha convertido en uno de los jugadores más queridos y valorados por el gran público. Centrocampista extraordinario con una gran calidad técnica y una gran plasticidad, ha sido protagonista indiscutible en los éxitos más recientes del Club. 4 Champions League, 3 Mundiales de Clubes, 3 Supercopas de Europa, 2 Supercopas de España, 1 Liga y 1 Copa del Rey conforman el extraordinario palmarés que ha conseguido hasta el momento nuestro jugador. Ojalá sigan llegando muchos más éxitos y ojalá sean con él vistiendo nuestra camiseta. De momento, desde 'Historias del Real Madrid', hoy toca felicitarle por este más que merecido galardón individual. Luka Modric es Balón de Oro. Felicidades!

MADRIDISTAS Y BALÓN DE ORO

Con el galardón de Luka Modric se amplía el número de jugadores blancos premiados

El Balón de Oro que France Football ha otorgado esta noche a Luka Modric supone la ampliación del número de futbolistas del Real Madrid que se han encaramado alguna vez al podium de los galardonados en este prestigioso trofeo. Con el croata son catorce los futbolistas del equipo blanco que alguna vez han recibido el Balón de Oro o han sido designados Balón de Plata o Balón de Bronce.

1956
PLATA Alfredo Di Stéfano
BRONCE Raymond Kopa
1957
ORO Alfredo Di Stéfano
BRONCE Raymond Kopa
1958
ORO Raymond Kopa
1959
ORO Alfredo Di Stéfano
1960
PLATA Puskas
1964
BRONCE Amancio
1986
BRONCE Emilio Butragueño
1987
BRONCE Emilio Butragueño
1997
PLATA Mijatovic
1998
PLATA Suker
2000
ORO Figo
2001
PLATA Raúl
2002
ORO Ronaldo
PLATA Roberto Carlos
2006
ORO Fabio Cannavaro
2009
PLATA Cristiano Ronaldo
2011
PLATA Cristiano Ronaldo
2012
PLATA Cristiano Ronaldo
2013
ORO Cristiano Ronaldo
2014
ORO Cristiano Ronaldo
 2015
PLATA Cristiano Ronaldo
2016
ORO Cristiano Ronaldo 
2017
ORO Cristiano Ronaldo
2018
ORO Luka Modric

sábado, 1 de diciembre de 2018

¿DÓNDE ESTABAS EL 1 DE DICIEMBRE DE 1998?

Se cumplen 20 años de la consecución de la Copa Intercontinental de 1998

Se trata de uno de esos partidos que todos recordamos perfectamente dónde, cómo y con quién lo vimos. La Final de la Copa Intercontinental de 1998 se jugó el martes 1 de diciembre de 1998. Un martes, día laboral, a las 11.00 horas de la mañana. Cosas de jugarse el encuentro en Japón. Desde luego ni el día ni la hora eran los más apropiados para ver un partido de fútbol. Pero precisamente por eso, por lo poco usual que resultaba, todos recordamos perfectamente cómo vivimos aquel triunfo del Real Madrid sobre el Vasco Da Gama.

Esta pasada tarde lancé la pregunta por Twitter. ¿Dónde estabas el martes 1 de diciembre de 1998 por la mañana? ¿Dónde estabas cuando Raúl marcó el Gol del Aguanís? Todo el mundo se acuerda. Las respuestas han sido numerosas. Unos trabajaban aquella mañana, otros estaban en la 'Mili'... Y muchísimos teníamos clase. Somos muchos los de la generación que nos encontrábamos ese día en las aulas. En el colegio, en el instituto o en la universidad. ¿Y cómo vivimos todo aquello? Algunos afortunados pudieron verlo por televisión. El partido lo emitió Vía Digital en directo. Muchos hicieron 'pellas', 'piras'... Novillos. No fueron a clase. La gran mayoría, sin embargo, seguimos el partido desde la propia clase a través de la radio. Fue el gran día de la radio para los madridistas.

Yo me sentaba a la izquierda del aula, junto a las ventanas. El caso es que me coloqué la radio debajo del pupitre y deslicé dentro de la ropa el cable de los cascos, colocándome sólo el auricular izquierdo, para que no se notara tanto. Los compañeros que tenía delante y detrás ya sabían que estaba escuchando el partido, así que con disimulo y por lo bajo me iban pidiendo que les informara de la marcha del encuentro. Sí, quizás lo más lógico hubiese sido haber hecho 'pira' y haberme saltado la clase, como hicieron muchos aficionados del Madrid. Recuerdo que se habló mucho ese día sobre las repentinas ausencias que hubo aquel martes en muchos puestos de trabajo. Aquel año habíamos ganado la Séptima Copa de Europa en Ámsterdam, lo que nos había abierto las puertas para disputar esta Copa Intercontinental. Había opciones de sumar un nuevo título internacional. Después de tantos años viendo con envidia cómo otros equipos se coronaban como campeones intercontinentales, por fin llegaba la oportunidad de ver al Real Madrid levantando el trofeo.

Encuentro que empezó bastante bien, por cierto. Entrenaba todavía Guus Hiddink a aquel Madrid de la temporada 1998-99. Y a los 25 minutos de partido, llegó el primer gol. Roberto Carlos entró por la izquierda con su habitual velocidad y, sin llegar a entrar en el área, lanzó un tremendo disparo que un defensor brasileño envió a su propia portería. Gol y el Real Madrid por delante en el marcador. Por supuesto, no grité el gol, en medio de la clase, faltaría más. Pero recuerdo la enorme satisfacción que me entró y aquella extraña sensación por tener que contenerme cuando el cuerpo me pedía que me levantara y gritase 'gol' a pleno pulmón. Recuerdo que nos marchamos al descanso ganando con aquel gol. Sin embargo, la renta era corta y en cualquier momento las cosas podían torcerse. Y así ocurrió. Tras la reanudación y el cambio de asignatura, en la siguiente hora, llegó el gol del empate del Vasco Da Gama. Los viejos fantasmas volvían a la carga... Eran los noventa... El 'Síndrome del Transworld Sport' se apoderó de mí y me llegué a creer que perderíamos el partido..

El Aguanís

Estábamos ya alcanzando la recta final y, en el mejor de los casos, iríamos a la prórroga. Pero, no. No hizo falta. Todos sabemos lo que sucedió. Lo que hizo Raúl. Seguramente fue su mejor gol como madridista. Llegó a bautizarlo y todo. El Gol del Aguanís, lo llamó.  


No sé cuántas veces lo habré visto ya. Pero, claro, en el momento del gol... yo no estaba viendo la televisión. ¡Estaba escuchando la radio! Os podéis imaginar cómo se me puso el corazón mientras, siguiendo la narración radiofónica, me imaginaba el pase largo de Clarence Seedorf, a Raúl recogiendo el balón justo en la raya del área, al propio Raúl recortando y dejando, literalmente, sentado de culo al defensor que le cubría... Raúl controló el balón mientras otro defensa del Vasco de Gama corría hacia él para tratar de frenarle, pero con un rápido toque técnico logró burlar al segundo defensa y se escoró a la derecha para buscar el disparo ajustado al palo. A todo esto, otros dos defensas corrían hacia su área para tratar de arreglar el desaguisado que el 7 blanco estaba montando en las inmediaciones de la portería brasileña. Pero Raúl realizó un disparo medido que superó la estirada del guardameta rival. E, insisto, esta jugada no la pude ver en directo. La estaba escuchando por la radio... Aquello ya fue demasiado. Recuerdo que cerré los puños, cerré los ojos, apreté los dientes y tuve que hacer un esfuerzo terrible para no tirar la mesa y ponerme a gritar...

Era el minuto 83. Sólo faltaba aguantar un poco más y el Real Madrid se proclamaría Campeón de la Copa Intercontinental 38 años después de su primer título en la competición. Y se aguantó. No me lo podía creer. ¡Campeones!

Ni que decir tiene que Raúl fue elegido jugador del partido gracias a su extraordinario gol. Fue galardonado con un coche de la marca japonesa Toyota, que era el patrocinador de la competición. De hecho, el nombre comercial del trofeo era ese, precisamente, Copa Toyota. De ahí las imágenes que seguro muchos recordarán del ariete madridista subido a un vehículo con una llave gigante con el logotipo de la marca nipona. Con motivo de ese patrocinio se entregaban dos trofeos al equipo vencedor. Manolo Sanchís levantó el de la FIFA, la Copa Intercontinental de toda la vida, y Fernando Hierro alzó el que concedía la marca automovilística.  


Y todo aquello un martes, día laboral, por la mañana. La mañana del 1 de diciembre de 1998. La mañana que ningún madridista olvidará. Así conquistó el Real Madrid su segunda Copa Intercontinental. Por la noche, en horario más normal, el partido se emitió en diferido por televisión y lo pude disfrutar, además, con la ventaja de saber que la 'película' terminaba con un final feliz...

1998 fue un año maravilloso. Y aquella Copa Intercontinental fue mucho más importante de lo que parece. Ahora, en la actualidad, la sensación que se percibe es la de que tanto la Copa Intercontinental como su torneo sucesor, el Mundial de Clubes, han perdido peso y relevancia para los aficionados. Pero en su momento fue una satisfacción enorme ver al Real Madrid levantar ese trofeo. Enorme. Para conseguirlo tuvimos que ganar previamente la Champions League. La Copa de Europa que tanto se había resistido. La Séptima nos permitió pelear por un título al que no optábamos desde 1966 y que no ganábamos desde 1960. Todos recordamos que tuvieron que transcurrir 32 años para volver a ganar una Copa de Europa. Pero transcurrieron 38 años para volver a ganar una Copa Intercontinental. La ilusión fue tremenda. Y todos sabemos dónde estábamos el 1 de diciembre de 1998...

REAL MADRID: Illgner, Panucci, Sanchís, Sanz, Roberto Carlos, Hierro, Redondo, Seedorf, Savio (Suker, 89’), Raúl, Mijatovic (Jarni, 86’).

VASCO DA GAMA: Carlos Germano, Wágner (Vítor, 75’), Odvan, Mauro Galvão, Felipe, Nasa, Luizinho (Guilherme, 85’), Juninho, Ramón (Válber, 88’), Donizete, Luizão.

GOLES
1-0 min. 25 Roberto Carlos (con la colaboración de un rival)  
1-1 min. 56 Juninho  
2-1 min. 83 Raúl

sábado, 17 de noviembre de 2018

EL GOL DE HIERRO A DINAMARCA

La Selección se clasificó para el Mundial de Estados Unidos con un triunfo frente al combinado de Dinamarca

El miércoles 17 de noviembre de 1993, tal día como hoy de hace 25 años, la Selección certificaba su presencia en el Mundial que se disputaría unos meses más tarde en Estados Unidos al conseguir doblegar a Dinamarca en un partido agónico y de mucho sufrimiento pero final feliz. El encuentro me dejó un buen recuerdo sobre todo porque el gran protagonista fue un madridista, Fernando Hierro, en una época en la que los jugadores del Real Madrid no tuvieron tanta relevancia en el combinado nacional como nos hubiera gustado a los aficionados blancos.

Eran los años noventa. Tiempos duros para el madridismo. Estábamos en la temporada 1993-94, que estaba siendo un martirio aunque a mediados de noviembre parecía que habíamos enderezado un poco el rumbo después de un arranque de temporada caótico. Pero, en general, corrían malos tiempos. El Barcelona de Cruyff vivía sus mejores días y venía de ganar las tres últimas Ligas. Su buen momento se veía reflejado también en la Selección, donde los jugadores azulgranas eran mayoría. Para colmo el seleccionador, Javier Clemente, no parecía tener mucha estima por algunos de nuestros mejores futbolistas como Paco Buyo y Míchel, que lo estaban haciendo francamente bien con el Madrid pero no entraban en los planes del técnico. En realidad no contaba con nadie de la Quinta del Buitre, que había quedado desterrada de la Selección. Los únicos madridistas que parecían tener el beneplácito de Clemente eran Hierro, Alkorta, Luis Enrique y Alfonso. Tres de ellos jugaron aquella noche frente a Dinamarca

El partido frente a Dinamarca era el último de la fase de clasificación para el Mundial. Ambas selecciones estaban encuadradas en el Grupo C. España necesitaba ganar para asegurarse la clasificación. El camino hacia Estados Unidos había arrancado con un triunfo 3-0 ante Albania, pero tres empates consecutivos sin goles frente a Letonia, Irlanda del Norte y Eire habían complicado las cosas. Posteriormente se golearía por 5-0 tanto a Letonia como a Lituania, pero se perdió 1-0 a domicilio frente a Dinamarca. Se remontó el vuelo ganando 3-1 frente a Irlanda del Norte, 0-2 en Lituania, 1-5 en Albania y 1-3 en Eire. Todo quedaba a expensas de lo que sucediera en el choque en casa contra los daneses.

El encuentro se disputó en el Estadio Ramón Sánchez Pizjuan de Sevilla a las 21.00 horas. Se retransmitió en directo por TVE-1 con narración, cómo no, de José Ángel de la Casa.

El partido se le puso pronto cuesta arriba a la Selección. Los daneses aguardaban atrás y, lógicamente le tocaba a España tratar de hacer daño arriba y atacar. Pero en el minuto 10 un error garrafal de Zubizarreta dejó al combinado nacional con diez. El portero, de manera absurda, entregó el balón con los pies a Michael Laudrup, que se quedaba solo delante de su compañero en el Barcelona. El guardameta entró en falta al danés tratando de arrebatarle el esférico. Era fuera del área, no era penalti. Pero la falta era clarísima y Zubizarreta veía la tarjeta roja. España se quedaba con diez.

Y aquí es donde el azar y la fortuna sonrieron a Santiago Cañizares. El joven guardameta, Medalla de Oro en Barcelona 92 y en aquellos momentos futbolista del Celta de Vigo, tenía la oportunidad de debutar con la Selección en su primera convocatoria con el equipo nacional. Saltó al terreno de juego con el número 13 a la espalda y sustituyendo a Camarasa. Y resultó que el recién salido se convirtió en el primer gran nombre de la noche. Santiago Cañizares, que había llegado a la convocatoria de rebote, firmó una grandísima actuación. Lo paró todo y sus intervenciones fueron brillantes a lo largo de toda la noche. Los daneses tuvieron sus oportunidades pero Cañizares demostró que se trataba de un grandísimo portero. La primera sólo cinco minutos después de haberse colocado bajo palos rechazando un remate de Povlsen.

El otro gran protagonista de la noche fue Fernando Hierro. En el minuto 63 botaba un saque de esquina Goikoetxea desde la derecha y el balón fue rematado con un perfecto cabezazo por el futbolista del Real Madrid. Schmeichel, que había salido de su marco, fue superado por alto y el balón se alojó en la red desatando la euforia tanto en el campo como en los hogares de todos los que estábamos viendo el partido. No me quitaré de la cabeza la imagen de la celebración de Fernando Hierro corriendo con los brazos abiertos justo después de marcar el gol...

No hubo más goles, de tal forma que el tanto de Hierro quedó en la retina al ser gol de la victoria. España se clasificaba para el Mundial de Estados Unidos. Y lo hacía gracias a ese gol. No era el Real Madrid, pero aquel fue uno de aquellos días en los que te sentías orgulloso de los jugadores del Real Madrid aunque no corrieran buenos tiempos para nosotros. El protagonismo recayó en uno de nuestros mejores futbolistas del momento, Fernando Hierro, y en un canterano madridista que terminaría regresando al Real Madrid unos meses más tarde, Santi Cañizares.

ESPAÑA: Zubizarreta, Ferrer, Alkorta, Giner, Camarasa (Cañizares, 10'), Hierro, Nadal, Bakero, Luis Enrique,Goikoetxea y Julio Salinas (Kiko, 52').

DINAMARCA: Schmeichel, Friis Hansen, Olsen, Larsen, Rieper, Nielsen (Hogh, 45'), Vilfort, Michael Laudrup, Jensen, Povlsen (Christensen, 70') y Brian Laudrup.

GOL
1-0 min. 63 Hierro

miércoles, 14 de noviembre de 2018

LA QUINTA DEL BUITRE CUMPLE 35 AÑOS

El 14 de noviembre de 1983 se publicó el famoso artículo de Julio César Iglesias en el que se bautizaba a la generación de canteranos más famosa de los años ochenta

Amancio Amaro, entrenador del Castilla durante la temporada 1983-84, posaba junto a sus pupilos en una bonita foto de familia que realizó Raúl Cancio en la Ciudad Deportiva. Es la imagen que ilustraba la página en la que por primera vez se mencionaba a la quinta de 'El Buitre'. Ahí surgía el apelativo por el que se terminaría conociendo al grupo que formaban Butragueño, Míchel, Martín Vázquez, Sanchís y Pardeza. Estamos de celebración. Hoy la Quinta del Buitre está de cumpleaños. A modo de recuerdo de una efeméride tan especial reproduzco de nuevo de forma íntegra el artículo que escribió Julio César Iglesias para El País y que apareció publicado el lunes 14 de noviembre de 1983, tal día como hoy de hace 35 años.

Castilla Club de Fútbol, esplendor en la hierba
  
AMANCIO Y LA QUINTA DEL BUITRE 
 

Si el fútbol fuese una ciencia exacta, el éxito del Castilla sería sólo una igualdad matemática: con la jornada de ayer, quince puntos, cinco positivos, veinticinco goles a favor, once en contra. Si el fútbol fuese únicamente una ciencia, el éxito de Butragueño, delantero centro titular, sería un simple dato numérico: quince goles en once partidos. La serie goleadora de Butragueño, El Buitre, es una muestra de calidad personal y es también el resultado de una suma de esfuerzos. Detrás de El Buitre están el trabajo de un entrenador con imaginación, Amancio Amaro, míster AA, y el ingenio colectivo de Michel, Pardeza, Sanchís y Martín Vázquez. Una promoción a la que los hinchas comienzan a llamar La quinta de El Buitre. 

Julio César Iglesias 
Las primeras noticias sobre El Buitre datan de hace dos años y de un trofeo Santiago Bernabéu. Aquélla era una tarde cubierta de estaño, estaño fundido, cuyas últimas luces llegaban, divididas, desde las azoteas de los edificios más próximos.

A las siete de aquel miércoles de cerveza y fundición, los cronistas comenzaban a deslumbrarse con cierto Taland, un holandés berrendo en surmoluqueño que llevaba el balón con ceremonia, como si fuese un pastel de cumpleaños. Una vez en área, le enseñaba el pastel al defensa, y en el último momento lo escondía con el donaire de un prestidigitador. Luego bajaba la cabeza como si quisiera recoger los aplausos en el hoyo del cogote.

Uno a cero gana el AZ al Real Madrid juvenil. Faltan quince minutos.

Pero en aquella tarde metálica los ojeadores descubrirían un segundo fenómeno: para responder al holandés berrendo en surmoluqueño, Grande, el entrenador local, sacó a un extraño chico dotado de una tosca figura de repartidor. Tenía la espalda recta, las piernas robustas y cortas, y los brazos, largos y pendulares. Por si fuera poco, estaba rematado por una cabecita poliédrica cuyo punto de fuga era una nariz triangular. Como contrapartida, no tenía un pelo de tonto; alguien, seguramente un aprendiz, le había rapado al cero. Aquel tipo se llamaba Emilio Butragueño.

Cuando recibió el balón, las cosas cambiaron radicalmente. Dio un toque para controlar, levantó la cabecita, vio un hueco entre los defensas y metió un pase que era medio gol. Unos minutos después se había confirmado como un virtuoso del juego corto, uno de esos seres nacidos para la picardía de los salones de palacio. En el último minuto empató el partido. “Ni un pelo de tonto”, reconocieron los escépticos.

Muchos meses más tarde, aquel tipo microcéfalo reaparecía en el Real Madrid de Tercera División, antes llamado el amateur. El partido se jugaba en la Ciudad Deportiva. Había mucho público. En aquella fría mañana de estaño y limonada los chicos no lograban hacer un gol. A última hora llegaron al graderío dos desconocidos, seguramente dos locos. Eran bajitos, barbudos y medio incendiarios, y venían hablando de Butragueño. Decían que era un hombre de cinco velocidades. Sabía jugar a la carrera y tenía la plusvalía de una quinta marcha.

Cuando faltaba un minuto, El Buitre recibió el balón. En el círculo central metió la primera, en la demarcación de medios volantes la segunda, en línea de media luna la tercera, y en la línea frontal la cuarta. Los dos desconocidos empezaron a gritar “¡la quinta, Buitre! ¡La quinta!”

Fuera por prodigio o por casualidad, El Buitre dio un definitivo acelerón, se presentó ante el portero y disparó suavemente hacía la izquierda. Más que una jugada, aquel lance fue una conversación de El Buitre consigo mismo. Un monólogo que sólo podía terminar en gol.

Desde entonces El Buitre ha demostrado mil veces en el Castilla que la distancia más corta entre dos puntos no es la línea recta. Avanza en zigzag, o más exactamente, en zigzag y plata, como el relámpago. Su picado en el área es un flash, una explosión de luz rápida y deslumbrante. 

La quinta de “El Buitre” 

Sin embargo, la ascensión de El Buitre ha sido un fenómeno asociativo; su juego y sus goles han sido posibles gracias a la rara coincidencia de una emoción popular, de un gusto de la hinchada por la fantasía, y de una quinta de extremos fulgurantes y mediocampistas finos y geométricos. Los goles de El Buitre son cosa de Fuenteovejuna. De todos a una.

Todo empezó un jueves, a quinientos metros del casino de Montecarlo. Se disputaba la final del torneo juvenil Príncipe de Mónaco de selecciones nacionales, un campeonato de Europa oficioso. Había participado la selección española, y uno de sus jugadores, Miguel González, Michel, era designado mejor futbolista del año. Se rumorea que en la entrega de premios a la princesa Carolina se le cayó la pamela en presencia del joven interior izquierda, y que a Philip Junot se le empezó a caer Carolina. Tal episodio es, sin duda, un bulo con el que los cronistas quisieron reflejar su deslumbramiento ante los pases de Michel al espacio libre, ante su imaginativo juego de estudiante. “La imaginación, al poder”, dijeron los rezagados del Mayo francés; “La imaginación, al Castilla”, dijeron los aficionados madridistas que pretendían tomar por sorpresa los cuarteles de invierno de la vieja guardia. Pasaron el tiempo y los partidos. Hoy, con veinte años, Michel, capitán y líder del equipo, ensaya algunas viejas suertes olvidadas en los desvanes del Mundial de México; Junot se está quedando calvo, y la princesa Carolina deja caer su pamela ante Guillermo Vilas y Roberto Rossellini.

A la sombra de Michel comenzó a crecer Miguel Pardeza en los valles planos del estadio Santiago Bernabéu. Había venido de algún lugar de Huelva. Tenía la sagacidad de los linces de Doñana y, sobre todo, su misma rapidez. Para Pardeza, el gol es, antes que una jugada, un presentimiento. Tiene, como su compañero El Buitre, un pálpito especial que le permite situarse en el punto exacto, justo un segundo antes de que el balón haya llegado hasta allí. Luego toca, amaga, vibra y se esfuma entre los defensas como un muñequito electrónico. A la vista de su baja estatura, de su juego entre cósmico y tercermundista, los aficionados sospechan que no es únicamente una modesta versión de Maradona y una versión superior de Pato Yáñez; podía ser muy bien una mutación de Amancio y Johnstone; tal vez un ordenador japonés de bolsillo. Hasta ahora ningún defensa ha logrado tomarle el programa, y en Segunda División comienza a rumorearse que, de noche, todos los gatos son Pardeza. 

Meridiano de “Greengoal” 

Detrás de él, más bien hacia el centro, se mueve Lolo Sanchís. Seguramente nació por primera vez cuando su padre le hizo un gol agónico a Suiza en el mundial de Londres. Aquel Sanchís de tupé, barro y medias caídas se alzó del suelo gritando gol y soñando con una perpetuidad llamada Lolo.

Hoy Lolo tiene dieciocho años, una especie de ceja única, como de Polifemo, y es un niño terrible. Si estás en el equipo contrario, te persigue, te quita el balón, te pasa por encima, se escapa, y mata al portero de un disparo a bocajarro. Es muy malo, muy peligroso y muy positivo, y lleva una crónica negra escrita en la frente. Si no se regenera pronto, podría convertirse en uno de los mejores medios-matraca de Europa, borrar la memoria de Nobby Stiles y Bobby Moore, y aburrir a Sócrates, Falcao, Antognoni  y otros sabios de Grecia en el Mundial de 1986. Si Dino Zoff decide volver, peor para él. Porque dicen los augures que el próximo grito de la hinchada será “¡Mata, Sanchís!”

Los cambios de juego hacia la izquierda suelen comenzar en Martín Vázquez. Como su amigo y protector Ricardo Gallego, aprendió en un colegio de frailes. Es, sin duda, la nueva frontera del fútbol. Tiene el ascetismo seco y disciplinario de los trapenses y el misticismo barroco de las carmelitas. Vive sin vivir en él, es decir, se desvive. Pero lo hace jugando al primer toque, o conduciendo con prudencia el balón, o persiguiendo al enemigo con la tenacidad de los peregrinos. Tiene la disciplina de Overath, la paciencia de Gárate, la solidez de Gerson y la fantasía mediterránea de don Manuel Velázquez Villaverde, duque de la Menta. Hay una línea imaginaria, un meridiano de Greengoal, que une Wembley con Maracaná a través de Chamartín y del Camp Nou. Pasa por Rafael Martín Vázquez.

De repente, Martín Vázquez, la próxima gran figura de la fiesta, centra con la parte exterior del pie, controla Michel, toca, ¡top!, hacia la derecha, recibe Pardeza, quiebra, pasa hacia el punto de penalti, llega Butragueño, desvía hacia la izquierda. Gol, goool. Gol de El Buitre. Catorce goles en diez partidos.

Hace mucho tiempo Alfredo Di Stefano tenía hilo directo con el Olimpo. Hoy debe tenerlo con las brujas de Macbeth y con el espíritu de Maquiavelo, como lo tuvo cuando volvió a River Plate. Allí, Beto Alonso estaba indispuesto; Fillol quería irse; Pasarella pensaba en Italia, y Tarantini, en su mujer, la vedette Pata Villanueva. Don Alfredo llamó a la última promoción de juveniles del club, a la quinta de Clausen y Vieta. Y ganó el campeonato.
Si los augures no se equivocan, ahora tiene diez minutos, acaso dos o tres partidos de Liga, para movilizar a la quinta de El Buitre. Para llamar a la imaginación, a la disciplina y a la calidad.

Tal vez así no logre ganar el campeonato, pero algunos hinchas recordarán el espíritu aventurero de Old  Trafford  y dirán: “El viejo don Alfredo ha vuelto a ser Di Stéfano”. 

Un quinteto de 94 años 

Emilio Butragueño. Delantero centro. Nacido en Madrid. Veinte años, 1,68 metros de estatura, 65 kilos de peso. Seleccionado Sub-21.

Miguel González, Michel. Madrid. Interior de ataque. Veinte años, 1,83 metros, 75 kilos. Una vez campeón juvenil de España. Veinticinco veces internacional juvenil. Dos veces internacional Sub-21. Mejor jugador del Torneo Juvenil de Mónaco.

Manuel Sanchís. Medio defensivo. Madrid. Dieciocho años, 1,79 metros. 74 kilos.

Miguel Pardeza. Extremo. Huelva. Dieciocho años, 1,67 metros. 63 kilos. Dos veces campeón de España juvenil. Dieciséis veces internacional juvenil.

Rafael Martín-Vázquez. Interior de ataque. Madrid. Dieciocho años, 1,80 metros. 74 kilos. juvenil. Campeón de España infantil. Mejor jugador del Campeonato Mundial Infantil de Argentina.

La quinta de El Buitre suma 94 años.