El delantero madridista puso fin a su carrera deportiva en el Atlético Celaya mexicano
Es evidente que México tiene una vinculación muy estrecha con la carrera deportiva de Emilio Butragueño Santos. Hace ahora treinta años, El Buitre tocó la gloria durante el Mundial de 1986 que se celebró allí. El país azteca, sin duda, dejó huella en el delantero y significó tanto para él que cuando llegó la hora de abandonar el Real Madrid decidió poner fin a su etapa futbolística en tierras mexicanas.
Cuando mediada la temporada 1994-95 quedó en evidencia que Butragueño ya no seguiría en el primer equipo del Real Madrid, recuerdo que muchos medios avanzaron que Butragueño emigraría a Japón, destino muy de moda en los noventa para aquellos jugadores que deseaban disfrutar de sus últimos coletazos como futbolistas profesionales en ligas menos exigentes. Aún conservo recortes, entrevistas y reportajes en los que se da por hecho que Butragueño jugaría en el fútbol nipón.
Sin embargo, en junio de 1995 algunos ya no lo veían tan claro... "Es probable que en Japón no se escuche ''¡Hagetaka!', es decir, '¡Buitre!', en los estadios", avanzaba la revista Don Balón en vísperas de su partido homenaje frente a la Roma. Efectivamente, Butragueño no decidió su destino hasta bien entrado el verano de 1995. Y el destino final seguro que sorprendió a más de uno. Butragueño prolongaría su carrera futbolística en México.
Destino, Celaya
A finales de julio de 1995 surgió la noticia de que un equipo, el Atlético Celaya, estaba interesado en hacerse con los servicios de Emilio Butragueño, que seguía sin resolver su futuro. El equipo acaba de ascender a Primera División y la llegada del delantero madrileño supondría una importante inyección de calidad para el conjunto mexicano. El 10 de agosto de 1995 se hizo oficial la noticia. Butragueño jugaría en el Atlético Celaya.
"Sonia, mi esposa, prefería ir a México, un país que forma parte de mi trayectoria deportiva, donde se habla la misma lengua que en España y donde tengo muy buenos amigos", explicó Butragueño en declaraciones recogidas por la revista oficial del Real Madrid. "El público saldrá beneficiado. Emilio ha elegido un buen sitio para jugar al fútbol. El pueblo mexicano se lo agradecerá", comentaba su entonces ya ex compañero Manolo Sanchís. "El fichaje de Emilio Butragueño es un lujo para México. Se trata de un gran jugador, de una gran figura mundial", apuntaba por su parte, y con conocimiento de causa, el mexicano Hugo Sánchez.
El Buitre 'voló' a su nuevo destino de manera inmediata. El día 11 de agosto puso rumbo a México y la llegada fue espectacular. México y los mexicanos recibieron con los brazos abiertos a Emilio Butragueño. En el país azteca no se habían olvidado de lo que el jugador había hecho en el Mundial de 1986. Y me imagino que también ayudó lo suyo haber compartido delantera en el Real Madrid durante siete años con uno de los futbolistas más célebres del país, Hugo Sánchez.
El caso es que fue recibido en olor de multitudes. Se desató la locura. Impresionan las imágenes de aquel agosto de 1995 con la Plaza Mayor de Celeya literalmente abarrotada con más de 25.000 personas aclamando a la nueva estrella del fútbol mexicano. A su nuevo ídolo. Recepciones oficiales, autoridades, homenajes con mariachis, presentaciones... "Defenderé al Celaya con tanto ahínco como antes lo hice con el Real Madrid", declaró Butragueño agradecido con tantas muestras de afecto y cariño. En principio, el madrileño firmó por dos temporadas con su nuevo equipo.
"Quiero demostrar en México que aún soy válido para jugar al fútbol. De momento, todavía me divierto jugando al fútbol", señalaba el jugador en una entrevista concedida a la revista Don Balón al poco de iniciarse su nueva andadura. La primera temporada de Butragueño en el Atlético Celaya fue realmente positiva. El equipo mexicano, que acababa de ascender a la máxima categoría, disputó la final del campeonato liguero con el Necaxa. El valor doble de los goles privó al equipo de Butragueño de coronarse como Campeón. Pero, en cualquier caso, el subcampeonato cosechado por el recién ascendido fue celebrado como un auténtico éxito.
"La temporada ha sido extraordinaria en todos los sentidos. Podía haber sido perfecta, si hubiéramos ganado el campeonato. Desde el punto de vista humano, el comportamiento de todos ha sido especial, han sido extraordinariamente amables conmigo, con mi mujer y con mi familia. Se han volcado con nosotros", explicaba Butragueño en una entrevista que le realizó Javier Palomino para la revista del Real Madrid a su vuelta a España tras concluir su primer ejercicio en México. Butragueño sólo tenía buenas palabras para los mexicanos. "En Celaya todo es como muy familiar. Me voy a cortar el pelo y a las dos horas lo sabe todo el mundo. Es un pueblo muy entrañable, con gente muy sana. Hemos vivido muy a gusto, sólo puedo hablar bien de todo", añadía el futbolista.
Llega también Míchel
En la temporada 1996-97 los aficionados madridistas seguimos muy pendientes de lo que hacía el Atlético Celaya en la liga mexicana. A Emilio Butragueño se le unió otro de nuestros mitos. José Miguel González 'Míchel', que disputó su última temporada con el Madrid en la campaña 1995-96, recaló en el mismo equipo que Butragueño para prolongar un poco más su carrera deportiva. Podían así revivir la "sociedad" que ambos futbolistas habían formado durante tantos años en el Real Madrid y que tantos éxitos le habían reportado al equipo blanco. A Míchel también se le recibió con los brazos abiertos en Celaya, donde jugó una temporada antes de colgar las botas de manera definitiva. Obviamente, la presencia de Butragueño en el equipo fue crucial para que el centrocampista terminara aceptando jugar en el equipo mexicano.
Pero no estaban todos... Faltaba alguien ahí para completar esa delantera. Jugando como estaban jugando en México, se echaba en falta a otro mítico jugador ex madridista para revivir una punta de ataque con claras reminiscencias ochenteras. Mediada la campaña 1996-97, al Buitre y a Míchel se les unió Hugo Sánchez. El delantero, que recaló en Celaya después de jugar unos meses en el Dallas Burn de la recién creada Major League Soccer norteamericana, disputó sus últimos encuentros como jugador profesional junto a sus dos ex compañeros del Real Madrid en las filas del Atlético Celaya.
Última campaña
En la temporada 1997-98 ya no estaban en el Atlético Celaya ni Míchel ni Hugo Sánchez, pero llegó otro viejo conocido para acompañar a Butragueño. Rafael Martín Vázquez también pasó por México tras concluir su periplo en el Deportivo de La Coruña. Y, aunque no coincidieron en el mismo equipo, durante aquella campaña 1997-98 otro integrante de la Quinta del Buitre jugó en México. Miguel Pardeza disputó su última campaña como jugador profesional en el Puebla mexicano. En cierto modo, Emilio Butragueño había vuelto a poner de moda a México como destino para los futbolistas españoles que deseaban dar sus últimas patadas al balón, algo que ya se había vivido a finales de los setenta y principios de los ochenta cuando por el Puebla pasaron jugadores como Pirri, Asensi o Idigoras. Algo más de tres lustros después, por México también desfilaron futbolistas como Rafa Paz, el ovetense Carlos, Higuera o José Mari Bakero.
Al término de la temporada 1997-98, Emilio Butragueño colgó las botas. El 6 de abril de 1998 anunció que dejaba el fútbol. Aunque inicialmente la aventura mexicana iba a durar dos años, finalmente fueron tres las campañas que el Buitre pasó con el Atlético Celaya, las temporadas 1995-96, 1996-97 y 1997-98. Durante aquellos tres ejercicios, Emilio Butragueño disputó un total de 91 partidos oficiales y anotó 29 goles. Con su juego ayudó a que su modesta escuadra alcanzase un subcampeonato de Liga y se marchó dejando al equipo en la Primera División. El viernes 17 de abril de 1998, el público mexicano le tributó una sentida despedida en la hora de su adiós.
Recuerdos de México
En México no se han olvidado de él, ni mucho menos. El pasado 2 de junio, el Atlético Celaya homenajeó a Butragueño con un partido que enfrentó a los veteranos del equipo con los del Necaxa reeditándose así la Final del campeonato 1995-96 en el que los 'toros' fueron subcampeones. Esta vez ganaron 3-1 los jugadores de Celaya y el Buitre anotó uno de los goles desde el punto de penalti.
"Aquí me tratasteis muy bien. Una parte de mi corazón es mexicano, esa es la verdad. Siempre he estado muy a gusto aquí. Cada vez que vengo no me siento fuera de mi casa", manifestaba Butragueño en una reciente entrevista que le realizaron en los estudios de ESPN. "Fue una etapa muy bonita en mi carrera profesional. En el plano personal, siempre lo digo, fueron tres de los mejores años de nuestra vida como familia y eso siempre lo tendré presente y por eso estoy tan agradecido", sentenciaba.
Butragueño dejó un muy buen recuerdo en México. Sobre todo en Celaya, donde seguro se le sigue recordando con cariño. Está claro que nunca se olvidará de su etapa en el Atlético Celaya, actualmente denominado Celaya Fútbol Club. Y también está claro que, por muchos motivos, nunca se olvidará de México.
El delantero madridista alcanza la cima de popularidad con su papel en el Mundial de México
El jueves 19 de junio de 1986, tal día como hoy de hace treinta años, mi madre me despertó por la mañana para llevarme al colegio y fue entonces cuando me informó de lo que había pasado aquella pasada noche en Querétaro, México. Yo, que todavía era muy pequeño como para que me dejaran quedarme a ver un partido de fútbol a las doce de la noche, me enteré unas cuantas horas después de cómo había quedado la Selección española. No se me olvidará nunca la alegría con la que me contaba lo que había hecho Emilio Butragueño allí al otro lado del Atlántico...
Aquel día El Buitre recibía todo tipo de elogios, aplausos y parabienes. El futbolista madrileño acaparaba todos los titulares en una España que había celebrado con enorme alegría el pase a cuartos de final del Mundial de México. España se había deshecho de la imponente Dinamarca con una actuación extraordinaria de Butragueño, autor de cuatro de los cinco goles que el combinado de Miguel Muñoz endosó a los daneses. "Butragoles", tituló la revista Don Balón en su portada la semana siguiente...
Esos goles de Butragueño fueron celebrados, en plena madrugada, por todos los seguidores españoles que se quedaron a trasnochar en sus casas delante de los televisores. Al menos los adultos. Supongo que también habría muchos críos a los que, como en mi caso, no les perdonaron el tener que marcharse pronto a la cama.
Pese a que el partido se celebró en día laboral, entre semana, y en plena madrugada, un grupo de aficionados no se privó de salir a la calle en Madrid para dirigirse a la fuente de Cibeles y celebrar con la Diosa la victoria de la Selección española. Sí. Efectivamente, aquella madrugada del 18 al 19 de junio de 1986 nació la tradición que acabaría adoptando el Real Madrid de celebrar sus triunfos en la famosa fuente.
Los presentes allí en Cibeles hicieron célebre el cántico "Oa, oa, oa, Butragueño a la Moncloa". La explicación es sencilla. Ese mismo fin de semana, en concreto el domingo 22 de junio 1986, se celebraron elecciones generales en España. De ahí que los aficionados llegaran a pedir la presidencia para el ariete de la Selección. No sé si será cierto o fue una leyenda, pero en algún sitio llegué a leer que algunos lo solicitaron literalmente y que el domingo electoral hubo que anular papeletas en las que se había escrito el nombre de Emilio Butragueño como candidato a la presidencia del Gobierno.
Butragueño, fenómeno social
Todas estas simpáticas anécdotas sirven para ilustrar la dimensión que adquirió la figura de Emilio Butragueño a raíz de su partido frente a Dinamarca. Desde que debutara con el primer equipo del Real Madrid el 5 de febrero de 1984 su carrera futbolística había ido cuesta arriba a una velocidad vertiginosa, coincidiendo con la eclosión de la Quinta del Buitre a la que él mismo daba nombre. Los éxitos del Real Madrid en la Copa de la UEFA durante las temporadas 1984-85 y 1985-86 le habían colocado en el escaparate internacional. En Italia suspiraban por su fútbol y la revista Guerin Sportivo le otorgó el prestigioso Trofeo Bravo al mejor jugador europeo menor de 23 años en 1985 y 1986.
El Mundial de 1986 no hizo más que confirmar y certificar el estatus de figura internacional del joven ariete madridista, que llegó a México como flamante Campeón de Liga y Copa de la UEFA con el Real Madrid. Como recordaba ayer, 1986 fue un año magnífico para Butragueño. Además de conseguir su segundo Trofeo Bravo y el Balón de Bronce de France Football, tuvo el privilegio de ser elegido en el once ideal del Mundial y también formó parte de casi todos los onces ideales que publicaciones y organismos deportivos realizaron durante aquel 1986.
La trascendencia que tuvo el partido frente a Dinamarca en la carrera de Butragueño fue brutal. Los cuatro goles fueron cruciales para llevarse la Bota de Plata del Mundial y su papel en México catapultó la fama del delantero del Real Madrid hasta cotas inimaginables. Butragueño se convirtió en todo un auténtico fenómeno social de aquella España de mediados de los ochenta.
Además de buen futbolista, el 'Buitre', como se le apodaba de manera cariñosa, era un jugador carismático y querido. Y también respetado. Supongo que su estilo y, sobre todo, sus formas, le ayudaron mucho.
En toda su carrera deportiva no recibió nunca una tarjeta roja. Nunca
fue expulsado de un terreno de juego. Nunca un mal gesto, ninguna polémica con nadie... Era todo un caballero dentro del terreno de juego. ¡Era educado hasta celebrando los goles!
Prensa especializada, revistas de fútbol, prensa generalista, periódicos, revistas del corazón… Sin ninguna duda, Emilio Butragueño fue uno de los personajes más populares en España durante la década de los ochenta y principios de los noventa. Guardo muchísimos ejemplares y recortes de toda su trayectoria deportiva y
puedo asegurar que el material que se publicó en torno a la figura del Buitre es enorme. El futbolista ocupó muchísimas portadas y muchísimas páginas incluso en la prensa rosa, a pesar de que siempre fue muy reservado con su vida privada.
Los humoristas también se rindieron a su encanto convirtiéndolo en blanco ideal para las imitaciones. Algunos, como Martes y Trece, parodiaban con mucha gracia al jugador incidiendo en sus gestos y en su peculiar tono de hablar, siempre muy pausado y de frases cortas. Sus exquisitos modales y su cara de niño rubio que no había roto un plato le convirtieron en el yerno ideal de aquella época.
Icono publicitario
La popularidad de Emilio Butragueño fue abrumadora. La
publicidad se hizo eco y aprovechó
el tirón mediático del futbolista para realizar todo tipo de
promociones. El delantero del Real Madrid se convirtió en un icono publicitario de la época. Protagonizó anuncios y campañas para diversos productos y empresas. Le recuerdo, por ejemplo, en anuncios de ropa deportiva Hummel. Butragueño también llegó a dar nombre a juegos de ordenador de la época. ¡Incluso se comercializó un futbolín de juguete con su nombre!
Por supuesto, la imagen de Butragueño también sirvió para promocionar, cómo no, al negocio de su familia. El padre de Butragueño regentaba un comercio de perfumería y editó varias tiradas de postales publicitarias en las
que aparecía su hijo como jugador del Real Madrid. Cuando en 1986 la compañía danesa Hummel se convirtió en el proveedor oficial del Real Madrid, las postales siguieron llevando en el reverso la publicidad del negocio de Emilio Butragueño (padre), pero en la fotografía frontal se incluyó también el logotipo de la marca Hummel.
Como futbolista de moda, Emilio Butragueño fue imagen del álbum de cromos de Panini para la temporada 1986-87. Se trataba de la colección Fútbol 87. En la portada, curiosamente, la fotografía pertenece a los primeros partidos de la campaña 1985-86. Y de fondo, se puede apreciar una imagen del Mundial de México. Un año después, la colección de Panini Fútbol 88 volvió a llevar a su primera página a Emilio Butragueño. El futbolista del Real Madrid aparece en acción durante un partido contra el Barcelona. Era la colección de cromos de la temporada 1987-88 y ‘El Buitre’ seguía siendo todo un reclamo.
El 'destape'
No me resisto a pasar por alto en esta entrada un capítulo que vivió Butragueño en ese año 1986 en el que se convirtió en una celebridad absoluta de nuestro país. En cierto modo, anécdotas como la siguiente ayudaron lo suyo a que el Buitre estuviera en lo más alto del candelero...
En el mes de diciembre se publicaron unas fotografías que acabaron reproduciendo todas las revistas de la época. Habían sido tomadas, concretamente, el 14 de diciembre de 1986 en el transcurso del partido de Liga que enfrentó a Real Madrid y Español en el Santiago Bernabéu. Resulta que, durante un lance del juego, a Emilio… se le escaparon sus partes íntimas y algunos avispados fotógrafos llegaron a captar el momento. ¡Butragueño, en plena jugada, con el 'paquete’ al aire! Cosas del fútbol, sí... ¡Pero menudo revuelo que se armó con las fotos! Interviú, Pronto… Todas las publicaciones llevaron a los kioscos las imágenes del famoso futbolista con sus partes nobles al descubierto. Definitivamente, estaba en todas...
Podría terminar recordando todos sus logros deportivos durante sus doce campañas en el Real Madrid entre las temporadas 1983-84 y 1994-95. Que disputó 463 partidos oficiales con el Madrid y anotó 171 goles. Que ganó 6 Ligas, 2 Copas, 4 Supercopas, 1 Copa de la Liga y 2 Copas de la UEFA. Que fue Pichichi de Primera División en la temporada 1990-91...
Pero no. Hoy me interesaba más recordar el perfil popular y social que adquirió Butragueño y que subió como la espuma a raíz del Mundial de México del que ahora se están cumpliendo treinta años. Admirado, querido y respetado, Butragueño fue el futbolista español más mediático de la década de los ochenta y principios de los noventa. Todo el mundo hablaba de Butragueño. Los niños, en la calle, queríamos jugar como Butragueño... Sin duda, un ídolo perfecto para una época que, tres décadas después, sigo recordando con tanto cariño.
Se cumplen treinta años del partido de Querétaro en el Mundial de México
El 18 de junio de 1986, tal día como hoy de hace treinta años, la Selección española disputaba su encuentro correspondiente a los octavos de final del Mundial de México en el Estadio La Corregidora de Querétaro. Sí, hoy se cumplen treinta años del partido en el que Emilio Butragueño le marcó cuatro goles a Dinamarca.
Emilio Butragueño protagonizó grandes actuaciones a lo largo de toda su carrera deportiva. Con el Real Madrid, el primer encuentro que te viene a la cabeza cuando piensas en alguno de sus partidos más memorables es el 6-1 frente al Anderlecht de los octavos de final de la Copa de la UEFA 1984-85. Si hablamos de su presencia en la Selección no hay ninguna duda. Su actuación más célebre fue la del 5-1 a Dinamarca y sus cuatro goles.
El España-Dinamarca ha sido uno de los mejores partidos que ha realizado la Selección española a lo largo de su historia. Y lo hizo frente a un rival que en aquellos momentos asustaba. Como recordaba ayer, los nórdicos se clasificaron para octavos de final ganando sus tres partidos, con nueve goles a favor y sólo uno en contra. Se impusieron 0-1 a Escocia, 6-1 a Uruguay y 2-0 a Alemania Federal, que terminaría siendo finalista. Los daneses habían asombrado con su fútbol y se convirtieron en una de las grandes atracciones del Mundial. Por supuesto, en el choque contra España partían como favoritos.
Pese a la dificultad que entrañaba el choque, el primer tiempo transcurrió con cierta igualdad. Aunque seguro que muchos de los aficionados que estaban viendo el partido aquella noche no lo vieron nada claro cuando Dinamarca se adelantó en el marcador. Un penalti de Ricardo Gallego por derribo dentro del área permitió a la 'Dinamita Roja' adelantarse en el marcador al transformar Jesper Olsen la pena máxima en el minuto 33. Suave, raso y a la izquierda, el danés logró engañar a Zubizarreta.
Emilio Butragueño anotó el empate a uno en el minuto 43. Fue un gol de pillo. Sacaba de puerta el guardameta de Dinamarca, Lars Hogh. Lo hizo en corto hacia su derecha para que recibiera la pelota Jesper Olsen, el autor del gol de Dinamarca. Julio Salinas presionó a Jesper Olsen y al danés sólo se le ocurrió devolver el balón a su portero... Pero Hogh no estaba bajo palos y el envío fue malísimo quedando el esférico suelto en el área. Y por allí apareció corriendo Butragueño para aprovechar el regalo y batir al portero danés que trataba desesperadamente de llegar sin éxito al balón. El empate a uno llegaba a dos minutos de alcanzarse el ecuador del partido y el oportunismo del Buitre servía para igualar con un gol 'psicológico'.
España se adelantó en el minuto 56. El tanto llegó a balón parado, en un saque de esquina que botó Víctor Muñoz desde la derecha. Dentro del área Camacho tocó de cabeza y envió el esférico al segundo palo. Y allí estaba incorporándose Butragueño para, también de cabeza, empujar la pelota a gol. El delantero firmaba su segundo gol del partido para culminar la remontada.
En el minuto 68 Míchel, aún en campo español, envió un balón largo a su compañero Butragueño que se metió en el área corriendo perseguido por un danés que termina derribándole con el consiguiente penalti favorable a España. Curiosamente el lanzamiento desde los once metros lo transformó Andoni Goikoetxea con un fortísimo disparo que llevaba el 3-1 al marcador. Con veinte minutos por delante la ventaja de España era ya considerable.
A diez minutos para el final llegó el 4-1 para España por la banda derecha. Míchel envió a Eloy un balón y el asturiano lanzó un pase de la muerte al centro del área para que Butragueño anotara su tercer gol del encuentro.
Aunque el partido estaba ya resuelto aún faltaba otro gol. En el minuto 89 Julio Alberto envió un balón a Butragueño dentro del área. El delantero, de espaldas a la portería danesa, estaba rodeado por dos defensas. En una acción muy típica de él se quedó parado un par de segundos y, de repente, se dio media vuelta con un regate impresionante hacia atrás y arrancó velozmente para ser derribado por uno de los dos defensas que trataban de cubrirle.
Sus propios compañeros le pidieron al Buitre que fuese él mismo el que ejecutase el penalti para apuntillar a Dinamarca. El Buitre tomó carrera y no falló, subiendo el 5-1 al marcador. Era su cuarto gol y en aquellos momentos se convertía en máximo anotador del Mundial junto al inglés Gary Lineker.
Emilio Butragueño fue el protagonista absoluto de aquel partido. Intervino directamente en los cinco goles de España. Marcó cuatro y forzó los dos penaltis que lanzó el combinado de Miguel Muñoz. Pero es que además su actuación fue memorable. Ofreció todo un recital de pases, velocidad, oportunismo, técnica, colocación... Lo hizo todo bien y en el mejor escaparate posible, un Mundial de fútbol.
Al final, la cuenta goleadora de Butragueño en la Copa del Mundo de 1986 se quedó en cinco goles, los mismos que el brasileño Careca y Diego Armando Maradona. Los tres sólo fueron superados por Lineker, que terminó el Campeonato con seis dianas. Lástima aquella eliminación frente a Bélgica que privó a España de seguir en la competición aumentando las opciones de conseguir algún tanto más...
La trascendencia que tuvo aquel partido frente a Dinamarca fue brutal. Emilio Butragueño cuajó una actuación estelar y se convirtió en uno de los nombres propios del Mundial de México. Por supuesto fue elegido para formar parte del once ideal del torneo y se adjudicó la Bota de Plata del Mundial. Sin duda 1986 fue un gran año para el Buitre. Además de proclamarse Campeón de Liga y Copa de la UEFA con el Real Madrid, consiguió su segundo Trofeo Bravo al mejor jugador europeo menor de 23 años y el Balón de Bronce de France Football.