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@Rancoma_
Récord absoluto en la historia del Real Madrid
Finalmente, la cifra de victorias consecutivas ha quedado establecida en 22. Como es obvio, es la primera vez en la historia que el Real Madrid encadena una racha de resultados tan positiva.
En el recién concluido año 2014, además, el Madrid se coronó como el equipo español que más goles ha anotado en un año natural con 178. También se alzó con el récord de triunfos en un año, estableciendo la marca en 51.
De los 63 encuentros oficiales disputados en 2014 por el equipo de Carlo Ancelotti, sólo empató en cinco de ellos y perdió siete.
16/09 Champions League Basilea 5-1 Local
20/09 Liga Deportivo 2-8 Visitante
23/09 Liga Elche 5-1 Local
27/09 Liga Villarreal 0-2 Visitante
01/10 Champions League Ludogorets 1-2 Visitante
05/10 Liga Athletic 5-0 Local
18/10 Liga Levante 0-5 Visitante
22/10 Champions League Liverpool 0-3 Visitante
25/10 Liga Barcelona 3-1 Local
29/10 Copa del Rey Cornellá 1-4 Visitante
01/11 Liga Granada 0-4 Visitante
04/11 Champions League Liverpool 1-0 Local
08/11 Liga Rayo 5-1 Local
22/11 Liga Eibar 0-4 Visitante
26/11 Champions League Basilea 0-1 Visitante
29/11 Liga Málaga 1-2 Visitante
02/12 Copa del Rey Cornellá 5-0 Local
06/12 Liga Celta 3-0 Local
09/12 Champions League Ludogorets 4-0 Local
12/12 Liga Almería 1-4 Visitante
16/12 Mundial Clubes Cruz Azul 0-4 Visitante
20/12 Mundial Clubes San Lorenzo 0-2 Visitante
Jugó dos temporadas en el Real Madrid
Hace unas semanas, cuando realicé la entrada del blog sobre el treinta aniversario del partido del 6-1 al Anderlecht, citaba a uno de los jugadores del once inicial del Real Madrid porque, curiosamente, había militado en el club belga. A Juan Lozano le vi jugar, sí, pero a duras penas conservo algunos recuerdos de él como futbolista. Le recuerdo principalmente por los cromos. Por ese motivo, hoy me apetecía bucear un poco en la biografía de este jugador que militó dos temporadas en el Real Madrid.
Juan Lozano Bohórquez nació en Coria del Río, Sevilla, el 30 de agosto de 1955. Siendo niño llegó a Bélgica como hijo de emigrantes. Su caso, por tanto, es similar al de tantos españoles que tuvieron que salir a buscar trabajo en Europa allá por los años cincuenta y sesenta. Muchos llegaron a países como Alemania o Bélgica. De hecho, Juan Lozano coincidió en el Real Madrid con Alberto Bernardo Murcia, canterano madridista de padres españoles pero que nació en Lieja.
Lozano creció en Bélgica y allí se hizo futbolista, militando en el Royal Beerschot, equipo con el que logra hacerse un nombre dentro del fútbol belga. Su siguiente etapa futbolística es bastante curiosa, puesto que, sin haber llegado a cumplir los 25 años, salta el charco para irse a jugar a los Estados Unidos. Allí practica el 'soccer' con los Washington Diplomats. Corría el año 1980. A principios de 1981 regresa a Bélgica para recalar en el Anderlecht.
El jugador conservaba su pasaporte español, pero para la Federación Española de Fútbol su caso era el de un oriundo, por lo que tenía complicado recalar en algún equipo español debido al limitado cupo de oriundos y extranjeros que había en los equipos. Al mismo tiempo, Lozano tampoco tenía facilidades a la hora de que se le concediese la nacionalidad belga, lo que le hubiera abierto las puertas como Internacional con la Selección de Bélgica. Hay que tener en cuenta que en 1982 había Mundial. Al parecer, las autoridades belgas pensaban que lo que buscaba el futbolista era liberarse del cumplimiento del Servicio Militar en España. Finalmente , no se le concedió la nacionalidad y las puertas del combinado belga y del Mundial de España se le cerraron.
En las filas del Anderlecht, Lozano forma parte de aquel conjunto que ganó la Copa de la UEFA de la temporada 1982-83 y que llegó a la Final de la siguiente edición, 1983-84, donde perdió con el Tottenham inglés.
Llegada al Madrid
En el verano de 1983, el jugador fichó por el Real Madrid. Estaba cerca de cumplir los 28 años y, por fin, pudo recalar en el fútbol español. Su fichaje llegó a ser calificado como el más caro de la historia del Real Madrid. Aunque ya sabemos que, en el fútbol, los récords de los montantes de dinero para fichajes siempre son efímeros y son superados. En cualquier caso, la expectación generada con el fichaje del sevillano puede considerarse como lógica. Se trataba de un futbolista español que había triunfado en el extranjero y había sido campeón europeo con el Anderlecht.
Juan Lozano era centrocampista y llegaba al Real Madrid que acababa de proclamarse subcampeón en cinco competiciones. Atravesaba el equipo un periodo de vacas flacas en cuanto a títulos se refiere. La Copa del Rey de 1982 había sido el único logro importante del conjunto blanco en un periodo en el que los equipos vascos llevaban la voz cantante en la Liga y donde escuadras como el Sporting de Gijón plantaban cara a los grandes.
Debutó oficialmente con el Madrid el 4 de septiembre de 1983, en la primera jornada de Liga, frente al Betis. Ganó el conjunto merengue por 2-0 y el primer gol del choque lo anotó... ¡Lozano! Sus primeros compases con la camiseta blanca parecían indicar que todo iba por buen camino. Pero la responsabilidad y la presión debía de ser grande. Y Lozano no lo iba a tener nada fácil.
La fortuna le empezó a dar la espalda el 30 de octubre de aquel mismo 1983. En partido frente al Atlético de Madrid que acaba con un rotundo 5-0 favorable a los de Alfredo Di Stefano, Lozano sufre una dura entrada del colchonero Rubio que le obliga a abandonar el terreno de juego. Varios días después, se confirma el alcance de la lesión. Fractura de peroné de la pierna izquierda. Aunque no requirió tratamiento quirúrgico, la lesión le obligó a mantenerse en el dique seco a modo de reposo.
Reapareció el 19 de febrero de 1984 en un partido de Liga que el Real Madrid ganó en el campo del Salamanca por 0-1 con gol de Juanito. Sin embargo, Lozano sufre un golpe en la misma pierna y recae de su lesión volviendo a fracturarse el peroné. Más mala suerte, imposible. Esta recaída le hace ya perderse lo que restaba de temporada. La campaña 1983-84 concluyó para el futbolista sevillano con un bagaje de 14 partidos oficiales disputados y cuatro tantos anotados.
Durante la siguiente campaña, 1984-85, la participación de Lozano en el equipo fue de más a menos. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de la temporada en la que la Quinta del Buitre había empezado a ganar peso en el Madrid. Había subido Michel del filial y futbolistas recién fichados como Jorge Valdano se habían hecho un hueco en el once titular. Jugar se había puesto caro con tanta competencia y Lozano tuvo que alternar el terreno de juego con el banquillo más de lo que le hubiera gustado. Aún así, participó activamente en Liga y en Copa de la UEFA, competición en la que el Real Madrid se proclamó campeón. Fue la segunda Copa de la UEFA para el palmarés del de Coria del Río, que ya había ganado la edición de 1983 con el Anderlecht. Precisamente, jugó el partido frente a sus ex compañeros belgas en el que Butragueño, como ya recordé hace unas semanas aquí en 'Historias del Real Madrid', anotó tres goles.
Precisamente, la llegada de jóvenes procedentes del Castilla y la elevada cifra de fichas de jugadores con la que contaba el Real Madrid , incluyendo futbolistas cedidos en otros equipos, obligaba a realizar muchos descartes en la plantilla de cara a la temporada 1985-86. Ramón Mendoza acaba a de hacerse cargo de la presidencia del Club sustituyendo a Luis De Carlos. Con él llegaban nuevos fichajes de renombre. Para hacer hueco a Hugo Sánchez, Gordillo y Maceda, otros jugadores debían dejar su sitio y el Club tuvo que dar de baja a un gran grupo de futbolistas: Ángel, Ito, Juan José, Isidro, Pineda, Fraile...
Juan Lozano Bohórquez también formó parte de la extensa lista de bajas. El equipo decidió no contar más con sus servicios y el futbolista negoció su vuelta al fútbol belga. Regresó a su club de procedencia, el Anderlecht y volvió a ser pieza fundamental de su escuadra. Allí, la prensa especializada le eligió como segundo mejor jugador del fútbol belga del año 1986. En 1987 sufrió una doble fractura de tibia y peroné. Se acercaba a los 32 años y aquella nueva lesión marcó el inicio del declive de su carrera deportiva. Aún así, fue escogido mejor jugador de la Liga belga de la temporada 1986-87. No logró recuperar su mejor forma tras aquella gravísima lesión de abril del 87. Su etapa en el Anderlecht se cerró en 1989 y disputó una última campaña en activo en las filas del Eendracht Aalst durante el ejercicio 1989-90. A punto de llegar a los 35 años, Juan Lozano se retiró como jugador.
Desde entonces, lo que he llegado a saber sobre Lozano fue a través de los medios de comunicación deportivos que se ponían en contacto con él cuando algún equipo español, el mismo Real Madrid por ejemplo, se medía a algún conjunto belga en competición europea o cuando había algún choque de selecciones entre España y Bélgica. Siempre que he leído alguna entrevista suya, Lozano ha hablado con mucho cariño de su etapa en el Real Madrid y de sus antiguos compañeros de vestuario. La suerte no fue su mejor compañera en el Madrid, eso hay que reconocerlo. Sin embargo, el de Coria del Río nunca mostró arrepentimiento alguno sobre su etapa como jugador blanco. "No me arrepiento de haber venido, ya que en su momento me hizo mucha ilusión", comentaba hace años sobre su estancia con nosotros.
En total, Juan Lozano disputó 35 partidos oficiales con la camiseta blanca y anotó seis goles. Como madridista ganó una Copa de la UEFA y una Copa de la Liga. Desde 'Historias del Real Madrid', quiero tener este recuerdo, con respeto y admiración, hacia Juan Lozano Bohórquez.
Despedimos un año cargado de éxitos
Se nos va el 2014. Un año que, sin ninguna duda, no olvidaremos nunca los madridistas. La foto que ilustra esta entrada de 'Historias del Real Madrid' la colgó en su cuenta de Twitter el ayudante de Carlo Ancelotti, el británico Paul Clement.
El segundo técnico del equipo ha plasmado con una grandiosa instantánea lo que ha sido este año que se nos va. Campeones de la Champions League, de la Supercopa de Europa, del Mundial de Clubes y de la Copa del Rey frente al Barcelona. Trofeos y medallas que nos recuerdan que el Real Madrid ha vivido tiempos felices que, esperemos, se puedan seguir repitiendo en este 2015 que estrenaremos dentro de unas pocas horas.
FELIZ 2015 A TODO EL MUNDO!!!
Decidió Raúl con aquel famoso gol al Vasco de Gama
La conquista del Mundial de Clubes me llevó a recordar ayer en 'Historias del Real Madrid' la Triple Corona del año 2002. Lógicamente, ahora me toca echar la vista un poco más atrás y rememorar la Copa Intercontinental de 1998.
Mencionaba ayer el hecho de que, al disputarse en Japón, la Copa Intercontinental se jugaba en un horario muy poco propicio para ver fútbol. Aún recuerdo a mi padre programando el vídeo en el año 1992 para grabar a su Barcelona con el Sao Paulo porque el duelo se jugaba a las tantas de la madrugada, hora española.
Bueno, pues resulta que en el año 1998, la Final entre el Real Madrid y el Vasco de Gama se jugó, atención, el martes 1 de diciembre a las 11.00 horas de la mañana. Ni que decir tiene que el día era laborable y que el partido no lo vi porque... me pilló en clase.
Sin embargo, aquel año habíamos ganado la Séptima Copa de Europa en Ámsterdam, lo que nos había abierto las puertas para disputar esta Copa Intercontinental. Había opciones de sumar un nuevo título y los nervios no me iban a permitir concentrarme en lo que decía el profesor sin tener noticias del partido. Después de tantos años viendo con envidia cómo otros equipos se coronaban como campeones intercontinentales, por fin llegaba la oportunidad de ver al Real Madrid levantando el trofeo.
Recuerdo que yo me sentaba a la izquierda del aula, junto a las ventanas. ¿Qué hice para seguir el partido? Pues lo que supongo que muchos madridistas hicieron aquella mañana. Seguir el encuentro por la radio. Sí, quizás lo más lógico hubiese sido haber hecho 'pira' y haberme saltado la clase, que seguro que también fue lo que hicieron muchos aficionados del Madrid en la misma situación que yo. Me consta que se comentó mucho aquel día sobre las repentinas ausencias que hubo aquel martes en muchos puestos de trabajo.
El caso es que yo me coloqué la radio debajo del pupitre y deslicé dentro de la ropa el cables de los cascos, colocándome sólo el auricular izquierdo, para que no se notara tanto. Los compañeros que tenía delante y detrás ya sabían que estaba escuchando el partido, así que con disimulo y por lo bajo me iban pidiendo que les informara de la marcha del encuentro.
Encuentro que empezó bastante bien, por cierto. Entrenaba todavía Guus Hiddink a aquel Madrid de la temporada 1998-99. Y a los 25 minutos de partido, llegó el primer gol. Roberto Carlos entró por la izquierda con su habitual velocidad y, sin llegar a entrar en el área, lanzó un tremendo disparo que un defensor brasileño envió a su propia portería. Gol y el Real Madrid por delante en el marcador. Por supuesto, no grité el gol, en medio de la clase, faltaría más. Pero recuerdo la enorme satisfacción que me entró y aquella extraña sensación por tener que contenerme cuando el cuerpo me pedía que me levantara y gritase 'gol' a pleno pulmón.
Recuerdo que nos marchamos al descanso ganando con aquel gol. Sin embargo, la renta era corta y en cualquier momento las cosas podían torcerse. Y así ocurrió. Tras la reanudación y el cambio de asignatura, en la siguiente hora, llegó el gol del empate del Vasco de Gama. Los viejos fantasmas volvían a la carga. El 'Síndrome del Transworld Sport' se apoderó de mí y me llegué a concienciar de que íbamos a perder el partido.
El Aguanís
Estábamos ya alcanzando la recta final y, en el mejor de los casos, iríamos a la prórroga. Pero, no. No hizo falta. Supongo que ya recordáis todos lo que sucedió. Lo que hizo Raúl, vaya. Seguramente fue su mejor gol o, al menos, el más mediático. Llegó a bautizarlo y todo. El Gol del Aguanís, lo llamó.
No sé cuántas veces lo habré visto ya. Pero, claro, en el momento del gol... yo no estaba viendo la televisión. ¡Estaba escuchando la radio! Os podéis imaginar cómo se me puso el corazón mientras, siguiendo la narración radiofónica, me imaginaba el pase largo de Clarence Seedorf, a Raúl recogiendo el balón justo en la raya del área, al propio Raúl recortando y dejando, literalmente, sentado de culo al defensor que le cubría. Raúl controló el balón mientras otro defensa del Vasco de Gama corría como una flecha hacia él para tratar de frenarle, pero con un rápido toque técnico logra burlar al segundo defensa y se escora a la derecha para buscar el disparo ajustado al palo. A todo esto, otros dos defensas corrían hacia su área para tratar de arreglar el desaguisado que el 7 blanco estaba montando en las inmediaciones de la portería brasileña. Pero Raúl tiró un balón perfectamente medido que superó la estirada del guardameta rival. E, insisto, toda esta jugada, siendo seguida por la radio, sin poder verla.
Aquello ya fue demasiado. Tras ver el encuentro perdido, con aquel pesimismo mío que se había forjado después de tantos años de decepciones en competiciones internacionales, todo cambió en apenas unos segundos. Raúl había marcado el 2-1 favorable al Real Madrid. Recuerdo que cerré los puños y cerré los ojos, apreté los dientes y ahí sí que tuve que hacer un esfuerzo titánico para no tirar la mesa y ponerme a gritar como 'un desjuiciado', que hubiese dicho mi abuela.
Era el minuto 83. Sólo faltaba aguantar un poco más y el Real Madrid se proclamaría Campeón de la Copa Intercontinental 38 años después de su primer título en la competición. Y se aguantó. No me lo podía creer. ¡Campeones de nuevo!
Ni que decir tiene que Raúl fue elegido jugador del partido y fue galardonado con un coche de la marca japonesa Toyota, que era el patrocinador de la competición. De hecho, el nombre comercial del trofeo era ese, precisamente, Copa Toyota. De ahí las imágenes que seguro muchos recordarán del ariete madridista subido a un vehículo con una llave gigante con el logotipo de la marca nipona. Con motivo de ese patrocinio, también, se entregaban dos trofeos al equipo vencedor. Manolo Sanchís levantó el de la FIFA, la Copa Intercontinental de toda la vida, y Fernando Hierro alzó el que concedía la marca automovilística.
Y todo aquello un martes, día laboral, por la mañana. La mañana del 1 de diciembre de 1998. Así conquistó el Real Madrid su segunda Copa Intercontinental y así viví yo la primera 'mía'.
Por la noche, en horario más acorde a nuestros ritmos de vida, el partido se emitió en diferido por televisión y lo pude disfrutar, además, con la ventaja de saber que la película terminaba con un final feliz.
REAL MADRID: Illgner, Panucci, Sanchís, Sanz, Roberto Carlos, Hierro, Redondo, Seedorf, Savio (Suker, 89’), Raúl, Mijatovic (Jarni, 86’).
VASCO DA GAMA: Carlos Germano, Wágner (Vítor, 75’), Odvan, Mauro Galvão, Felipe, Nasa, Luizinho (Guilherme, 85’), Juninho, Ramón (Válber, 88’), Donizete, Luizão.
GOLES:
1-0 min. 25 Roberto Carlos (con la colaboración de un rival)
1-1 min. 56 Juninho
2-1 min. 83 Raúl
Hace doce años, el Real Madrid también se adjudicó los tres títulos internacionales
La reciente consecución del Mundial de Clubes por parte del Real Madrid ha supuesto la culminación de un grandísimo año para las vitrinas de la entidad. En este 2014 que ahora estamos finalizando, hemos ganado la Champions League, la Supercopa de Europa y el citado Mundial. Afortunadamente, no es la primera vez que conseguimos reunir estos tres trofeos. En el año 2002, el del Centenario del Club, también conseguimos imponernos en las tres competiciones.
El 15 de mayo de 2002, el Real Madrid se impuso 2-1 al Bayer Leverkusen en la Final de la Champions League. El encuentro, celebrado en el Hampdem Park de Glasgow, será siempre recordado por la impresionante volea de Zinedine Zidane en las postrimerías del primer tiempo. Sin ninguna duda, es el mejor gol que he visto tanto por la belleza de su factura como por la importancia que tuvo en el desenlace del encuentro.
Raúl había adelantado al Real Madrid en el marcador en el minuto 8 pero, poco antes de alcanzarse el cuarto de hora, los germanos lograron establecer el empate con un tanto de Lucio. Y justo antes de alcanzarse el ecuador de la contienda, llegó aquel glorioso gol que ninguno de los madridistas que lo vivimos, en vivo, por radio o por televisión, olvidaremos nunca. Balón de Solari a Roberto Carlos por la izquierda. El lateral, presionado por un rival, lanza un envío por lo alto en forma de globo. El balón cae del cielo y Zidane firma una auténtica genialidad. Volea según le viene. Sin dejar botar el balón, y a la primera, el francés suelta un latigazo metiendo el balón por toda la escuadra. ¡Vaya golazo! Me emociono cada vez que lo recuerdo.
Nos marchamos al descanso con ventaja en el marcador. Un 2-1 que no se movió en el segundo tiempo en parte gracias a las paradas finales de Iker Casillas, que tuvo que saltar al terreno de juego en sustitución de César, que no pudo concluir el encuentro por una lesión. El Real Madrid era Campeón de Europa, otra vez. ¡La Novena era nuestra!
Supercopa de Europa
La consecución de la Champions permitía al Real Madrid disputar, por tercera vez, la Supercopa de Europa, que aún no se había logrado ganar. Lástima que este trofeo se disputase por primera vez en el año 1973. Si Don Alfredo, Puskas, Gento y compañía la hubiesen disputado en los tiempos en los que el Real Madrid dominaba la Copa de Europa con mano de hierro, seguro que hubiésemos acumulado ya más de una y más de dos.
Tras perder las finales de 1998 frente al Chelsea y 2000 frente al Galatasaray, el Real Madrid se enfrentó al Feyenoord holandés. Fue el viernes 30 de agosto de 2002 en el Stade Louis II de Mónaco. Aquel día, el Real Madrid vencía 3-1 en un partido que controlamos en todo momento. Aunque, después de las dos decepciones que había vivido el equipo, las confianzas sobraban.
En el minuto 14 de partido, tras una larga jugada en la que toca el balón casi medio equipo blanco, Roberto Carlos se introduce como un tiro en el área y recibe un balón de Esteban Cambiasso y el brasileño lanza por bajo un pase que un holandés desvía a su propia portería. Esos goles también valen. 1-0 para el Real Madrid, que poco después, en el minuto 21, anotaba el segundo gol del partido. De nuevo Roberto Carlos de protagonista, aunque esta vez sin colaboración del rival. Jugada de toque y triangulaciones de los jugadores blancos y el lateral brasileño, con su pierna izquierda, por supuesto, anota un bonito gol para encarrilar el encuentro.
En el segundo tiempo, el Feyenoord recortó diferencias con un magistral lanzamiento de falta por la escuadra. El 2-1, sin embargo, le duró muy poco a los holandeses. Cuatro minutos después, el Madrid volvía a perforar la portería de su contrincante. Esta vez, el gol llegó por banda derecha en un centro de Luis Figo y un remate de cabeza de Guti. El canterano madridista establecía así el 3-1 con el que concluiría el choque y el Real Madrid se adjudicaba, por primera vez en su historia, la Supercopa de Europa.
Copa Intercontinental
El triunfo en la Supercopa de Europa suponía el pistoletazo de salida a la temporada oficial 2002-03. El mismo día en el que el Madrid se adjudicaba el trofeo, el club seguía trabajando para atar la contratación de Ronaldo. El brasileño, se entiende. Ronaldo Nazario. Hago este apunte porque el ariete, procedente del Inter de Milan, fue la estrella del encuentro que sirvió para que el Real Madrid sumase su tercer título internacional del año 2002. La Copa Intercontinental.
Hace doce años, este trofeo aún se disputaba en tierras japonesas. Estos partidos celebrados en el lejano oriente hacían que tocara ver fútbol en horarios... más que poco habituales.
El Real Madrid se enfrentó al Club Olimpia de Asunción, Paraguay, el 3 de diciembre de 2002. En el minuto 14, Ronaldo, que jugó un gran encuentro aquel día, marcó el 1-0 para el Madrid. El equipo de Vicente Del Bosque era técnicamente muy superior a su rival y gozó de ocasiones suficientes para haber cosechado un marcador más holgado a su favor. Sin embargo, llegamos a la recta final con aquel 1-0. El Olimpia le puso mucho corazón al envite, aunque no parecía muy fino en los metros finales.
Para cerrar cualquier atisbo de duda, a cinco minutos del final llegó la sentencia con el 2-0. Volvió a marcar Guti en una final. El número 14 del Real Madrid, que no llegó a jugar ninguna de las tres finales de la Champions League que el Madrid disputó estando él en la plantilla, dejó su nombre en las tablas de goleadores de los otros dos títulos internacionales del 2002. Marcó en la Supercopa de Europa y en la Copa Intercontinental.
De aquel partido de diciembre de 2002, un recuerdo que tengo grabado en la memoria es el del sonido del público japonés del Estadio Yokohama de Tokio cada vez que los jugadores del Real Madrid realizaban alguna acción espectacular con el balón.
No olvidaré nunca una jugada, en concreto, en la que Zidane controló una pelota de la forma que sólo él hacía. Se trataba de un balón aéreo que caía en barrena del cielo. El francés, en medio del campo, no dejó ni que botara. Elevó la pierna y amortiguó la caída del esférico como si lo estuviera recogiendo con un guante de seda. Un control maravilloso. El "ooooooooooooh" de los espectadores fue nítidamente captado por los micrófonos ambiente de la retransmisión televisiva. Acciones como aquella convertían en una delicia poder ver jugar al fútbol a Zinedine Zidane.
Sí. Fue un gran año el 2002. Celebrar el Centenario del Club ganando los tres títulos internacionales resultó ser una gran satisfacción. Fue la primera vez que el Real Madrid lograba sumar en un mismo año estos tres trofeos, lo que entonces se denominó la Triple Corona, término que en realidad procedía de otras modalidades deportivas como la hípica.
El brasileño fue portada navideña de Don Balón hace quince años
El año pasado recordaba aquellas portadas navideñas que realizaba el desaparecido semanario Don Balón por estas fechas tan señaladas. Hoy toca recordar a otro de los madridistas que se pusieron el gorrito de Papá Noel en la primera página de la revista.
Retrocedemos en el tiempo quince añitos para situarnos en diciembre de 1999. John Toshack ha sido ya destituido y el equipo es entrenado por Vicente Del Bosque. En la plantilla, el lateral izquierdo Roberto Carlos es ya uno de los pesos pesados de la plantilla.
Desde que aterrizó en el Bernabéu, en el verano de 1996, el brasileño se había convertido en fijo en las alineaciones de todos los entrenadores que pasaron por el banquillo blanco. Sobre el terreno de juego era un monstruo. Un portento físico. Defendía, atacaba... Tenía una velocidad endiablada con la que cruzaba el carril izquierdo, de punta a punta, con una facilidad pasmosa. Contaba, además, con un cañón en su pierna izquierda que le permitía aportar al equipo tiro exterior. Marcó muchos goles desde fuera del área y además sus lanzamientos lejanos de falta suponían siempre peligro sobre el marco rival.
Su carisma y su simpatía, además, calaron hondo entre los aficionados madridistas, que le convirtieron en ídolo. Roberto Carlos se ganó muy rápido el cariño de la grada. Siempre con una sonrisa en la cara, era uno de esos jugadores que caían bien y que transmitía 'buen rollo'.
No es de extrañar, por tanto, que la propuesta de Don Balón de vestirle con el traje rojo navideño le viniese como anillo al dedo. En la portada del número 1.262 de la revista, Roberto Carlos, copa en mano, brindaba por un "Feliz 2000".
Quince años ya de aquello... Y parece que fue ayer...