martes, 30 de diciembre de 2014

LA COPA INTERCONTINENTAL DE 1998

Decidió Raúl con aquel famoso gol al Vasco de Gama

La conquista del Mundial de Clubes me llevó a recordar ayer en 'Historias del Real Madrid' la Triple Corona del año 2002. Lógicamente, ahora me toca echar la vista un poco más atrás y rememorar la Copa Intercontinental de 1998.

Mencionaba ayer el hecho de que, al disputarse en Japón, la Copa Intercontinental se jugaba en un horario muy poco propicio para ver fútbol. Aún recuerdo a mi padre programando el vídeo en el año 1992 para grabar a su Barcelona con el Sao Paulo porque el duelo se jugaba a las tantas de la madrugada, hora española.

Bueno, pues resulta que en el año 1998, la Final entre el Real Madrid y el Vasco de Gama se jugó, atención, el martes 1 de diciembre a las 11.00 horas de la mañana. Ni que decir tiene que el día era laborable y que el partido no lo vi porque... me pilló en clase.

Sin embargo, aquel año habíamos ganado la Séptima Copa de Europa en Ámsterdam, lo que nos había abierto las puertas para disputar esta Copa Intercontinental. Había opciones de sumar un nuevo título y los nervios no me iban a permitir concentrarme en lo que decía el profesor sin tener noticias del partido. Después de tantos años viendo con envidia cómo otros equipos se coronaban como campeones intercontinentales, por fin llegaba la oportunidad de ver al Real Madrid levantando el trofeo.

Recuerdo que yo me sentaba a la izquierda del aula, junto a las ventanas. ¿Qué hice para seguir el partido? Pues lo que supongo que muchos madridistas hicieron aquella mañana. Seguir el encuentro por la radio. Sí, quizás lo más lógico hubiese sido haber hecho 'pira' y haberme saltado la clase, que seguro que también fue lo que hicieron muchos aficionados del Madrid en la misma situación que yo. Me consta que se comentó mucho aquel día sobre las repentinas ausencias que hubo aquel martes en muchos puestos de trabajo.

El caso es que yo me coloqué la radio debajo del pupitre y deslicé dentro de la ropa el cables de los cascos, colocándome sólo el auricular izquierdo, para que no se notara tanto. Los compañeros que tenía delante y detrás ya sabían que estaba escuchando el partido, así que con disimulo y por lo bajo me iban pidiendo que les informara de la marcha del encuentro.

Encuentro que empezó bastante bien, por cierto. Entrenaba todavía Guus Hiddink a aquel Madrid de la temporada 1998-99. Y a los 25 minutos de partido, llegó el primer gol. Roberto Carlos entró por la izquierda con su habitual velocidad y, sin llegar a entrar en el área, lanzó un tremendo disparo que un defensor brasileño envió a su propia portería. Gol y el Real Madrid por delante en el marcador. Por supuesto, no grité el gol, en medio de la clase, faltaría más. Pero recuerdo la enorme satisfacción que me entró y aquella extraña sensación por tener que contenerme cuando el cuerpo me pedía que me levantara y gritase 'gol' a pleno pulmón.

Recuerdo que nos marchamos al descanso ganando con aquel gol. Sin embargo, la renta era corta y en cualquier momento las cosas podían torcerse. Y así ocurrió. Tras la reanudación y el cambio de asignatura, en la siguiente hora, llegó el gol del empate del Vasco de Gama. Los viejos fantasmas volvían a la carga. El 'Síndrome del Transworld Sport' se apoderó de mí y me llegué a concienciar de que íbamos a perder el partido.

El Aguanís

Estábamos ya alcanzando la recta final y, en el mejor de los casos, iríamos a la prórroga. Pero, no. No hizo falta. Supongo que ya recordáis todos lo que sucedió. Lo que hizo Raúl, vaya. Seguramente fue su mejor gol o, al menos, el más mediático. Llegó a bautizarlo y todo. El Gol del Aguanís, lo llamó.

No sé cuántas veces lo habré visto ya. Pero, claro, en el momento del gol... yo no estaba viendo la televisión. ¡Estaba escuchando la radio! Os podéis imaginar cómo se me puso el corazón mientras, siguiendo la narración radiofónica, me imaginaba el pase largo de Clarence Seedorf, a Raúl recogiendo el balón justo en la raya del área, al propio Raúl recortando y dejando, literalmente, sentado de culo al defensor que le cubría. Raúl controló el balón mientras otro defensa del Vasco de Gama corría como una flecha hacia él para tratar de frenarle, pero con un rápido toque técnico logra burlar al segundo defensa y se escora a la derecha para buscar el disparo ajustado al palo. A todo esto, otros dos defensas corrían hacia su área para tratar de arreglar el desaguisado que el 7 blanco estaba montando en las inmediaciones de la portería brasileña. Pero Raúl tiró un balón perfectamente medido que superó la estirada del guardameta rival. E, insisto, toda esta jugada, siendo seguida por la radio, sin poder verla.

Aquello ya fue demasiado. Tras ver el encuentro perdido, con aquel pesimismo mío que se había forjado después de tantos años de decepciones en competiciones internacionales, todo cambió en apenas unos segundos. Raúl había marcado el 2-1 favorable al Real Madrid. Recuerdo que cerré los puños y cerré los ojos, apreté los dientes y ahí sí que tuve que hacer un esfuerzo titánico para no tirar la mesa y ponerme a gritar como 'un desjuiciado', que hubiese dicho mi abuela.

Era el minuto 83. Sólo faltaba aguantar un poco más y el Real Madrid se proclamaría Campeón de la Copa Intercontinental 38 años después de su primer título en la competición. Y se aguantó. No me lo podía creer. ¡Campeones de nuevo!

Ni que decir tiene que Raúl fue elegido jugador del partido y fue galardonado con un coche de la marca japonesa Toyota, que era el patrocinador de la competición. De hecho, el nombre comercial del trofeo era ese, precisamente, Copa Toyota. De ahí las imágenes que seguro muchos recordarán del ariete madridista subido a un vehículo con una llave gigante con el logotipo de la marca nipona. Con motivo de ese patrocinio, también, se entregaban dos trofeos al equipo vencedor. Manolo Sanchís levantó el de la FIFA, la Copa Intercontinental de toda la vida, y Fernando Hierro alzó el que concedía la marca automovilística.

Y todo aquello un martes, día laboral, por la mañana. La mañana del 1 de diciembre de 1998. Así conquistó el Real Madrid su segunda Copa Intercontinental y así viví yo la primera 'mía'.

Por la noche, en horario más acorde a nuestros ritmos de vida, el partido se emitió en diferido por televisión y lo pude disfrutar, además, con la ventaja de saber que la película terminaba con un final feliz.

REAL MADRID: Illgner, Panucci, Sanchís, Sanz, Roberto Carlos, Hierro, Redondo, Seedorf, Savio (Suker, 89’), Raúl, Mijatovic (Jarni, 86’).

VASCO DA GAMA: Carlos Germano, Wágner (Vítor, 75’), Odvan, Mauro Galvão, Felipe, Nasa, Luizinho (Guilherme, 85’), Juninho, Ramón (Válber, 88’), Donizete, Luizão.

GOLES:
1-0 min. 25 Roberto Carlos (con la colaboración de un rival)
1-1 min. 56 Juninho
2.1 min. 83 Raúl

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