domingo, 26 de febrero de 2017

RECORDANDO A RICARDO ROCHA

Hace veinticinco años, el defensa brasileño se convirtió en indiscutible de la zaga blanca

Tengo que reconocer que no sabía nada sobre Ricardo Rocha cuando en verano del año 1991 fichó por el Real Madrid. Recuerdo perfectamente la noche en la que escuché, en la cama y a través de la radio, la noticia de su llegada al equipo blanco. Para mí era una incógnita porque se trataba de un futbolista que no me sonaba de nada. Llegaba del fútbol brasileño y no tenía ninguna referencia sobre él. Llegaba para ocupar la plaza que dejaba el yugoslavo Predrag Spasić, que tantas críticas había suscitado durante su año como jugador madridista. La verdad es que no estábamos teniendo mucha suerte con los fichajes para el puesto del central que acompañaba a Manolo Sanchís.

En pocos meses las dudas y la incertidumbre sobre el defensa brasileño habían quedado más que disipadas. Hace ahora un cuarto de siglo, Ricardo Roberto Barreto da Rocha, Ricardo Rocha, se había convertido en pieza básica de las alineaciones del Real Madrid. Un jugador imprescindible en el eje de la defensa. Hoy, en 'Historias del Real Madrid', quiero recordar y reivindicar la figura de un defensa que dejó huella en el club a principios de la década de los noventa pese a permanecer sólo dos campañas con nosotros.

Sus inicios

Ricardo Rocha nació en Arrecife, Pernambuco, el 11 de septiembre de 1962. Desde muy joven empezó a despuntar como jugador en equipos como el San Martín, Elmo o Santo Amaro. "Este equipo era tan pobre que no tenía vestimenta deportiva para entrenar. Sólo para para jugar los encuentros oficiales y había que cuidarla al máximo", recordaba el futbolista en una entrevista para As Color. "Ingreso en el Santa Cruz, donde ya empiezo a despuntar, pero mi consagración definitiva es en el Guaraní. Una entidad de la que han salido grandes jugadores brasileños", recordaba Rocha. Allí pasó tres años, entre 1985 y 1988, antes de dar el que sería su primer salto a Europa. Fue en 1988 y el destino, Portugal, donde recaló para vestir la camiseta del Sporting de Lisboa.

"Fue curioso lo que me pasó en el Sporting de Lisboa. Primero estuve seis meses sin jugar porque no llegaba mi transfer, pero, a pesar de no poder defender los colores del conjunto portugués, me pagaban. Después fue al contrario. Estuve seis meses jugando y no percibí ni un escudo. ¿Por qué...? Pues porque el club tenía problemas económicos y no podía hacer frente a los salarios", recordaba el defensa en la revista As Color

Ante tales problemas, Ricardo Rocha acaba regresando a su país para jugar dos temporadas en el Sao Paulo, 1989-90 y 1990-91. Durante aquel periodo el jugador, que defendió la camiseta de la Selección de Brasil en 38 ocasiones, participó en el Mundial de Italia 90. En el año 1991, con 28 años y cerca de cumplir los 29, el tren del fútbol europeo volvió a pasar por la vida de Rocha. "Tenía ofertas de Holanda, de Alemania, de Portugal... Equipos como el PSV Eindhoven, el Bayern Munich, el Benfica... Pero surgió la llamada del Real Madrid y no lo dudé ni un segundo. Es un orgullo, se lo digo cuando apenas llevo dos semanas en esta institución, pertenecer al Madrid", le confesaba el jugador brasileño al periodista Luis Miguel González en la entrevista que concedió para el número 288 de As Color.

Llegada a Madrid

Sí. Ricardo Rocha recaló en el Real Madrid en el verano de 1991. A finales del mes de julio de 1991 se concretó su pase al conjunto blanco e inmediatamente se trasladó a la ciudad italiana de Udine, donde el Real Madrid de Radomir Antic estaba realizando su pretemporada. Al parecer, le costó poco al jugador convencer de su valía a su nuevo técnico. "Sin duda es el defensa que necesitamos", señalaba Antic a la vuelta del equipo de Italia. El preparador estaba muy satisfecho con su nuevo futbolista y no escatimaba elogios hacia el brasileño. "Es de agradecer. Desde luego, me voy a esforzar al máximo para ser uno de los titulares del Madrid.  Además, soy un jugador polivalente. Puedo jugar por los laterales y en el centro de la defensa", aseguraba Rocha en agosto de 1991.

Rocha era un jugador que llegaba para apuntalar un eje de la defensa por el que habían pasado demasiados futbolistas en anteriores temporadas. Los últimos habían sido el argentino Óscar Ruggeri en la 1989-90 y el antes citado Pedrag Spasic en la 1990-91. Ya desde los primeros amistosos disputados con el equipo quedó claro que se trataba de un defensa con veteranía y muy contundente en sus acciones. "No me tengo que defender de nada. Soy el primero en reconocer que soy duro, pero no entro con mala intención. Nunca lesioné a un adversario. Por otra parte, también le diré que me gusta mucho hablar en el terreno de juego con mis compañeros de zaga. Estoy por delante de Sanchís, en la zaga, y he de procurar que a mí  no me rebasen. Hay que hacer una defensa sólida y un bloque muy compacto", explicaba sobre sus características como jugador al periodista Luis Miguel González.

Ya durante la pretemporada se atisbó que el Real Madrid había acertado de pleno con el fichaje de Rocha. Impresiones que quedaron confirmadas una vez iniciados los primeros encuentros de competición oficial. Se le comparó mucho con Goyo Benito. Ricardo Rocha era un defensa extraordinario. Dominaba la técnica del tackle como pocos defensas que yo haya visto. Tenía una capacidad increíble para arrebatar el balón a los delanteros. Lo hacía de una manera muy aparatosa y espectacular. El más mínimo fallo suponía una falta y tarjeta segura. Pero es que tenía la habilidad para hacerlo a la perfección. Siempre al balón. Algo realmente increíble. Técnica, coordinación y precisión. Fuerza y destreza para atrapar el balón con el pie, para recuperarlo o para desviarlo. Rocha era un auténtico muro y pronto se convirtió en la columna principal de la defensa del Real Madrid.

En el mes de octubre de 1991, en su número 28, Ricardo Rocha ocupaba la portada de la revista Real Madrid. Rocha: El guardián del área, titulaba la publicación mensual, que le dedicaba un reportaje de cinco páginas al jugador. El brasileño se mostraba muy satisfecho de sus tres primeros meses como madridista. "Se confirma y se supera todo lo que te puedes imaginar sobre este club cuando te encuentras fuera. A mí, que llevo jugando por todo el mundo muchos años, me ha impresionado el número de aficionados que están siempre presentes en todos los actos. Esto te hace sentirte arropado, querido, animado... Y eso es muy importante para un jugador", contaba Rocha a J.J. López Soto, autor de la entrevista para la publicación oficial del Club.

A la pregunta de si había visto la afición al mejor Rocha, el defensa apuntaba que lo que habían podido observar hasta aquel entonces eran sus "características de juego" en general. "Pero no cabe duda que según avance la temporada iré rindiendo más de acuerdo a la progresión de entrenamientos y encuentros oficiales", apuntaba Rocha, que prometía "honradez y profesionalidad" a los aficionados. "Yo he venido aquí para servir a un club, al que yo considero el mejor del mundo, y para ello voy a dejarme la piel sobre el campo. Esto sí se lo puedo prometer a la afición", matizaba el brasileño.

El jugador era un fijo en las alineaciones de Antic. No se perdía ni un partido. Siempre de titular en aquel equipo que encadenaba triunfos y que se había encaramado a lo más alto de la clasificación de la Liga. El Real Madrid recibía muy pocos goles en contra y mucho se lo debía al gran rendimiento de Rocha en la defensa y a la buena campaña que estaba cuajando Paco Buyo en la portería.

El 26 de enero de 1992, en su ejemplar número 311, la revista As Color volvía a entrevistar a Ricardo Rocha, ya convertido en toda una estrella del Real Madrid. Seis meses después de su primera entrevista para el medio, el periodista Luis Miguel González volvía a encontrarse con el defensa brasileño. En aquella ocasión, el jugador le recibía en su casa junto a su familia. La entrevista, cuyo titular era "soy un padrazo", se centraba en detalles personales y familiares del jugador. No obstante también se tocaban asuntos deportivos y se percibía el peso que había adquirido Rocha en aquel equipo de la temporada 1991-92. "En el Real Madrid hay bastantes líderes. Míchel, Chendo, Sanchís... Yo también procuro ser un líder. Se lo digo por lo que hablo sobre el terreno de juego. Bueno, también a veces chilla Buyo. Hay que tener en cuenta que detrás de Sanchís estoy yo y debo procurar que no pase ningún adversario. Reconozco que tengo genio", contaba Rocha.

En aquella entrevista, Rocha también hablaba de su relación con su entonces entrenador. "Radomir Antic me ha dado mucha confianza. Es un preparador que conversa con el jugador, que te destaca las virtudes de cada cual y que en seguida corrige los defectos. Nunca pierde los papeles. Si hay una derrota, aunque en lo que va de temporada hemos conocido pocas, saca a relucir su psicología para hacernos ver los motivos. Es un hombre recto, al que le gusta que se trabaje a fondo y que cada uno se tome su profesión muy en serio. Tiene una gran visión del fútbol. Yo diría..., sí..., que Radomir Antic, como entrenador, es muy listo. Y, como persona, encantador", argumentaba Rocha. La entrevista, repito, se publicó el 26 de enero de 1992. Insisto en la fecha porque al día siguiente, 27 de enero de 1992, llegó el absurdo cese de Radomir Antic como entrenador del Real Madrid.

El cese de Antic y la llegada de Leo Beenhakker al banquillo del equipo supusieron un punto de inflexión en el Real Madrid de la temporada 1991-92.

Pese a la buena marcha del equipo y el liderazgo en la Liga, el equipo recibía muchas críticas por su juego. Las primeras derrotas ligueras, que llegaron en enero de 1992, precipitaron la decisión de destituir a Antic pese a que el Real Madrid se había proclamado Campeón de Invierno.

En su número 849, correspondiente a la semana entre el 4 y el 10 de febrero de 1992, la revista Don Balón llevaba a Ricardo Rocha a su portada. "Rocha, lo mejor de la primera vuelta", titulaba el semanal. En páginas interiores la revista publicaba un resumen de lo que se llevaba disputado de campeonato y se calificaba a Rocha como la figura del Real Madrid. "El madrileño Rocha y el azulgrana Laudrup, los jugadores más destacados de la primera fase", se podía leer en el informe. En el apartado de "lo mejor" se mencionaba "la seguridad aportada por Rocha a la defensa blanca".

En aquel mismo número, curiosamente, la revista entregaba un póster del Real Madrid bajo su condición de Campeón de Invierno. En el reverso de ese póster se analizaba uno por uno a los futbolistas de la plantilla que más encuentros habían disputado. Sobre Rocha escribían: "La gran figura del Madrid en lo que va de Liga. Seguro, firme, con fuerte personalidad, el brasileño se ha ganado la admiración de todos y es uno de los principales responsables de la buena marcha del equipo"

Ricardo Rocha siguió realizando buenos encuentros con el Real Madrid. Pero el equipo estaba yendo de más a menos según avanzaba la temporada. Las críticas sobre el juego del equipo no mejoraban y, encima, los resultados ya no eran tan buenos como con Antic. A nivel individual Rocha rendía bien, aunque hubo dos acciones puntuales aquella temporada que le acabarían lastrando en el imaginario de los madridistas.

Gol en propia meta

El miércoles 15 de abril de 1992 el Real Madrid jugó en el Estadio Delle Alpi de Turín el partido de vuelta de las semifinales de la Copa de la UEFA frente al Torino de Martín Vázquez. A los siete minutos de echar a rodar el balón llegó una jugada de mala suerte para el Real Madrid... y para Ricardo Rocha. Un balón colgado por los italianos desde la derecha al centro del área era rematado por el defensa brasileño que, en su intento de despeje, lo que hizo fue clavarla en nuestra portería. Aquel autogol dejaba la eliminatoria 2-2 con ventaja para los italianos por el valor doble del gol conseguido en el Bernabéu. El Madrid se lanzó a por un gol que le pondría por delante de nuevo, pero no. No era el día. No era el día tampoco. Las cosas no salían bien. En el minuto 77 llegó la puntilla. Los anfitriones hacían el 2-0. Los de Beenhakker necesitaban al menos un gol para forzar la prórroga. Pero no hubo gol. El Madrid quedaba apeado de la Copa de la UEFA y se perdía la Final.

Aquella eliminación europea era una constatación más de que el equipo no marchaba bien. Las sensaciones eran de que seguíamos cuesta abajo. Pero aún quedaban los títulos nacionales y había que pelear por ellos. El Madrid estaba clasificado para las semifinales de Copa y en Liga seguía en lo más alto. Pero nos íbamos dejando puntos por el camino. Las salidas, lejos del Bernabéu, eran un suplicio. Empates en Mallorca, San Sebastián, derrota en Oviedo, empate en Pamplona...

Y llegó el último partido. La jornada 38. El Real Madrid líder y el Barcelona por detrás a un punto. Tocaba jugarse el título el último día, en Tenerife. Jornada de infausto recuerdo para los madridistas. El Madrid se puso 0-2 con goles de Hierro y Hagi. Los tinerfeños recortaron distancias antes del descanso. Mientras, el Barcelona encarrilaba su encuentro frente al Athletic Club, al que terminó ganando 2-0. El Madrid estaba obligado a no fallar. El 1-2 le valía al conjunto blanco. El colegiado García de Loza expulsó a Villarroya y el equipo quedó con diez jugadores. Y todo se vino abajo en el minuto 76. Una jugada de Felipe por la derecha, adentrándose en el área, concluyó con un pase al centro del área pequeña. El balón parece que quedaba en los pies de Rocha, con Buyo batido en el suelo. El defensa quiso lanzar el balón fuera y lo golpeó... metiéndolo en nuestra propia portería. El 2-2 no nos valía. Y mucho menos el 3-2 con el que remontaban los de casa poco después. Aquella cesión de Sanchís a Buyo, aquel balón suelto a puerta vacía y el gol de Pier... Un desastre.

El Real Madrid perdió aquella Liga. Y claro, uno de los nombres propios fue el de Ricardo Rocha, el autor involuntario de aquel 2-2 en propia puerta. Inolvidables aquellas imágenes en el aeropuerto del defensa brasileño llorando como un niño con la cabeza hundida mientras el entrenador, Leo Beenhakker, trataba de consolarle... "Perder la Liga en Tenerife me produjo una pena muy grande", señalaría después en una entrevista para Don Balón. "Todos queríamos ganar el título pero estoy seguro de que yo tenía más ganas que otros compañeros porque la mayoría tenía ya cinco Ligas en su historial. Mi primer año en el Madrid y ganar la Liga era casi como un sueño, y lo peor es que la regalamos, no sólo en Tenerife sino desde bastantes jornadas antes", añadía Rocha.

Aquello fue terrible. Un suplicio de final de temporada. Tantas jornadas en lo más alto para acabar cediendo el último día. Nadar para ahogarse en la orilla, literalmente. Perdimos la Liga y perdimos la Copa del Rey. Superamos las semifinales frente al Sporting de Gijón pero caímos en la Final, celebrada en el Santiago Bernabéu, frente al Atlético de Madrid. Rocha no jugó aquellos partidos. Le sustituyó Miguel Tendillo en el eje de la defensa. 

Pese a la ausencia de títulos y pese a los dos autogoles, lo cierto es que la temporada de Ricardo Rocha había sido buenísima. El jugador había demostrado un rendimiento extraordinario. Los aficionados, con sus votos, le hicieron ganador del II concurso al mejor jugador de la temporada que entregaba la revista del Real Madrid. "Es el premio de mi vida", señala el futbolista en el número 37 de la publicación, correspondiente al mes de julio-agosto de 1992. "Supone mucho llegar al club más grande del mundo y ser elegido el mejor por la afición y los periodistas. Yo leía cada mes la votación, pero nunca pensé que la ganaría. Yo me entrego en el campo con tanta intensidad que al final no sé cómo lo he hecho, lo único que sé es el resultado del partido. Ese es el baremo por el que me guío: si ganamos, bien; pero si perdemos, ya no me importa que un jugador haya jugado bien, porque no hemos conseguido nuestra meta", añadía Rocha, que siempre hizo gala de una gran auto exigencia.

En el ranking de los mejores jugadores de la temporada 1991-92 que elaboró la revista Don Balón computando los puntos de las crónicas de toda la campaña, Ricardo Rocha quedó en quinta posición con una media de 6,89 puntos. Por supuesto era el mejor jugador del Real Madrid en la clasificación y fue designado mejor central de la temporada e incluido en el once ideal 1991-92.

La también desaparecida revista Fortuna Sports, por su parte, realizó una votación entre todos los jugadores de Primera División para elegir a los mejores de la temporada. En esta encuesta Ricardo Rocha fue cuarto sólo por detrás de Laudrup, Stoichkov y Futre, todos ellos hombres de ataque. Volvía a ser el madridista mejor clasificado, por delante de Emilio Butragueño.

Su primera temporada en el Santiago Bernabéu, 1991-92, se saldó con un total de 48 partidos oficiales. 36 de Liga, 3 de Copa del Rey y 9 de Copa de la UEFA.  

 Temporada 1992-93

Nuevo cambio de entrenador. Benito Floro fue el encargado de dirigir al Real Madrid para la temporada 1992-93. Iván Zamorano recaló en el Santiago Bernabéu para sustituir al mexicano Hugo Sánchez y Hagi también causó baja y tomó rumbo a Italia para jugar en el Brescia. El cupo de extranjeros de la plantilla del Real Madrid estaba compuesto por Zamorano, Prosinecki, Rocha y Esnáider como cuarto extranjero. El argentino en principio formaba parte del Real Madrid B de Segunda División pero con presencia en el primer equipo. Floro iba a echar mano de él en algunos partidos.

Ricardo Rocha siguió siendo uno de los fijos de las alineaciones de los onces, aunque algunas fuentes apuntaban a que Benito Floro no estaba del todo satisfecho con el defensa brasileño. Incluso en algún partido le cambió de posición durante las primeras semanas de competición oficial. Al técnico asturiano le costó asentar la línea defensiva y los roles de sus jugadores en su sistema. Probó con Nando como lateral derecho y como central. Y a Rocha también le hizo jugar algún choque como lateral derecho. Como en la quinta jornada de Liga, frente al Deportivo de La Coruña.

Aquel encuentro en Riazor, disputado el sábado 3 de octubre de 1992, también se suele recordar por otro gol en propia puerta de Rocha. El Madrid había arrancado bien el partido y se puso 0-2 con goles de Fernando Hierro e Iván Zamorano. Los de Arsenio Iglesias, que aquella campaña se convertirían en el Súperdepor, terminaron dando la vuelta al marcador. Bebeto recortó distancias antes del descanso. Ya en el segundo tiempo, el delantero brasileño empató 2-2 aprovechando un error de Nando. El defensa sevillano no se entendió con Jaro en una salida del portero y dejó que un pícaro y habilidoso Bebeto le ganara la posición en carrera y se hiciese con la pelota para batir la meta madridista a puerta vacía. Y en el minuto 82, el polémico 3-2. Bebeto centró un balón desde la derecha dirigido a nuestro ex Adolfo Aldana, en clarísimo fuera de juego. El asistente levantó la bandera señalando la posición antirreglamentaria pero, con la pelota en el aire, Ricardo Rocha cabeceó el balón intentando despejar el esférico. Pero lo que hizo es alojarlo en nuestra portería. Era el tercer autogol de Rocha con la camiseta merengue, algo que parecía de maleficio.

Por unas cosas o por otras, lo cierto es que una y otra vez surgían informaciones y rumores acerca de que Benito Floro no deseaba la continuidad de Rocha en el equipo. Incluso se paralizó una supuesta oferta de renovación que Ramón Mendoza le habría propuesto al jugador antes de que el técnico asturiano llegara al Madrid. En diciembre de 1992, los medios de comunicación apuntaban a una inminente salida de Rocha del Real Madrid en el mercado invernal. Al parecer, el Madrid se había interesado por otro brasileño, Raí Souza Vieira de Oliveira, Raíque acababa de ganar la Copa Intercontinental con el Sao Paulo doblegando al Barcelona. Con las limitaciones del cupo de extranjeros por plantilla, si realmente se quería fichar a Raí había que dejar una plaza de extranjero libre y Floro tenía claro que esa plaza era la de Rocha. Fue por aquella época cuando se hizo muy popular en las gradas del Bernabéu el grito de "Rocha se queda, Rocha no se vende". El jugador había calado con su entrega y profesionalidad entre gran parte de la afición

Finalmente Rocha no se marchó en aquel mercado invernal. Raí nunca llegó al Santiago Bernabéu y terminaría recalando en el Paris Saint-Germain. Sin embargo, y pese a que semana tras semana muchos aficionados mostraban su apoyo al jugador, parecía evidente que aquella temporada 1992-93 sería la última de Rocha como jugador blanco. Era un secreto a voces.
  
"Rocha. Un adiós prolongado", era el título de una entrevista que publicó Don Balón con el jugador y en la que quedaba claro y sin tapujos que la continuidad en el equipo era más que improbable. "Creo que Floro ha sido sincero conmigo, que no ha intentado hacerme daño, pero él también ha comprendido que no puedo esperar tanto tiempo para conocer mi futuro. La verdad es que está un poco difícil que me quede en el club", contaba el jugador al periodista Juan Carlos Casas. No obstante, el defensa garantizaba que se iba a entregar a tope hasta el día en el que finalizara su etapa en el Bernabéu. "Voy a seguir jugando a muerte los meses de contrato que me quedan en el Real Madrid porque no entendería que hiciera lo contrario. Mi interés es jugar y jugar bien porque la selección de Brasil sigue siendo un objetivo importante para mí. Quiero cumplir con dignidad esta etapa final en Madrid", confesaba Rocha.

Por cierto, en aquella misma entrevista se le mencionaba el infortunio ante su propia portería con aquellos tres autogoles. "Me parece injusto que me ocurran estas cosas, pero creo que le pueden pasar a cualquier jugador. Nunca me había pasado, en toda mi carrera deportiva, pero mi fuerza interior ha conseguido que me recupere de los tres tantos que he marcado en propia portería. Los he olvidado pero sé su importancia porque ayudaron a perder una Liga, a quedar eliminados de la Copa de la UEFA y a no sumar un punto en La Coruña. Pero estoy mentalmente recuperado de estas circunstancias tan adversas porque sé que lo positivo es mirar hacia adelante para que el futuro sea mejor", argumentaba el defensa brasileño.

En las postrimerías de la temporada, en junio de 1993, de nuevo Don Balón publicaba un reportaje sobre Ricardo Rocha que casi podía utilizarse como epitafio y resumen de su paso por el Real Madrid. "El defensa madridista regresará a su país la próxima temporada dejando tras de sí una espléndida hoja de servicios en sus dos años como jugador blanco. Suerte es lo único que le ha faltado al brasileño para triunfar plenamente en el fútbol español. Ni sus desafortunados goles en propia puerta pueden empañar, sin embargo, la excelente labor del zaguero, piedra angular de la defensa madridista durante estos dos años. Marcador central nato, aunque últimamente Floro lo haya utilizado como lateral izquierdo, Rocha es la seguridad personificada. Siempre atento y bien situado, es un auténtico sabueso capaz de amargarle la vida al delantero más peligroso. Sabe escapar de cualquier situación con el balón controlado y cumple su labor con seriedad germana sin complicarse la vida. Un defensa, en definitiva, completo y eficaz", escribían en la revista.

El último partido

El miércoles 16 de junio de 1993, cuatro días antes del desenlace de la Liga, otra vez en Tenerife, el Real Madrid jugaba en el Nou Camp la vuelta de las semifinales de Copa del Rey. La ida, en el Bernabéu, había concluido 1-1, así que tocaba resolver en Barcelona quién lograba el pase a la Final

En el primer minuto de juego, nada más arrancar el partido, Ricardo Rocha vio la primera tarjeta amarilla. En el minuto 24 Míchel adelantaba al Madrid con un lanzamiento desde los once metros por penalti cometido sobre Alfonso. Con 0-1, el Real Madrid se quedó con diez. Era el minuto 33 de la primera parte. Rocha realizó una entrada sobre Stoichkov en la que tocó claramente balón pero el colegiado, Andújar Oliver, señaló falta y le sacó tarjeta al defensa brasileño. La segunda. Rocha abandonaba el terreno de juego expulsado... Y aquella fue la última imagen de Ricardo Rocha como madridista. No volvió a jugar con la camiseta blanca. El Real Madrid, con diez, consiguió ponerse 0-2 con un gol de Zamorano en las postrimerías a pase de Luis Enrique. Laudrup recortó distancias en el minuto 87, pero el Madrid, con un jugador menos, consiguió ganar en el Nou Camp y logró el pase a la Final de la Copa del Rey.

El triunfo en Barcelona era un soplo de optimismo de cara al partido con el que finalizaría la semana. El domingo 20 de junio el Real Madrid volvía a jugarse la Liga en Tenerife, como un año antes. Rocha no jugó aquel partido por lesión. Ya en el partido de Barcelona, antes de su expulsión, quedó tendido sobre el césped unos minutos requiriendo las atenciones médicas. El defensa sufría una rotura de fibras en el gemelo interno de su pierna derecha. Además de la lesión que le impediría jugar en Tenerife en el último partido de Liga, la tarjeta roja que había visto en Barcelona le acarreaba sanción de cara a la Final de Copa del Rey. Y como parecía un secreto a voces que no iba a renovar como jugador del Real Madrid, todo apuntaba a que no se volvería a enfundar la camiseta blanca.

En su segunda temporada como merengue, 1992-93, Ricardo Rocha jugó 40 partidos oficiales, 31 de Liga, 5 de Copa del Rey y 4 de Copa de la UEFA

No hace falta entrar en detalles sobre cómo acabó lo de Tenerife. El Real Madrid volvió a tropezar en la isla y por segundo año consecutivo dejó escapar la Liga. Los títulos seguían esquivando al Madrid. Al menos se ganó en Valencia la Final de la Copa del Rey. 2-0 frente al Zaragoza con goles de Butragueño y Mikel Lasa que dejaban al Madrid como Campeón de Copa

Al menos, Rocha se pudo marchar con un título debajo del brazo. Su único título como madridista. El 30 de junio de 1993 expiraba su contrato como jugador blanco y se confirmaban todos los rumores que se habían escuchado a lo largo de los últimos meses. Según algunas informaciones, se le llegó a ofrecer a última hora una propuesta de renovación por una temporada, pero como cuarto o quinto extranjero. Benito Floro le comunicó al jugador que las posibilidades de jugar la temporada siguiente iban a ser mínimas. "Mi continuidad es muy difícil. No tengo ninguna garantía de poder jugar", confesaba el jugador. No siguió. Ricardo Rocha puso punto y final a su etapa en el Real Madrid y en el fútbol europeo aquel verano de 1993.

En total, Ricardo Roberto Barreto da Rocha jugó 88 partidos oficiales con la camiseta del Real Madrid. 67 de Liga, 8 de Copa del Rey y 13 de Copa de la UEFA. Ganó una Copa del Rey como jugador blanco.

Tras el Madrid 

Volvió a Brasil para jugar en el Santos. Posteriormente recaló en el Vasco de Gama. En su país siguió rindiendo a buen nivel y siguió contando para el combinado nacional con la cita mundialista en el horizonte. Efectivamente, en el año 1994 formó parte de la Selección de Brasil que se hizo con el título de Campeona del Mundo en Estados Unidos. Ricardo Rocha tenía casi 32 años. Jugó un partido, el primero de su selección en aquel Mundial. Lo hizo, además, de titular. Un Brasil-Rusia que concluyó con triunfo de La Canarinha por 2-0. Sin embargo, una lesión muscular en su pierna izquierda le impidió seguir jugando. Aun así, le quedó la satisfacción de convertirse en Campeón del Mundo en aquella cita.

En el año 1996 vistió la camiseta del Olaria. Después pasó por el Fluminense y en 1997 recaló en Argentina para jugar en el Newell's Old Boys. En 1998, con 36 años, puso punto y final a su longeva carrera como futbolista profesional en el Flamengo. Tras su retirada llegó a ejercer como entrenador en equipos de su país como el Santa Cruz o el Clube de Regatas Brasil. También ha seguido ligado al mundo del fútbol a través de empresas de eventos deportivos. Actualmente es comentarista del canal de televisión por satélite de deportes brasileño SporTV.

Epílogo

Guardo muy buenos recuerdos de Ricardo Rocha como futbolista, a nivel individual. No me parece justo que se le recuerde sólo por aquellos autogoles con el Torino y el Tenerife. Sinceramente, creo que fue un jugador que nos dio más de lo que nos quitó. Si el Real Madrid llegó lejos en aquellas competiciones fue precisamente por la aportación de Ricardo Rocha al equipo. Sin embargo, por desgracia, soy consciente de que el recuerdo de Rocha quedará por siempre ligado al de aquellos tres goles en propia puerta. En el mundo del fútbol, los errores de porteros y defensas suelen ser más recordados que los de los delanteros...

No fueron buenos tiempos para el Madrid los que le tocó vivir al brasileño. Los noventa fueron años muy duros... Pero el jugador cumplió de sobra. Desde 'Historias del Real Madrid' quiero reivindicar la figura de este futbolista que hace ahora 25 años se estaba dejando la piel defendiendo, en este caso además literalmente, la camiseta blanca. Ricardo Rocha.

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