lunes, 23 de octubre de 2017

CRISTIANO RONALDO, PREMIO 'THE BEST' 2017

El jugador del Real Madrid se hace con la segunda edición del prestigioso premio de la FIFA

Sigue siendo el mejor. Por segundo año consecutivo Cristiano Ronaldo ha recibido el Premio The Best al Jugador de la FIFA correspondiente al año 2017. El futbolista portugués ha superado a Leo Messi y Neymar en una votación en la que han participado los entrenadores y capitanes de las selecciones nacionales, periodistas especializados de cada país y aficionados registrados en FIFA.com. Ronaldo ha recibido el 43,16 % de los votos frente al 19,25% de Messi y el 6,97% del brasileño.

El jugador del Real Madrid ha recibido el galardón de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en presencia de dos astros como Ronaldo Nazario y Diego Armando Maradona. "En primer lugar, agradecer a los compañeros, a mi equipo, al Real Madrid. Gracias a todos. Ha sido un año extraordinario", comentó el jugador. Y es que en la presente edición se han tenido en cuenta los méritos adquiridos a lo largo de la pasada temporada 2016-17, y no en el año natural. Sin duda, los éxitos cosechados por el equipo blanco durante la campaña, Champions League, Liga, Mundial de Clubes y Supercopa de Europa han influido en los electores a la hora de otorgar sus votos al jugador que más contribuyó, con sus goles, a la consecución de todos esos títulos. Sobre todo, los diez goles que Cristiano anotó en los cinco últimos partidos de la pasada edición de la Champions. El portugués brilló en cuartos frente al Bayern, en semifinales frente al Atlético y en la Final frente a la Juve.

En la gala, celebrada en el London Paladium, el protagonismo no recayó sólo en Cristiano Ronaldo. Como no podía ser de otra forma, Zinedine Zidane recibió el Premio The Best al Mejor Entrenador. Y el Real Madrid ha sido el equipo que más jugadores ha aportado al Once Mundial de los mejores futbolistas del año. Cinco, en total. Junto a Cristiano Ronaldo han sido galardonados los defensas Sergio Ramos y Marcelo y los centrocampistas Toni Kroos y Luka Modric.

Motivo de orgullo, sin duda, ver a tantos de los nuestros ser reconocidos por el mundo del fútbol. Es una prueba más de que las cosas nos han marchado bien a lo largo de los últimos meses. Ojalá podamos seguir disfrutando de más premios así en el futuro. Sería síntoma de que nuestros jugadores continúan haciéndolo bien, siempre en beneficio del Real Madrid.

sábado, 21 de octubre de 2017

EL PARTIDO DEL DESTIERRO

El Madrid jugó la ida de los octavos de la Copa de Europa 87-88 en Valencia por sanción de la UEFA

Como recordábamos hace unas semanas el Real Madrid inició la Copa de Europa de la temporada 1987-88 con una sanción de la UEFA por los incidentes registrados en la eliminatoria frente al Bayern de Múnich de la anterior edición 86-87. A modo de castigo el conjunto madridista tuvo que disputar un partido sin público y otro lejos del Santiago Bernabéu. Así las cosas, el choque de ida de la primera ronda europea frente al Nápoles se jugó a puerta cerrada y con las gradas vacías. Fue lo que se conoció como 'el partido del silencio'. El segundo encuentro de sanción se cumpliría en la siguiente ronda, en la ida de los octavos de final. El equipo debía jugar a no menos de 350 kilómetros de distancia de la capital. Varias fueron las opciones que se barajaron por parte de la entidad de Concha Espina. Clubes como Betis, Deportivo, Español, Hércules, Málaga, Sevilla o Valencia ofrecieron gentilmente sus campos al Real Madrid para que pudiera jugar el partido. Finalmente, se optó por el Luis Casanova. Valencia acogería 'el partido del destierro'.

No sería la primera vez que el Madrid jugara en Valencia como local en competición europea. En la temporada 1976-77 el equipo blanco disputó dos rondas de la Copa de Europa lejos del Bernabéu también por la sanción de la UEFA. Entonces el equipo había sido castigado por el incidente del 'loco del Bernabéu' que agredió al colegiado Erich Linemayr al término del encuentro Real Madrid-Bayern de ida de las semifinales de la Copa de Europa 75-76. En la siguiente edición el Madrid jugaría frente al Stal Mielec polaco en el Luis Casanova y frente al Brujas belga en La Rosaleda de Málaga. Así que once años después se repetía la historia. El Real Madrid volvía a Valencia.

El rival, a todo esto, era el Oporto. El vigente Campeón de Europa. Sí. En segunda ronda, en el mes de octubre, tocaba enfrentarse con el Campeón de Europa. El conjunto portugués atravesaba una de sus mejores épocas tras ganar la Copa de Europa 86-87. El yugoslavo Tomislav Ivic relevó en el banquillo al técnico Artur Jorge, que pasó dos años en el Racing Club de France antes de regresar al Estadio das Antas en 1989. Con Ivic el Oporto ganaría aquella temporada 1987-88 la Liga, la Copa, la Copa Intercontinental y la Supercopa de Europa. Ese era el rival del Real Madrid en segunda ronda de la Copa de Europa en lo que muchos catalogaron como una auténtica "final anticipada". Paulo Futre había recalado esa misma temporada en el Atlético de Madrid, pero el cuadro luso seguía contado con jugadores de gran nivel como el argelino Rabah Madjer, su gran estrella, o Joao Pinto.

¿Y el Madrid? El Real Madrid también atravesaba una buena racha. Cuando se enfrentó al Oporto el equipo de Leo Beenhakker todavía mantenía la vitola de invicto desde el comienzo de campaña. Había eliminado al Nápoles de Maradona y venía de ganar 3-1 al Sevilla en el Bernabéu y 0-2 al Español en Sarriá. De hecho, los blancos acumulaban siete triunfos en siete jornadas de Liga y, por supuesto, con 14 puntos eran líderes con unos números asombrosos: 28 goles a favor y sólo 2 en contra. El Madrid aventajaba en 3 puntos al Atlético, que era segundo, y en 10 al Barcelona, que había perdido ya 5 partidos. En el vestuario madridista la lesión de Ricardo Gallego frente al Nápoles era la única nota negativa. El centrocampista se pasó cuatro meses en el dique seco. El yugoslavo Jankovic andaba renqueante de su rodilla... Por su parte, Jorge Valdano trataba de recuperarse, sin mucho éxito, de sus problemas de salud. Al menos, durante aquellos días llegó a pisar el césped de la Ciudad Deportiva para entrenar junto a sus compañeros. El Club negociaba con Solana sobre su renovación mientras que Miguel Pardeza, inédito en los dos primeros meses de competición, estaba a punto de desvincularse del Real Madrid para regresar a Zaragoza. 

Real Madrid-Oporto

Así estaban las cosas el día del partido, el miércoles 21 de octubre de 1987. La jornada arrancó con la salida de una flota de sesenta y dos autocares fletados para la ocasión por el Club para trasladar a los aficionados que querían ver en directo el encuentro en Valencia. A ellos se sumaban todos los que viajaban por su cuenta y los aficionados madridistas de la zona levantina. El lleno fue absoluto en el Luis Casanova. Las entradas se agotaron. Nadie quería perderse el encuentro más atractivo del momento. Posiblemente los dos equipos más fuertes en Europa cara a cara. Nuevamente, como sucedió en la anterior eliminatoria con el Nápoles, hubo problemas con el tema de la emisión del encuentro por televisión. Finalmente se televisó en directo, salvo en zonas como Cataluña, donde se oscureció la señal.

El partido arrancó a las 21.45 horas. Sacaron de centro los madridistas. La primera gran ocasión llegó casi de inmediato. Un balón en profundidad de Chendo, que portó aquel día el brazalete de capitán, fue recogido por la derecha por Martín Vázquez, que envió un peligroso centro al área obligando al meta visitante a meter la mano para despejar cuando Hugo ya se había lanzado en plancha a por el remate. Un minuto después Míchel probó fortuna con un lanzamiento desde fuera del área que se marchó a la izquierda. Salieron fuerte los de Leo Beenhakker, aunque los portugueses respondieron con una bonita jugada llegando hasta línea de fondo...

Al Madrid le costó quizás más de lo previsto desplegar su fútbol. Pero claro, hay que tener en cuenta el nivel del rival. El Oporto, además de ser un gran equipo, defendía muy bien. Un conjunto fuerte atrás que tenía la capacidad de hacer daño arriba en cuanto tenía ocasión. Los visitantes, además, se emplearon con mucha contundencia. En ocasiones, hasta con dureza.

A la media hora el colegiado no pitó nada en un más que probable penalti sobre el capitán Chendo, que se había incorporado al ataque y entraba en el área con un balón que le había servido Míchel desde el centro del campo. En el minuto 42 el árbitro tampoco señaló otra caída en el área, en este caso de Rafa Gordillo, que fue empujado por detrás cuando entraba en carrera en busca de un centro de Butragueño desde la derecha. De nada sirvieron las protestas del público.

Al descanso se llegó con el 0-0 inicial. No hubo cambios en el segundo tiempo, volviendo de vestuarios los mismos futbolistas que habían salido de inicio. Las sensaciones seguían siendo las mismas. Fue un partido en el que ni Butragueño ni Hugo terminaron de encontrar su sitio. Había dificultad para recibir balones arriba. De hecho, los madridistas probaron mucho con los disparos desde fuera del área. Gordillo y Míchel lo intentaron pero sin éxito.

Y en esto que llegó el primer gol del encuentro. Y fue para los visitantes. Se adelantó el Oporto en jugada a balón parado. Joao Pinto botó una falta por la derecha y Rui Barros, forzado, trató de tocar el balón de espuela, aunque sin conseguirlo. El que sí que terminó conectando con el esférico fue el argelino Madjer, que se adelantó a Sanchís para disparar casi a bocajarro y ajustado al palo derecho batiendo a Paco Buyo. Gol de los portugueses y el 0-1 que subía al marcador. Era el minuto 59.

Beenhakker reaccionó al gol efectuando su primer cambio. Paco Llorente, que ya estaba calentando en banda antes del tanto portugués, saltó al terreno de juego en sustitución de Martín Vázquez. Era el debut en Copa de Europa del sobrino de Paco Gento, que precisamente aquel día cumplía 54 años. Gento, no Llorente, ojo. Once minutos después, y estando todavía por debajo en el marcador, el técnico holandés se la jugó al ataque, como no podía ser de otra forma, y metió a un delantero por un defensa. Carlos Santillana sustituyó a Jesús Solana. Había que buscar un gol como fuera. La eliminatoria estaba cuesta arriba y el 0-1 era un magnífico resultado de cara a la vuelta.

Pues sí. Había que marcar un gol. Y se marcó, se marcó... En el minuto 80. El empate también llegó a balón parado. Jankovic botó desde la izquierda, muy cerca del pico del área, una falta que se había cometido sobre Butragueño. El balón fue cabeceado por Carlos Santillana superando por alto al guardameta del equipo portugués. El esférico entraba ya a gol pero Hugo Sánchez, que acompañaba la jugada, es el que termina introduciendo la pelota en la portería con el pecho. Fue una situación de lo más curiosa, puesto que los dos jugadores celebraron el gol. Por un instante, incluso Hugo miró a Santillana, como si dudara de quién había marcado. De hecho, el mexicano no realizó su clásica voltereta a pesar de que, evidentemente, el gol había sido suyo. Casi todos los futbolistas felicitaron a Santillana y por televisión el realizador pinchó a la cámara que seguía a Santillana mientras corría durante la celebración. 

Ya llovía menos, se podía decir... Pero lo cierto es que el 1-1 seguía siendo un buen marcador para el Oporto de cara a la vuelta. Quedaban diez minutos por delante y el Madrid se lanzó de nuevo al ataque espoleado por la grada. Hubo algún susto... En el minuto 83 el visitante Juary, que acaba de salir en sustitución de Madjer, superó una salida de Buyo. La portería estaba vacía, pero el jugador del Oporto había quedado muy escorado cuando finalmente controló la pelota y se quedó sin ángulo de tiro mientras la defensa merengue se replegaba.

Todos trataban de atacar. Hasta los defensas. Miguel Tendillo subía cada vez que podía, al igual que Sanchís, liberado de su marcaje a Madjer. El Oporto se defendía como podía. El cronómetro corría a su favor. Los zagueros lusos lanzaban los balones con fuerza fuera de sus dominios, pero claro, eso facilitaba la recuperación de la pelota por parte de los blancos, que rápidamente volvían a insistir con centros de Jankovic, Gordillo y Paco Llorente por banda.  

Ya en el minuto 90 estuvo a punto de llegar el 2-1. Un jugador del Oporto lanzó un balonazo desde el centro del campo hacia su propia área. El esférico fue botando a la izquierda del área y el portero Mlynarczyk salió de su portería para despejar. En vez de hacerlo a la grada lo hizo raso y hacia dentro, con su portería vacía... ¡Y el balón quedó a pies de Paco Llorente! A puerta vacía y con el arquero polaco corriendo hacia su portería el madridista efectuó un precioso disparo a puerta muy bien dirigido, pero cuando estaba a punto de colarse el defensa Geraldao sacó bajo palos enviando a córner. ¡Menudo golazo estuvo a punto de marcar Llorente!

La verdad es que el Madrid merecía el segundo gol, aunque sólo fuese como premio a la insistencia. Y hubo premio, hubo premio... Precisamente tras el saque de esquina... Míchel botó en corto desde la esquina para Paco Llorente, que entró en el área y trató de centrar. El balón, sin embargo, fue repelido por un defensa y el rechace cayó a pies de Míchel. El centrocampista se deshizo con un amago de un defensor luso, dentro del área, y con la zurda, ojo, con la zurda, envió un suave centro por alto que fue perfectamente cabeceado por Manolo Sanchís a la escuadra derecha de la portería del Oporto. ¡GOL! ¡El 2-1! ¡En el descuento, minuto 91! El delirio para los madridistas.

Casi no hubo tiempo para más. El colegiado, el inglés Jacquett, pitó el final un minuto después. Un nuevo capítulo de las remontadas europeas del Real Madrid de los ochenta. En aquella ocasión no había sido en Copa de la UEFA y no se había levantado una eliminatoria, sino un partido. Pero la satisfacción era la misma. Quizás no había sido un partido brillante... Pero emocionante, vaya si lo fue. Y con un final espectacular. Un final plagado de casta y de coraje.

Aquel 2-1 ponía por delante en la eliminatoria al Real Madrid, aunque no había nada decidido. La alegría del momento estaba más que justificada por la remontada que se acababa de presenciar. Pero el gol en campo contrario que habían logrado los portugueses era peligroso. Un 1-0 en el Estadio das Antas dejaba a los blancos en la cuneta. Sí, quedaba la vuelta, en Oporto. Otros noventa minutos de juego. Pero ya lo recordaremos. Será en otra de las 'Historias del Real Madrid'.

REAL MADRID: Buyo, Chendo, Tendillo, Sanchís, Solana (Santillana, 69'), Míchel, Jankovic, Martín Vázquez (Llorente, 59'), Gordillo, Butragueño y Hugo Sánchez.

OPORTO: Mlynarczyk, Pinto, Celso, Geraldao, Inacio, Magalhaes, Frasco, André, Sousa, Madjer (Juary, 82') y Rui Barros (Jaime Pacheco, 69').

GOLES 
0-1 min. 59 Madjer
1-1 min. 80 Hugo Sánchez
2-1 min. 90 Sanchís

viernes, 20 de octubre de 2017

BUYO. MI VIDA EN UNA PARADA

La biografía del inolvidable guardameta del Real Madrid

A lo largo de su historia el Real Madrid ha contado con varios centenares de jugadores de fútbol que han contribuido a forjar la leyenda deportiva del Club más prestigioso del mundo. Todos han aportado algo. Todos han sido importantes, aunque un selecto grupo de ases han alcanzado la categoría de mitos vistiendo la camiseta del equipo blanco. Algunos de ellos, además, han hecho gala de un carisma especial que les ha llevado a convertirse en auténticos ídolos dentro del imaginario colectivo de los aficionados madridistas. Personajes inolvidables que siempre serán recordados por el público que tanto les ovacionó. Sin ninguna duda en este grupo se encuentra, por méritos propios, Francisco Buyo Sánchez.

Justo veinte años después de su retirada, SND Editores, el sello editorial de Sierra Norte Digital, ha publicado la biografía del inolvidable portero. 'Buyo. Mi vida en una parada' es el título del libro escrito al alimón por Juan Antonio Balsalobre y Ángela Buyo en el que se repasa con detenimiento la carrera deportiva del guardameta. Sus autores conocen bien al protagonista. El coautor es amigo personal del ex portero y la coautora es su propia hija. Entre ambos han conseguido hilvanar un interesante texto en el que se relata la vida de Paco Buyo. Un retrato personal y un repaso a su trayectoria deportiva. O, lo que es lo mismo, un repaso a toda una época del fútbol español que a algunos nos retrotrae al balompié de nuestra infancia, el de los ochenta y el de los noventa. Décadas en las que el arquero de Betanzos fue protagonista con sus paradas, sus reflejos felinos y sus espléndidas intervenciones bajo palos. Años de partidos inolvidables, títulos, trofeos...

El libro arranca con una preciosa fotografía de Paco Buyo junto a su hijo David, ataviado con un pequeño uniforme del Real Madrid, durante la temporada 1994-95. Y es que la obra incluye abundante material gráfico que recoge diversos momentos de la carrera  profesional del guardameta. Hay muchas fotografías que no había visto nunca, por lo que deduzco que bastantes habrán sido cedidas por el propio Buyo de su álbum personal. Imágenes curiosas e instantáneas imborrables...

Uno de los aciertos de esta biografía es el de prestar especial atención a los inicios de la carrera deportiva de Buyo. Desde mi modesto punto de vista es la parte más interesante precisamente porque quizás sea la etapa menos conocida del protagonista. Sus primeros pasos, sus comienzos como portero, sus partidos con el Ural, su campaña en Mallorca, su paso por el Deportivo, su cesión al Huesca durante su estancia en el Servicio Militar... Y la gestación de su fichaje por el Sevilla que fue de lo más curiosa y llamativa, algo que me ha sorprendido mucho y que le demuestra al lector lo diferente que era el mundo del fútbol antaño. El texto recoge los recuerdos de Buyo sobre aquellos años y los adereza con las intervenciones de diversos personajes que fueron testigos de los hechos que se recogen, como el guardameta sevillista Francisco Ruiz Brenes, 'Súper Paco', el técnico Manolo Cardo o Pablo Blanco entre otros muchos. Hay que destacar el mérito de los autores de la obra a la hora de tratar con tantas personalidades con un denominador común, el de haberse cruzado en algún momento de sus vidas con Paco Buyo.

Por supuesto, un gran número de páginas se centra en su etapa de mayores logros deportivos, la de los once años que defendió la portería del Real Madrid entre las temporadas 1986-87 y 1996-97. Campañas que le llevaron a ganar 6 Ligas, 2 Copas del Rey y 4 Supercopas de España y en las que se adjudicó 2 Trofeos Zamora al guardameta menos goleado de la Liga española. De las conversaciones con Buyo que recogen los autores se desprende lo importante que fue Leo Beenhakker a nivel táctico en aquel Real Madrid de mediados de los ochenta y el papel tan relevante que tenía el portero en el esquema de juego de un equipo tan ofensivo como el de la Quinta del Buitre. La lectura nos ayuda a entender cómo jugaba un guardameta que, en ciertos aspectos, fue un adelantado a su tiempo. No era un guardameta que se ceñía a parar bajo palos. Su ámbito de intervención era mucho más amplio, llevándole a actuar casi como un defensa libre, lo que explica aquellas míticas salidas del área a las que muchos no estaban habituados.

'Buyo. Mi vida en una parada' nos permite rememorar a los madridistas nombres y lugares que forman parte de la Historia del Real Madrid. Días buenos y jornadas no tan buenas. Como todo en esta vida. De la inolvidable noche en Turín frente a la Juventus en la Copa de Europa 1986-87 a las Ligas que se perdieron en Tenerife. Los partidos contra el Nápoles de Maradona o el Milán de finales de los ochenta, los espectaculares duelos con Paulo Futre, los goles de Hugo Sánchez... El gallego nos habla de compañeros como Luis Enrique o Amavisca, de los centrales con los que defendió su portería, de rivales como Stoichkov, de técnicos como Fabio Capello... Página a página vamos conociendo su visión del fútbol, reflexiones sobre su forma de ver a los porteros, la cantera, la actualidad futbolística, Florentino Pérez, Cristiano Ronaldo... Pensamientos y consideraciones que resultan siempre interesantes tratándose de quien es y de lo que ha sido Buyo para los aficionados al equipo blanco.

A lo largo de las primeras páginas hay numerosas referencias a la presencia de Buyo en las convocatorias de las diferentes categorías inferiores de la Selección. El gallego fue internacional juvenil, Sub-21 y Olímpico en Moscú en el año 1980. Por supuesto también jugó con la Absoluta, aunque seguramente en menos ocasiones de las que mereció por su rendimiento. La obra también dedica un capítulo al paso de Paco Buyo por la Selección y a la controversia que generó su ausencia del combinado nacional durante algunas de las etapas en las que más lució bajo los palos. El guardameta defendió los colores de España en siete ocasiones entre 1983 y 1992, debutando con el equipo nacional en el inolvidable 12-1 a Malta de diciembre de 1983. Buyo ofrece sus impresiones sobre aquel partido y repasa algunos episodios como el de la Eurocopa de Francia en 1984 en la que él fue uno de los tres porteros seleccionados aunque no llegó a jugar al ser Arconada el titular.

En la recta final del libro el guardameta habla de su relación con la prensa y de los periodistas más relevantes de su época como futbolista. Como su presencia en los medios de comunicación se ha extendido hasta la actualidad, Paco Buyo dedica varias páginas al programa de televisión en el que actualmente participa y ofrece su impresión sobre varios de sus colaboradores y compañeros de tertulia. Presta especial atención al periodista Josep Pedrerol, que precisamente es quien firma el prólogo del libro. Y destaca sobremanera el texto que Amalio Moratalla, ex director adjunto del diario Marca y hombre ligado al periodismo deportivo a lo largo de más de tres décadas, le dedica a Buyo. Palabras cargadas de sentimiento de las que se desprenden muestras de afecto hacia el deportista y hacia la persona. Una constante en todas las intervenciones de quienes aparecen en la obra. Algunas incluso sorprendentes, como la de Francisco 'Lobo' Carrasco, ex jugador del Barcelona y compañero de Buyo en la Selección.

Uno cree que lo sabe todo de sus ídolos. Pero leyendo biografías así te das cuenta de que no, de que siempre hay algún dato, algún detalle, alguna anécdota que desconoce. Y es que, como suele suceder en estos casos, las anécdotas suelen ser lo mejor. Y a lo largo de las algo más de 211 páginas las hay de todo tipo... Pocos sabrán, por ejemplo, que su mujer María era la que diseñaba la ropa y los uniformes que lucía durante los partidos a principios de los ochenta. Por otro lado, merece la pena leer la conversación que el meta de Betanzos tuvo en un aeropuerto con el técnico Vujadin Boskov. O el pasaje en el que su hija recuerda a Buyo con lágrimas después de que el Real Madrid conquistara la Copa de Europa sólo un año después de su retirada... Al lector también le sacará una sonrisa saber cómo eran las mañanas con Bernd Schuster de compañero de habitación. O cómo se las gastaba el bueno de Rafa Gordillo con Milan Jankovic. La verdad es que es tremendo... Con tantos años de carrera deportiva es normal que las anécdotas y vivencias sean tantas y de lo más variadas.

'Buyo. Mi vida en una parada' es un libro de lo más interesante que se lee de un tirón. En resumidas cuentas, es una obra que nos permite acercarnos y conocer la dimensión como personaje y como persona del protagonista de la biografía. Su figura y su vida. Los recuerdos de un ídolo que llegó a lo más alto a base de disciplina y de trabajo. Un retrato de uno de los mejores guardametas que ha tenido el fútbol español: Paco Buyo.

jueves, 12 de octubre de 2017

EL RÉCORD DE CHENDO

El lateral derecho participó en un encuentro amistoso con el primer equipo camino de los cincuenta años

Hoy, 12 de octubre, cumple años Miguel Porlán Noguera 'Chendo'. Del actual delegado del equipo se podrían contar muchas 'Historias del Real Madrid'. De hecho, lleva cuarenta años en el Club de manera ininterrumpida. Toda una vida en la que ha sido testigo de todo tipo de gestas deportivas tanto corriendo sobre el césped como desde el banquillo. Pero hoy, en un día tan especial para él, me gustaría recordar un curioso dato sobre su biografía... Y es que Chendo tiene el honor de ser uno de los futbolistas que ha jugado en el Real Madrid a una edad más avanzada.

Fue en un amistoso, sí. Pero tiene su mérito. Chendo tenía 49 años, camino de los 50, cuando el 18 de mayo de 2011 saltó al terreno de juego de la Nueva Condomina de Murcia para jugar casi diez minutos con el primer equipo del Real Madrid. Y es aquí donde reside la particularidad. No era el equipo de veteranos, no. Era el primer equipo del Real Madrid, la primera plantilla oficial.

El Real Madrid se enfrentó aquel día a la Selección de Murcia en un encuentro amistoso de carácter benéfico destinado a recaudar fondos para los damnificados por el terremoto que sufrió la localidad murciana de Lorca el 11 de mayo de 2011. El Club quiso tener un bonito gesto de solidaridad con los afectados y con la Región de Murcia. La expedición del equipo blanco visitó el Ayuntamiento de la población lorquina y el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca enviando todo tipo de ánimos a los heridos y sus allegados. Como colofón, el Real Madrid participó en el mencionado partido en el que se midió a un combinado de futbolistas murcianos dirigidos por un ilustre madridista, José Antonio Camacho. Antes de empezar el duelo, las dos escuadras y el trío arbitral posaron con una enorme pancarta con el lema "Todos somos Lorca". El partido concluyó 2-2. Benzema y Cristiano Ronaldo anotaron los goles del equipo blanco. Por parte local anotaron Pepe, en propia puerta, y Meca

Pero uno de los momentos más recordados de ese día llegó cuando en las postrimerías del encuentro el delegado del Real Madrid se enfundó la camiseta para saltar al terreno de juego. Chendo, con la elástica de Ricardo Carvalho, volvía a lucir el número 2 a la espalda y Pepe le colocó el brazalete de capitán que ya portó en su etapa de futbolista en activo. Se había retirado en 1998 y casi trece años después volvía a jugar con el primer equipo. No creo que hayan sido muchos los jugadores que hayan defendido al Real Madrid en un terreno de juego con casi 50 años, al margen del equipo de veteranos, claro. La participación de Chendo en aquel partido tenía, obviamente, un componente sentimental. Natural de Totana, Murcia, el bueno de Miguel jugó ante sus paisanos, que le recibieron con una sonora ovación como muestra de cariño y corearon su nombre.

"Ha sido muy bonito. La ovación desde el inicio, desde que salgo a calentar, mi retorno a la Nueva Condomina, debutar en ella, que es preciosa.... Me encanta este campo. Otro punto muy fuerte para mí ha sido cuando Pepe se acerca y me da el brazalete. La verdad es que para mí ha sido muy emotivo", declaraba Chendo ante los micrófonos de los medios de comunicación que reclamaron su presencia tanto a pie de campo, una vez concluido el partido, como en vestuarios. Volvía a ser protagonista como en sus buenos tiempos. "Fue una idea del míster, José Mourinho. Me dijo que era un día especial, que estaba en Murcia, que todos estábamos con Lorca y que sería un punto importante terminar con un nuevo murciano dentro del terreno de juego. La verdad es que le estoy agradecido porque han sido diez minutos muy felices para mí", contaba radiante el de Totana para explicar cómo había surgido la idea de su 'vuelta' a los terrenos de juego por un día.